/ martes 13 de abril de 2021

Día Mundial de la Salud

La semana pasada, específicamente el miércoles (7 de abril), conmemoramos el Día Mundial de la Salud, fecha propuesta en la Primera Asamblea Mundial de la Salud, en 1948, para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud.

La salud es un derecho humano, así lo establece el artículo 4, párrafo cuarto, constitucional (toda persona tiene derecho a la protección de la salud), por tanto, el Estado tiene el deber jurídico de promoverlo, respetarlo, protegerlo y garantizarlo; sin embargo, dice la conseja popular: «ayúdate que yo te ayudaré» (atribuida a Jesús de Nazaret, aún y cuando no hay registro de tales palabras textuales en la Biblia), lo cual significa, en el caso en análisis que, si bien es cierto, el Estado tiene la obligación antes referida, nosotros deberíamos procurarla, en una práctica de prevención, con el propósito de tener los menos malestares posibles en detrimento de la propia salud.

He escuchado a personas de edad avanzada decir que cuidemos de nuestra salud; que el estilo de vida que tengamos en la primera parte de la misma, resulta fundamental y determinante para la segunda parte; en consecuencia, nos conviene ser disciplinados en hábitos alimenticios y prácticas deportivas, pues es cierta la sabiduría popular expresada en el siguiente dicho: «A juventud ociosa, vejez trabajosa».

Resulta insuficiente la recomendación que, periódicamente recibimos del sector público y empresarial, de alimentarnos sanamente, comer frutas y verduras y evitar el sedentarismo, pues, en los hechos, hay mucha facilidad para adquirir productos nocivos para la salud y restricciones para hacer ejercicio en lugares públicos (una variable a considerar, es la inseguridad); en consecuencia, es responsabilidad de cada uno de nosotros procurar nuestra adecuada alimentación, movernos y mantenernos saludables, en la medida de lo posible.

Recordemos que el ser humano es cuerpo, alma y corazón, luego, la salud debe colmar los tres aspectos, de ahí que también es importante acercarnos a las actividades culturales y artísticas, a efecto de alimentar el espíritu; de consumir lecturas afines y procurar el ocio productiva, para evitar las enfermedades mentales que aquejan en la modernidad, tales como el estrés, la depresión o la angustia. Así, estaremos en posibilidad de ejercer normalmente todas nuestras funciones.

En la salud, no deben escatimarse erogaciones, pues cada una de ellas es una inversión. Sin salud, difícilmente podemos vivir; más aún, sin salud, la vida puede llegar a convertirse en un verdadero calvario. Cuidémosla y prevengamos enfermedades.

La conmemoración de la fecha resulta oportuna para dar un reconocimiento especial al personal del sector salud, heroicos protagonistas en la pandemia de la que, al parecer, estamos viendo la salida.

germanrodriguez32@hotmail.com

La semana pasada, específicamente el miércoles (7 de abril), conmemoramos el Día Mundial de la Salud, fecha propuesta en la Primera Asamblea Mundial de la Salud, en 1948, para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud.

La salud es un derecho humano, así lo establece el artículo 4, párrafo cuarto, constitucional (toda persona tiene derecho a la protección de la salud), por tanto, el Estado tiene el deber jurídico de promoverlo, respetarlo, protegerlo y garantizarlo; sin embargo, dice la conseja popular: «ayúdate que yo te ayudaré» (atribuida a Jesús de Nazaret, aún y cuando no hay registro de tales palabras textuales en la Biblia), lo cual significa, en el caso en análisis que, si bien es cierto, el Estado tiene la obligación antes referida, nosotros deberíamos procurarla, en una práctica de prevención, con el propósito de tener los menos malestares posibles en detrimento de la propia salud.

He escuchado a personas de edad avanzada decir que cuidemos de nuestra salud; que el estilo de vida que tengamos en la primera parte de la misma, resulta fundamental y determinante para la segunda parte; en consecuencia, nos conviene ser disciplinados en hábitos alimenticios y prácticas deportivas, pues es cierta la sabiduría popular expresada en el siguiente dicho: «A juventud ociosa, vejez trabajosa».

Resulta insuficiente la recomendación que, periódicamente recibimos del sector público y empresarial, de alimentarnos sanamente, comer frutas y verduras y evitar el sedentarismo, pues, en los hechos, hay mucha facilidad para adquirir productos nocivos para la salud y restricciones para hacer ejercicio en lugares públicos (una variable a considerar, es la inseguridad); en consecuencia, es responsabilidad de cada uno de nosotros procurar nuestra adecuada alimentación, movernos y mantenernos saludables, en la medida de lo posible.

Recordemos que el ser humano es cuerpo, alma y corazón, luego, la salud debe colmar los tres aspectos, de ahí que también es importante acercarnos a las actividades culturales y artísticas, a efecto de alimentar el espíritu; de consumir lecturas afines y procurar el ocio productiva, para evitar las enfermedades mentales que aquejan en la modernidad, tales como el estrés, la depresión o la angustia. Así, estaremos en posibilidad de ejercer normalmente todas nuestras funciones.

En la salud, no deben escatimarse erogaciones, pues cada una de ellas es una inversión. Sin salud, difícilmente podemos vivir; más aún, sin salud, la vida puede llegar a convertirse en un verdadero calvario. Cuidémosla y prevengamos enfermedades.

La conmemoración de la fecha resulta oportuna para dar un reconocimiento especial al personal del sector salud, heroicos protagonistas en la pandemia de la que, al parecer, estamos viendo la salida.

germanrodriguez32@hotmail.com