/ martes 9 de abril de 2019

Charlas           

El Alma Gemela

… con una vivencia

Cuando tengo problemillas que me agobian, me pongo de mal humor y se me bajan los ánimos. Muy de vez en vez, cuando me siento así, mi cuerpo me reclama, me provoca sudoración y me dan ganas de dormir lo que nunca debo permitir, por instrucciones médicas, por ser riesgoso. Cierro los ojos, dormito pero consciente, tomo y como algo, por instrucciones también médicas y al rato vuelvo a la normalidad. ¿ Ta´bien?

Me acaba de suceder en mi trabajo, pero con una nueva experiencia: al abrir los ojos de mi dormilona, me encuentro frente a mí a una persona que me parececonocida sin recordar su nombre.

- ¿Te sientes mal? me pregunta. No atino a contestar. Tal vez no te acuerdes de mí, soy tu tocayo –me informa- estuvimos juntos en el Colegio Garibay… hacemucho que no nos vemos para platicar…

- Tu cara me es conocida… pero no, ya estoy bien… he tenido algunos problemillas que me traen de capa caída…

-¡Animo! ¡Tanto tiempo ido, sin platicarlo!... la vivencias con el profesor Arredondo, Salvador Vega, Juan Márquez –me invita a recordar- ¿Te acuerdas cuando la madre Federica nos llevó a cazar güilotas por los rumbos de la Luz, rumbo a Salvatierra?

Vino a mi mente aquel escenario. La madre Federica le decíamos al alumno Federico Pérez, secretario del director. La hacía a veces de prefecto y se sentía la mamá de Tarzán, tal vez por eso el mote. Ese día nos llevó a pié muchos kilómetros y nos levantaba cuando nos sentábamos de cansancio ¡adelante! nos decía el muy canijo y así nos trajo por horas, unas de ida y otras de venida. Nosotros con rifle de munición y resorteras y él con una escopeta chis-cuas.

¡Chis- cuas!... así les decían a esas armas de chispa y pólvora, como aquellas de los descubridores de América. Se cargaban de pólvora y municiones por la boca del cañón, con una baqueta se asentaba el material por el mismo cañón hasta dejarlo compacto, después se le añadía estiércol, el que abundaba por aquellos caminos de herradura, se volvía a asentar hasta dejar una mezcla dura como tapón, al detonador se le ponía un fulminante que cuando era golpeado por el percusor del gatillo… ¡Chis-cuas! hacía explosión, se incendiaba la pólvora y ¡JUÍMONOS!, a matar aves infelices e inocentes.

-¡Cómo no lo voy a recordar! –le dije más animado, con una sonrisa franca.

-¿Y te acuerdas, ya en la prepa, cuando hacíamos días de campo con las muchachas nuestras compañeras y paseos con los maestros?

-¡P´os como crees que eso se me puede olvidar! -le contesto alegre- el río de la Laja en Rinconcillo, allá por Comonfort, saboreando con mi cuñado Javier, que era el Director de la escuela y los maestros Perusquía, Ledesma, Arriaga y otros igual de jaladores, saboreando, digo, los exquisitos chivos al pastor de Apaseo y los paseos a las compuertas con nuestras compañeras ¿te acuerdas de Carmelita? ¡qué bonita era! Tere y Ofelia… ¡bien rechulas y entronas sin permitir irrespetuosidades! ¿quién no se divierte y a quien se le olvidan esos momentos? - festejamos…

-Oye Carlos, me dice mi amigo a quien no acabo de reconocer con precisión, ¿Te acuerdas del Baile en los patios y canchas de la Universidad, allá en Guanajuato,cuando fue Tere tu novia, hoy tu esposa, acompañada de la familia Suárez?

-¡Qué relajo de baile! –exclamo con énfasis- que gentío, no cabía un alfiler más, había dos orquestas una en parte inferior y otra en la parte alta y cuando querías cambiar de orquesta, toda una tanda te la ibas bailando en los escalones, era el tiempo que tardabas en subir o bajar y de vez en vez quietos en un abrazo fijo, en cualquier escalón, sin nada que te importara…

-¿Te acuerdas que al día siguiente nos vimos en la Presa de la Olla? –me dice ya en plática entusiasta.

