/ lunes 25 de mayo de 2020

Cuando Falla la Geometría

De niño yo padecí, además de dislexia, discalculia, lo que me dificultaba dos cosas, la expresión oral y las matemáticas, entre estas, la geometría plana que se ocupa de objetos geométricos bidimensionales: puntos, líneas, curvas y varias figuras planas como círculos, triángulos y polígonos. Durante meses mojé la cama hasta que logré suplir estas carencias con una vocación innata a la lectura, la escritura y las artes en general.

Lugo descubrí la magia de los existencialistas y del realismo social ruso y me convertí en un escritor incómodo.

A veces me reprocho no ser más modosito en mis artículos y novelas para no ofender a ciertos grupos de poder y evitar reprimendas, pero no le he podido hacer. Desde universitario me metieron mis coscorrones por escribirles las consignas y panfletos a una casa del estudiante. A varios compañeros de lucha los desaparecieron, pero como yo era lo que hoy considera AMLO fifí (un alumno clasemediero en una universidad pública de corte marxista, a quien no sería tan fácil desaparecer como al hijo de un obrero o un campesino), nada más me dio en CISEN una acalambrada y me regresó de un toletazo en el trasero al aula. Ya luego Octavio Paz me curó lo marxista. Pero sentí que tarde o temprano debía cobrarme esa afrenta.

Cuando voté por Andrés Manuel, en parte lo hice por eso: todavía tenía coraje por mis amigos desaparecidos de la Casa del Estudiante, por el FOBAPROA, por los 43 de Ayotzinapa, por la guerra de Calderón contra el narcotráfico que nos tenía sumergidos en un baño de sangre, por Oceanografía y los hijastros de Fox, pero sobre todo, para que todo eso no se repitiera nunca más.

Sin embargo las cosas están peor ahora. Se siguen apañalando a hijos incómodos de políticos y hasta la geometría que me dio tanto trabajo comprender por ser una ciencia exacta falló: las curvas se aplanan de manera horizontal, no vertical, pero un gobierno que siempre tiene otros datos, también hace uso de otras ciencias chamánicas. Con más de quinientos muertos en un fin de semana, y una tasa de letalidad superior al resto del mundo, solo en un país tan surrealista como México se puede afirmar que se domó la pandemia y se aplanó la curva. Algo parecido sucede en seguridad, el discurso no empata con la geometría.

Y aquí vienen otras palabras frías de este barbaján que suele escribir y ganar premios literarios de vez en cuando: comencé a mearme en la cama otra vez, ya de adulto, cuando con un decreto presidencial López Obrador mandó nuevamente al ejército a las calles durante un periodo de 5 años más y con poderes extraordinarios, continuando con la estrategia que ya falló por 12 años.

Recordé mi juventud, cuando fui perseguido y hostigado por la Dictadura Perfecta. Mi niño interior se reprocha haber confiado y se promete a no volver dar su voto a ningún falso profeta.

Dicen que cuando un niño moja la cama es porque tiene conflictos reprimidos.

Tanto trabajo que me dio comprender la geometría para que ya de viejo me la vengan a modificar, o tal vez alguien más padece dislexia y por eso siempre dice una cosa y hace otra.

De niño yo padecí, además de dislexia, discalculia, lo que me dificultaba dos cosas, la expresión oral y las matemáticas, entre estas, la geometría plana que se ocupa de objetos geométricos bidimensionales: puntos, líneas, curvas y varias figuras planas como círculos, triángulos y polígonos. Durante meses mojé la cama hasta que logré suplir estas carencias con una vocación innata a la lectura, la escritura y las artes en general.

Lugo descubrí la magia de los existencialistas y del realismo social ruso y me convertí en un escritor incómodo.

A veces me reprocho no ser más modosito en mis artículos y novelas para no ofender a ciertos grupos de poder y evitar reprimendas, pero no le he podido hacer. Desde universitario me metieron mis coscorrones por escribirles las consignas y panfletos a una casa del estudiante. A varios compañeros de lucha los desaparecieron, pero como yo era lo que hoy considera AMLO fifí (un alumno clasemediero en una universidad pública de corte marxista, a quien no sería tan fácil desaparecer como al hijo de un obrero o un campesino), nada más me dio en CISEN una acalambrada y me regresó de un toletazo en el trasero al aula. Ya luego Octavio Paz me curó lo marxista. Pero sentí que tarde o temprano debía cobrarme esa afrenta.

Cuando voté por Andrés Manuel, en parte lo hice por eso: todavía tenía coraje por mis amigos desaparecidos de la Casa del Estudiante, por el FOBAPROA, por los 43 de Ayotzinapa, por la guerra de Calderón contra el narcotráfico que nos tenía sumergidos en un baño de sangre, por Oceanografía y los hijastros de Fox, pero sobre todo, para que todo eso no se repitiera nunca más.

Sin embargo las cosas están peor ahora. Se siguen apañalando a hijos incómodos de políticos y hasta la geometría que me dio tanto trabajo comprender por ser una ciencia exacta falló: las curvas se aplanan de manera horizontal, no vertical, pero un gobierno que siempre tiene otros datos, también hace uso de otras ciencias chamánicas. Con más de quinientos muertos en un fin de semana, y una tasa de letalidad superior al resto del mundo, solo en un país tan surrealista como México se puede afirmar que se domó la pandemia y se aplanó la curva. Algo parecido sucede en seguridad, el discurso no empata con la geometría.

Y aquí vienen otras palabras frías de este barbaján que suele escribir y ganar premios literarios de vez en cuando: comencé a mearme en la cama otra vez, ya de adulto, cuando con un decreto presidencial López Obrador mandó nuevamente al ejército a las calles durante un periodo de 5 años más y con poderes extraordinarios, continuando con la estrategia que ya falló por 12 años.

Recordé mi juventud, cuando fui perseguido y hostigado por la Dictadura Perfecta. Mi niño interior se reprocha haber confiado y se promete a no volver dar su voto a ningún falso profeta.

Dicen que cuando un niño moja la cama es porque tiene conflictos reprimidos.

Tanto trabajo que me dio comprender la geometría para que ya de viejo me la vengan a modificar, o tal vez alguien más padece dislexia y por eso siempre dice una cosa y hace otra.

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