/ martes 16 de junio de 2020

Decálogo para la nueva normalidad

El sábado pasado, el Presidente de México dirigió un mensaje a la Nación, desde sus redes sociales, con motivo de la nueva normalidad y el regreso al espacio público que ello implica, para la cual sugirió diez consejos, todos razonables aunque poco eficaces para librarnos de la enfermedad COVID-19. De la lectura del decálogo en cuestión, se advierte el traslado de responsabilidad al ámbito individual y que sea cada persona responsable de su propio actuar público. El destinatario del mensaje, entonces, es la ciudadanía, el hombre y la mujer responsable de sus actos, ocupado en su cuidado personal y colectivo.

Lo anterior, en un contexto guanajuatense en el que los contagios y los decesos por la enfermedad aludida, van in crescendo, diferente a lo que ocurre en el Valle de México o en otras latitudes mexicanas, pues como lo ha explicado el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, vocero oficial del gobierno federal en el tema de salud derivada de la pandemia, la velocidad y cantidad de contagios cambian de una región a otra.

El decálogo es un decálogo de buenas intenciones, orientado a formar un hombre nuevo, pues conmina a ser optimista, a ser solidarios, a apartarnos del consumismo, a cultivar la espiritualidad y a llevar una vida saludable, lo cual implica comer productos orgánicos y no chatarra, así como hacer ejercicio. Asimismo, invita a realizar las actividades ordinarias, las de siempre, dejando el miedo y los temores. Además, refiere que debemos informarnos, pero de manera responsable, sospecho que cuidando las fuentes.

Las reglas propuestas me parecen adecuadas para modificar nuestros hábitos y procurar -y luego tener, de ser el caso- un estilo de vida saludable, pero no para librarnos de COVID-19; para, a mediano plazo, prevenir enfermedades y comorbilidades, pero no para, en este momento, escaparnos de la vigente, actual, dura y mortal pandemia. La única regla de aplicación inmediata es la que se refiere a la información responsable. La actuación de la gente debe ser su consecuencia. No obstante, se actualiza el milenario problema del ser y el deber ser, el discurso y la práctica, la lexis y la praxis, la voluntad y la realidad. A guisa de ejemplo, la siguiente interrogante: ¿cómo dejar las bebidas azucaradas, si la gente carece de agua potable?

En lo tocante al miedo, considero que sí debemos tenerlo… y enfrentarlo, es decir, no paralizarnos ante él (como lo hacía El Chapulín Colorado). Probablemente la recomendación de no tener miedo es porque éste nos lleva al lado obscuro de la fuerza: el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento lleva al lado obscuro (Yoda dixit).

Tomo las recomendaciones del Presidente como las de un amigo, el amigo Andrés; sé que me harán bien en lo futuro y procuraré seguirlas; pero en materia de COVID-19, tomo las sugerencias del Dr. Hugo que se reducen a las formuladas hace meses: evitar, en la medida de lo posible, el espacio público; respetar la sana distancia; lavado frecuente de manos y uso de alcohol gel; estornudo de etiqueta; y ahora, uso de tapabocas en lugares concurridos. Por su puesto, lo relativo a la información sigue vigente, no necesariamente por el COVID-19, sino por disciplina y responsabilidad ciudadana.

Así las cosas, a la calle con todas las medidas preventivas y que Dios nos agarre confesados. Rezar mucho.

germanrodriguez32@hotmail.com

El sábado pasado, el Presidente de México dirigió un mensaje a la Nación, desde sus redes sociales, con motivo de la nueva normalidad y el regreso al espacio público que ello implica, para la cual sugirió diez consejos, todos razonables aunque poco eficaces para librarnos de la enfermedad COVID-19. De la lectura del decálogo en cuestión, se advierte el traslado de responsabilidad al ámbito individual y que sea cada persona responsable de su propio actuar público. El destinatario del mensaje, entonces, es la ciudadanía, el hombre y la mujer responsable de sus actos, ocupado en su cuidado personal y colectivo.

Lo anterior, en un contexto guanajuatense en el que los contagios y los decesos por la enfermedad aludida, van in crescendo, diferente a lo que ocurre en el Valle de México o en otras latitudes mexicanas, pues como lo ha explicado el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, vocero oficial del gobierno federal en el tema de salud derivada de la pandemia, la velocidad y cantidad de contagios cambian de una región a otra.

El decálogo es un decálogo de buenas intenciones, orientado a formar un hombre nuevo, pues conmina a ser optimista, a ser solidarios, a apartarnos del consumismo, a cultivar la espiritualidad y a llevar una vida saludable, lo cual implica comer productos orgánicos y no chatarra, así como hacer ejercicio. Asimismo, invita a realizar las actividades ordinarias, las de siempre, dejando el miedo y los temores. Además, refiere que debemos informarnos, pero de manera responsable, sospecho que cuidando las fuentes.

Las reglas propuestas me parecen adecuadas para modificar nuestros hábitos y procurar -y luego tener, de ser el caso- un estilo de vida saludable, pero no para librarnos de COVID-19; para, a mediano plazo, prevenir enfermedades y comorbilidades, pero no para, en este momento, escaparnos de la vigente, actual, dura y mortal pandemia. La única regla de aplicación inmediata es la que se refiere a la información responsable. La actuación de la gente debe ser su consecuencia. No obstante, se actualiza el milenario problema del ser y el deber ser, el discurso y la práctica, la lexis y la praxis, la voluntad y la realidad. A guisa de ejemplo, la siguiente interrogante: ¿cómo dejar las bebidas azucaradas, si la gente carece de agua potable?

En lo tocante al miedo, considero que sí debemos tenerlo… y enfrentarlo, es decir, no paralizarnos ante él (como lo hacía El Chapulín Colorado). Probablemente la recomendación de no tener miedo es porque éste nos lleva al lado obscuro de la fuerza: el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento lleva al lado obscuro (Yoda dixit).

Tomo las recomendaciones del Presidente como las de un amigo, el amigo Andrés; sé que me harán bien en lo futuro y procuraré seguirlas; pero en materia de COVID-19, tomo las sugerencias del Dr. Hugo que se reducen a las formuladas hace meses: evitar, en la medida de lo posible, el espacio público; respetar la sana distancia; lavado frecuente de manos y uso de alcohol gel; estornudo de etiqueta; y ahora, uso de tapabocas en lugares concurridos. Por su puesto, lo relativo a la información sigue vigente, no necesariamente por el COVID-19, sino por disciplina y responsabilidad ciudadana.

Así las cosas, a la calle con todas las medidas preventivas y que Dios nos agarre confesados. Rezar mucho.

germanrodriguez32@hotmail.com