/ lunes 3 de mayo de 2021

Carretera Panamericana

Resulta que hay quienes sí deben cumplir las orden judiciales y quienes no.

En 2015, cuando fui director del IMSS, pasé más de 1 año acudiendo personalmente, una vez por semana, a un juzgado de la ciudad de Celaya, para llevar la documentación que comprobara que todos los pacientes del programa de hemodiálisis (aproximadamente 40) estaban acudiendo a sus ciclos, luego de un fallo judicial por una demanda civil contra la delegación del IMSS (no en mi contra, pero quien terminó pagando los platos rotos fui yo al ser el directivo de más alto rango de la zona de Acámbaro). Mi “prisión domiciliaria”, por así llamarle, duró poco menos de dos años, pero a mí me pareció una eternidad.

Hoy se pretende que el poder judicial quede subordinado al poder legislativo con la extensión del mandato del ministro presidente de la SCJN, y así poder desacatar los fallos judiciales, pero ese tema será abordado luego.

Tal vez por eso, a pesar de los juicios de amparo de cientos de compañeros y de la presión del sindicato del IMSS, continúan sin completarnos a todos los trabajadores el esquema de vacunación contra el COVID 19, poniéndonos trabas de lo más absurdas, como hacernos circular ya de madrugada por un tramo carretero considerado uno de los más peligrosos de México: el tramo de la carretera Panamericana que atraviesa el estado de Guanajuato.

La Embajada de Estados Unidos ya prohibió a sus empleados viajar a Guanajuato, principalmente al sur de la carretera 45D, en el segmento que va de Celaya (la ciudad más peligrosa del mundo), a Salamanca e Irapuato, que está plagado de estrellas ponchallantas e incluso minas explosivas.

Por eso, ya nada me sorprende. Ahora estoy esperando que la cede para nuestra segunda dosis de vacuna a los que nos negamos a viajar sin pliego de comisión, fuera de nuestro horario laboral por 8 horas hasta León, sea en Aguililla Michoacán, donde hay un tramo igual de intransitable y peligroso que rumbo a León.

Digo, si se trata de hacerla difícil y ponernos en riesgo, porque no en vez de enviarnos de madrugada por el berenjenal de Celaya a Salamanca e Irapuato, nos envían un poco más cerca, a Apatzingán, Michoacán. El riesgo es el mismo, pero por lo menos hay un tramo muy bueno de autopista y libre de estrellas pincha llantas desde Zinapécuaro hasta Cuatro Caminos, por la moderna autopista que lleva a Lázaro Cárdenas. Ojalá alguno de los servidores de la nación descargue en su celular el Google Maps para que ubique donde está Acámbaro.

Así llevamos ya cientos de trabajadores de la salud, esperando la segunda dosis de la vacuna Pfizer, a pesar que pasó el tiempo recomendado por la OMS para conservar su efectividad. Incluso a muchos de nosotros nos va a llegar primero la vacuna por la edad, que por ser médicos de institución pública, ya con las agendas de pacientes al tope y en primera línea de COVID vía el servicio de quirófano y urgencias.

Vemos con tristeza, cómo hay empresas que cuidan de sus trabajadores (sobre todo las extranjeras), y otras que pareciera que quieren deshacerse de ellos. Pero como dice el dicho: amor con amor se paga.

Resulta que hay quienes sí deben cumplir las orden judiciales y quienes no.

En 2015, cuando fui director del IMSS, pasé más de 1 año acudiendo personalmente, una vez por semana, a un juzgado de la ciudad de Celaya, para llevar la documentación que comprobara que todos los pacientes del programa de hemodiálisis (aproximadamente 40) estaban acudiendo a sus ciclos, luego de un fallo judicial por una demanda civil contra la delegación del IMSS (no en mi contra, pero quien terminó pagando los platos rotos fui yo al ser el directivo de más alto rango de la zona de Acámbaro). Mi “prisión domiciliaria”, por así llamarle, duró poco menos de dos años, pero a mí me pareció una eternidad.

Hoy se pretende que el poder judicial quede subordinado al poder legislativo con la extensión del mandato del ministro presidente de la SCJN, y así poder desacatar los fallos judiciales, pero ese tema será abordado luego.

Tal vez por eso, a pesar de los juicios de amparo de cientos de compañeros y de la presión del sindicato del IMSS, continúan sin completarnos a todos los trabajadores el esquema de vacunación contra el COVID 19, poniéndonos trabas de lo más absurdas, como hacernos circular ya de madrugada por un tramo carretero considerado uno de los más peligrosos de México: el tramo de la carretera Panamericana que atraviesa el estado de Guanajuato.

La Embajada de Estados Unidos ya prohibió a sus empleados viajar a Guanajuato, principalmente al sur de la carretera 45D, en el segmento que va de Celaya (la ciudad más peligrosa del mundo), a Salamanca e Irapuato, que está plagado de estrellas ponchallantas e incluso minas explosivas.

Por eso, ya nada me sorprende. Ahora estoy esperando que la cede para nuestra segunda dosis de vacuna a los que nos negamos a viajar sin pliego de comisión, fuera de nuestro horario laboral por 8 horas hasta León, sea en Aguililla Michoacán, donde hay un tramo igual de intransitable y peligroso que rumbo a León.

Digo, si se trata de hacerla difícil y ponernos en riesgo, porque no en vez de enviarnos de madrugada por el berenjenal de Celaya a Salamanca e Irapuato, nos envían un poco más cerca, a Apatzingán, Michoacán. El riesgo es el mismo, pero por lo menos hay un tramo muy bueno de autopista y libre de estrellas pincha llantas desde Zinapécuaro hasta Cuatro Caminos, por la moderna autopista que lleva a Lázaro Cárdenas. Ojalá alguno de los servidores de la nación descargue en su celular el Google Maps para que ubique donde está Acámbaro.

Así llevamos ya cientos de trabajadores de la salud, esperando la segunda dosis de la vacuna Pfizer, a pesar que pasó el tiempo recomendado por la OMS para conservar su efectividad. Incluso a muchos de nosotros nos va a llegar primero la vacuna por la edad, que por ser médicos de institución pública, ya con las agendas de pacientes al tope y en primera línea de COVID vía el servicio de quirófano y urgencias.

Vemos con tristeza, cómo hay empresas que cuidan de sus trabajadores (sobre todo las extranjeras), y otras que pareciera que quieren deshacerse de ellos. Pero como dice el dicho: amor con amor se paga.