/ lunes 4 de enero de 2021

Consejos 2021

La primera vez que fui a votar, lo hice por un tipo de botas y sombrero, solo para que sus hijastros vaciaran el petróleo de la nación.

La segunda ocasión, mi sufragio fue para un dipsómano que dejo el país convertido en un jardín de fosas clandestinas.

La tercera persona que ocupó el puesto (por quien por cierto no voté, como si lo había hecho por los anteriores y el que siguió), parecía ser un niño bien, tan bonito y con unas hijas tan guapas, que me costó trabajo comprender su cleptomanía. El jardín de fosas se extendió aún más.

El último que llegó nos dijo que estaba comprometido con todos, que más que un presidente sería una especie de Papa Noé, pero bastó que se sentara en la silla presidencial para que me hiciera perder por último toda mi esperanza en los políticos. De muertos, desaparecidos y fosas ni hablamos.

Mexicano, mejor quédate en casa. No bailes ni te maquilles para ellos. Vete al espejo, mírate la cara tú solo, que no te la vean. No valen la pena el esfuerzo de levantarte del sillón y caminar hasta una urna este año. Tan malos los pintos como los colorados.

En este 2021, aunque sea año electoral, chatea con tus amigos sin política de por medio y de vez en cuando, invítate una cerveza en soledad. Fúmate la pipa de la paz con el destino, préndele un cigarrillo a la vida y brinda en copa de cristal cortado con la muerte. Al final de cuentas el destino de todos los hombres, sabios o idiotas, ricos o pobres, ha sido el mismo desde el inicio de los tiempos. Si padecemos una pandemia, igual que un mal médico o un mal político, solo nos acorta el camino.

Ya no vivas con temor.

Por eso, este 2021 no creas ni en las predicciones de unos ni en las de otros, y se feliz hasta donde puedas. La vida se acabará igual, la única diferencia será la manera de vivirla.

La primera vez que fui a votar, lo hice por un tipo de botas y sombrero, solo para que sus hijastros vaciaran el petróleo de la nación.

La segunda ocasión, mi sufragio fue para un dipsómano que dejo el país convertido en un jardín de fosas clandestinas.

La tercera persona que ocupó el puesto (por quien por cierto no voté, como si lo había hecho por los anteriores y el que siguió), parecía ser un niño bien, tan bonito y con unas hijas tan guapas, que me costó trabajo comprender su cleptomanía. El jardín de fosas se extendió aún más.

El último que llegó nos dijo que estaba comprometido con todos, que más que un presidente sería una especie de Papa Noé, pero bastó que se sentara en la silla presidencial para que me hiciera perder por último toda mi esperanza en los políticos. De muertos, desaparecidos y fosas ni hablamos.

Mexicano, mejor quédate en casa. No bailes ni te maquilles para ellos. Vete al espejo, mírate la cara tú solo, que no te la vean. No valen la pena el esfuerzo de levantarte del sillón y caminar hasta una urna este año. Tan malos los pintos como los colorados.

En este 2021, aunque sea año electoral, chatea con tus amigos sin política de por medio y de vez en cuando, invítate una cerveza en soledad. Fúmate la pipa de la paz con el destino, préndele un cigarrillo a la vida y brinda en copa de cristal cortado con la muerte. Al final de cuentas el destino de todos los hombres, sabios o idiotas, ricos o pobres, ha sido el mismo desde el inicio de los tiempos. Si padecemos una pandemia, igual que un mal médico o un mal político, solo nos acorta el camino.

Ya no vivas con temor.

Por eso, este 2021 no creas ni en las predicciones de unos ni en las de otros, y se feliz hasta donde puedas. La vida se acabará igual, la única diferencia será la manera de vivirla.