Con esta pregunta su físico se me hace más conocido. Los recuerdos y la nostalgia me imprimen alegría, la visita a la cortina de la presa se hace presente. Mi Tocayo continúa cada vez más jacarandoso…

-Te ví de lejos en el homenaje que te hizo la Universidad en Guanajuato, fuiste con toda tu familia… padre el evento, ¿no?

-¡Seguro, hombre! mayor distinción no he tenido jamás, me sentí orgulloso con mi familia, todos ellos se sintieron también orgullosos del homenaje! Muchaalegría, muchas bendiciones de Dios, mi familia, mi gran familia, los ratos hermosos que hemos pasado juntos, nuestro 66 aniversario de bodas, mis hijos, mis nietos, mis bisnietos, mis amigos… todos alrededor. ¡Gracias Dios!

-Oye Carlos –me dice mi amigo- ¿y qué era lo que traía pensativo? Te escucho…

No supe contestar. Se me habían olvidado mis problemas con los recuerdos tan hermosos de mi vida, mi familia, mis amigos… en eso pensaba yo, cuando oigolas notas de un organillero que entra a mi oficina guiado por mi hijo Carlos.

-Te traje música Fá –me dice mi Güero- ¿cuál quieres?. No saludó a nadie, estaba yo solo…

Entonces comprendí, mi amigo era mi propia alma que había tomado la fisonomía de aquel Carlos que nunca pude recordar, pero sí finalmente identificar, quien me hizo feliz. Comprendí la lección: debemos hablar con frecuencia con nosotros mismos y apachurrar, eliminar, exterminar los malos momentos con los recuerdos bellos de nuestra vida que nos hacen felices, los que, te aseguro, son muchísimos más de los que nos pueden robar esa felicidad.

Y si coronas tus recuerdos con la música que quieres, ¿para qué más? Gracias Güero…

Mi correo: abuelitocarlos@hotmail.com

Si Dios lo permite, nos encontraremos el próximo martes

El Alma Gemela

… con una vivencia

Cuando tengo problemillas que me agobian, me pongo de mal humor y se me bajan los ánimos. Muy de vez en vez, cuando me siento así, mi cuerpo me reclama, me provoca sudoración y me dan ganas de dormir lo que nunca debo permitir, por instrucciones médicas, por ser riesgoso. Cierro los ojos, dormito pero consciente, tomo y como algo, por instrucciones también médicas y al rato vuelvo a la normalidad. ¿ Ta´bien?

Me acaba de suceder en mi trabajo, pero con una nueva experiencia: al abrir los ojos de mi dormilona, me encuentro frente a mí a una persona que me parececonocida sin recordar su nombre.

- ¿Te sientes mal? me pregunta. No atino a contestar. Tal vez no te acuerdes de mí, soy tu tocayo –me informa- estuvimos juntos en el Colegio Garibay… hacemucho que no nos vemos para platicar…

- Tu cara me es conocida… pero no, ya estoy bien… he tenido algunos problemillas que me traen de capa caída…

-¡Animo! ¡Tanto tiempo ido, sin platicarlo!... la vivencias con el profesor Arredondo, Salvador Vega, Juan Márquez –me invita a recordar- ¿Te acuerdas cuando la madre Federica nos llevó a cazar güilotas por los rumbos de la Luz, rumbo a Salvatierra?

Vino a mi mente aquel escenario. La madre Federica le decíamos al alumno Federico Pérez, secretario del director. La hacía a veces de prefecto y se sentía la mamá de Tarzán, tal vez por eso el mote. Ese día nos llevó a pié muchos kilómetros y nos levantaba cuando nos sentábamos de cansancio ¡adelante! nos decía el muy canijo y así nos trajo por horas, unas de ida y otras de venida. Nosotros con rifle de munición y resorteras y él con una escopeta chis-cuas.

