/ domingo 15 de agosto de 2021

¿Conquistados? Hoy De Qué Vale

La historia de nuestro Pueblo, es no sólo un tema consignado en un texto, o de manera oral, para recordar hechos significativos. Es un proceso que ha ido asentando nuestras vidas, y por supuesto, puede visualizar nuestro futuro.

En sentido laxo, podemos decir que dicho proceso, es una sucesión y enlace de hechos, circunstancias y momentos que transcurren por el solo paso del tiempo, con causa y efecto. La relevancia para algunos, será cuando se trata del ser humano, sin embargo, al igual la naturaleza, por ejemplo, vive ese proceso desde su propio ámbito.

Luego, la conquista del Anáhuac, (Valle del mismo nombre, o Mesoamérica, así reconocido en la literatura histórica, para referir diversos pueblos originarios), por los españoles, hace en redondo 500 años, fue un proceso histórico. Tuvo que ser violento, esa era y es la tesitura de tales sucesos, en razón de que excepcionalmente, puede haber un sometimiento pasivo y/o pacífico o acordado, por algún Pueblo, que no oponga, por alguna causa, resistencia alguna.

Como es normal en cualquier proceso como el referido, hay vencedores y vencidos, entre esos, al igual hay posturas en varios grados: aceptación, oposición, indiferencia o tolerancia, y un sinfín de reacciones subjetivas. Pero, el hecho fue de cualquier manera, consumado.

Salir ahora con que no fuimos conquistados, que resistimos en oposición, en rebeldía –que incluso, algunos cuantos, siguen en oposición y resistencia y salen disfrazados con vestiduras a la usanza indígena mexicana, lo que es su derecho- resulta francamente, pueril. Y contradictorio a una naturaleza social humana y más aún, mexicana: No hay mucha capacidad de resistencia civil, y las más notorias han sido dos, con sus particularidades: Guerra de independencia y Revolución Mexicana, con todos los sucesos intermedios, al igual de relevancia, pero de menos efecto. Nos destacamos por aguantar, que no es lo mismo que estar en una resistencia organizada, combativa, real en contra de nuestros opresores, que cierto es, se van transformando conforme lo exigen las circunstancias, y no son, aunque así quieren en su fuero interno, ser o de menos, parecer extranjeros, tales opresores inmersos en las cúpulas del poder.


Parte de esa problemática de identidad o falta de su definición, nos ha traído en jaque a la mayoría. El odio a lo español en particular, por las clases menos favorecidas o de ascendencia originaria –concepción también exagerada pues la antropología social, ha demostrado que al igual, algunos llamados “pueblos originarios”, también fueron conquistadores, sin quitar o menospreciar que, fueron tanto, o más crueles que los peninsulares españoles-.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¿Ser hoy, mexicano, que significa? ¿Cómo nos identificamos? En principio, el rencor ancestral en contra de los “conquistadores españoles” y sus colaboradores indígenas de Mesoamérica; debe ser analizado desde su contexto histórico, cuyo proceso está consumado, por más que se le atribuyan efectos actuales o actualizados. Una verdad: Los llamados pueblos originarios, no se identifican con el mexicano promedio, mestizo o de ascendencia próxima de extranjeros, porque el indígena ha sido y es discriminado, al tiempo que estos, no quieren nada que ver, es decir, al igual nos discriminan. No hay identidad, por más que el Presidente de México, se ponga ropas usuales de ceremonia de algún sector “originario”; y para colmo, exalta el divisionismo social y político. ¿También pedirá perdón, por sus deslices? Claro que no. Es un juego de política marrullera. Ni somos indígenas, ni criollos y menos, españoles. Esa pugna debe resolverse, aun ahora, con esa visión de la Raza de Bronce. Nos daría identidad propia, no “prestada” de la cultura “originaria”, en realidad a media simbiosis. Cuídense, que la tercera o cuarta ola de Pandemia, agarra fuerza, contrario a lo que opine el sector oficial.

La historia de nuestro Pueblo, es no sólo un tema consignado en un texto, o de manera oral, para recordar hechos significativos. Es un proceso que ha ido asentando nuestras vidas, y por supuesto, puede visualizar nuestro futuro.

En sentido laxo, podemos decir que dicho proceso, es una sucesión y enlace de hechos, circunstancias y momentos que transcurren por el solo paso del tiempo, con causa y efecto. La relevancia para algunos, será cuando se trata del ser humano, sin embargo, al igual la naturaleza, por ejemplo, vive ese proceso desde su propio ámbito.

Luego, la conquista del Anáhuac, (Valle del mismo nombre, o Mesoamérica, así reconocido en la literatura histórica, para referir diversos pueblos originarios), por los españoles, hace en redondo 500 años, fue un proceso histórico. Tuvo que ser violento, esa era y es la tesitura de tales sucesos, en razón de que excepcionalmente, puede haber un sometimiento pasivo y/o pacífico o acordado, por algún Pueblo, que no oponga, por alguna causa, resistencia alguna.

Como es normal en cualquier proceso como el referido, hay vencedores y vencidos, entre esos, al igual hay posturas en varios grados: aceptación, oposición, indiferencia o tolerancia, y un sinfín de reacciones subjetivas. Pero, el hecho fue de cualquier manera, consumado.

Salir ahora con que no fuimos conquistados, que resistimos en oposición, en rebeldía –que incluso, algunos cuantos, siguen en oposición y resistencia y salen disfrazados con vestiduras a la usanza indígena mexicana, lo que es su derecho- resulta francamente, pueril. Y contradictorio a una naturaleza social humana y más aún, mexicana: No hay mucha capacidad de resistencia civil, y las más notorias han sido dos, con sus particularidades: Guerra de independencia y Revolución Mexicana, con todos los sucesos intermedios, al igual de relevancia, pero de menos efecto. Nos destacamos por aguantar, que no es lo mismo que estar en una resistencia organizada, combativa, real en contra de nuestros opresores, que cierto es, se van transformando conforme lo exigen las circunstancias, y no son, aunque así quieren en su fuero interno, ser o de menos, parecer extranjeros, tales opresores inmersos en las cúpulas del poder.


Parte de esa problemática de identidad o falta de su definición, nos ha traído en jaque a la mayoría. El odio a lo español en particular, por las clases menos favorecidas o de ascendencia originaria –concepción también exagerada pues la antropología social, ha demostrado que al igual, algunos llamados “pueblos originarios”, también fueron conquistadores, sin quitar o menospreciar que, fueron tanto, o más crueles que los peninsulares españoles-.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¿Ser hoy, mexicano, que significa? ¿Cómo nos identificamos? En principio, el rencor ancestral en contra de los “conquistadores españoles” y sus colaboradores indígenas de Mesoamérica; debe ser analizado desde su contexto histórico, cuyo proceso está consumado, por más que se le atribuyan efectos actuales o actualizados. Una verdad: Los llamados pueblos originarios, no se identifican con el mexicano promedio, mestizo o de ascendencia próxima de extranjeros, porque el indígena ha sido y es discriminado, al tiempo que estos, no quieren nada que ver, es decir, al igual nos discriminan. No hay identidad, por más que el Presidente de México, se ponga ropas usuales de ceremonia de algún sector “originario”; y para colmo, exalta el divisionismo social y político. ¿También pedirá perdón, por sus deslices? Claro que no. Es un juego de política marrullera. Ni somos indígenas, ni criollos y menos, españoles. Esa pugna debe resolverse, aun ahora, con esa visión de la Raza de Bronce. Nos daría identidad propia, no “prestada” de la cultura “originaria”, en realidad a media simbiosis. Cuídense, que la tercera o cuarta ola de Pandemia, agarra fuerza, contrario a lo que opine el sector oficial.