¡Chis- cuas!... así les decían a esas armas de chispa y pólvora, como aquellas de los descubridores de América. Se cargaban de pólvora y municiones por la boca del cañón, con una baqueta se asentaba el material por el mismo cañón hasta dejarlo compacto, después se le añadía estiércol, el que abundaba por aquellos caminos de herradura, se volvía a asentar hasta dejar una mezcla dura como tapón, al detonador se le ponía un fulminante que cuando era golpeado por el percusor del gatillo… ¡Chis-cuas! hacía explosión, se incendiaba la pólvora y ¡JUÍMONOS!, a matar aves infelices e inocentes.

-¡Cómo no lo voy a recordar! –le dije más animado, con una sonrisa franca.

-¿Y te acuerdas, ya en la prepa, cuando hacíamos días de campo con las muchachas nuestras compañeras y paseos con los maestros?

-¡P´os como crees que eso se me puede olvidar! -le contesto alegre- el río de la Laja en Rinconcillo, allá por Comonfort, saboreando con mi cuñado Javier, que era el Director de la escuela y los maestros Perusquía, Ledesma, Arriaga y otros igual de jaladores, saboreando, digo, los exquisitos chivos al pastor de Apaseo y los paseos a las compuertas con nuestras compañeras ¿te acuerdas de Carmelita? ¡qué bonita era! Tere y Ofelia… ¡bien rechulas y entronas sin permitir irrespetuosidades! ¿quién no se divierte y a quien se le olvidan esos momentos? - festejamos…

-Oye Carlos, me dice mi amigo a quien no acabo de reconocer con precisión, ¿Te acuerdas del Baile en los patios y canchas de la Universidad, allá en Guanajuato,cuando fue Tere tu novia, hoy tu esposa, acompañada de la familia Suárez?

-¡Qué relajo de baile! –exclamo con énfasis- que gentío, no cabía un alfiler más, había dos orquestas una en parte inferior y otra en la parte alta y cuando querías cambiar de orquesta, toda una tanda te la ibas bailando en los escalones, era el tiempo que tardabas en subir o bajar y de vez en vez quietos en un abrazo fijo, en cualquier escalón, sin nada que te importara…

-¿Te acuerdas que al día siguiente nos vimos en la Presa de la Olla? –me dice ya en plática entusiasta.

Con esta pregunta su físico se me hace más conocido. Los recuerdos y la nostalgia me imprimen alegría, la visita a la cortina de la presa se hace presente. Mi Tocayo continúa cada vez más jacarandoso…

-Te ví de lejos en el homenaje que te hizo la Universidad en Guanajuato, fuiste con toda tu familia… padre el evento, ¿no?

-¡Seguro, hombre! mayor distinción no he tenido jamás, me sentí orgulloso con mi familia, todos ellos se sintieron también orgullosos del homenaje! Muchaalegría, muchas bendiciones de Dios, mi familia, mi gran familia, los ratos hermosos que hemos pasado juntos, nuestro 66 aniversario de bodas, mis hijos, mis nietos, mis bisnietos, mis amigos… todos alrededor. ¡Gracias Dios!

-Oye Carlos –me dice mi amigo- ¿y qué era lo que traía pensativo? Te escucho…

No supe contestar. Se me habían olvidado mis problemas con los recuerdos tan hermosos de mi vida, mi familia, mis amigos… en eso pensaba yo, cuando oigolas notas de un organillero que entra a mi oficina guiado por mi hijo Carlos.

-Te traje música Fá –me dice mi Güero- ¿cuál quieres?. No saludó a nadie, estaba yo solo…

Entonces comprendí, mi amigo era mi propia alma que había tomado la fisonomía de aquel Carlos que nunca pude recordar, pero sí finalmente identificar, quien me hizo feliz. Comprendí la lección: debemos hablar con frecuencia con nosotros mismos y apachurrar, eliminar, exterminar los malos momentos con los recuerdos bellos de nuestra vida que nos hacen felices, los que, te aseguro, son muchísimos más de los que nos pueden robar esa felicidad.

Y si coronas tus recuerdos con la música que quieres, ¿para qué más? Gracias Güero…

Mi correo: abuelitocarlos@hotmail.com

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