/ lunes 2 de noviembre de 2020

El Apólogo

La apología es un discurso escrito o hablado, encaminado a defender o disculpar una intención, opinión u acción, y que siglos atrás, por los años 1600, cuando sirvió al absolutismo ilustrado, tuvo un sentido paralelo que significaba “disculparse de algún error” y era una expresión franca de arrepentimiento (cuando todo era para el pueblo, pero sin el pueblo).

Hasta que Henry Newman revivió las Apologías de Sócrates y Platón para escribir su “Apología Pro Vita Sua” en donde, a la par de San Agustín y sus “Confesiones”, defiende sus creencias religiosas católicas frente a las críticas anglicanas de Charles Kingsley en torno a su conversión, la apología volvió a la carga como justificación y no como símbolo de arrepentimiento, sobre todo de cuestiones religiosas o morales.

Y es que las apologías y los apologistas están más sustentados en la teología y la filosofía ecuménica que en la ciencia. Si lo duda, estimado lector, analice estas apologías modernas hacia el manejo del coronavirus y la desestimación al uso del cubrebocas:

“La fuerza del presidente es moral, no una fuerza de contagio”.

“No hay evidencia que sugiera que esta es una emergencia nacional”.

“Habrá solamente 26,529 casos según el modelo centinela. Tan tan”.

“El coronavirus se combate con el detente enemigo, que la fuerza de Jesús está conmigo”.

“El cubrebocas no sirve y solo da una falsa sensación de seguridad”

“El pueblo es muy fuerte por sus culturas”.

“Y somos fuertes también, ahora en especial, porque no se permite la corrupción”.

Ya existe incluso el club de fans de un subsecretario de salud autonombradas las Gatellovers dispuestas a defenderlo con uñas y dientes como si se tratara de una estrella pop de la talla de Justin Bieber o de un regetonero como Maluma (sin el ánimo de ofender a los regetoneros a quienes pido disculpas por esa burda comparación).

¿No se imaginó usted a seres de luz caminando sobre las aguas en un lienzo de arreboles? ¡Porque yo sí!.

Hasta que amigos y familiares comenzaron a enfermar y morir por el pésimo manejo de la pandemia que en México se ha tratado desde un punto de vista político y no científico una vez se conoció el caso cero.

Ya vamos hacia los cien mil muertos aceptados oficialmente por el gobierno mexicano (obviamente han sido mucho más, las cifras más conservadoras aseguran que el doble) y aún sin medidas sólidas (como el uso obligatorio de cubrebocas) para afrontar el supuesto “rebrote”, que no se le puede llamar como tal, ya que en realidad nunca descendió la curva de contagios y muertes.

López Portillo, uno de los peores presidentes que recuerdo, tuvo la sensibilidad de disculparse y llorar cuando se depreció el peso frente al dólar, pero en la 4T nadie se ha responsabilizado por la negligente estrategia de salud que ha dejado hasta el momento cien mil muertos en todo el país y dos mil hogares de médicos, enfermeras y personal de Salud enlutados.

El querer culpar a las enfermedades cronicodegenerativas por la alta tasa de mortalidad de Covid 19 en México, es un deshonesto intento de evadir la responsabilidad por el desastre humanitario, según la revista Forbes. La raíz del problema en México es el fracaso de sus líderes. México está bajo el liderazgo de un iconoclasta incompetente.

Todos los que trabajamos en los hospitales públicos sabemos que el subsecretario de salud es un farsante, un cartón periodístico que recibe órdenes de un jefe que ha menospreciado la ciencia y el saber por el chamanismo, y que se sabe una pieza que pronto tendrá que ser ofrecida en sacrificio como el soldado raso del que habla el Himno Nacional: “un Gatell en cada hijo te dio”.

Ahora también nos tendremos que tragar las apologías vertidas frente a la desaparición del fondo de salud para el bienestar (antes llamado de gastos catastróficos).

¿Hasta cuándo dejarán de golpearnos, sobajarnos y por fin reconocer la importancia del personal de salud, quienes hemos evitado que esta nación se colapse y que estamos muy por encima de nuestras autoridades cada vez más rebajadas, empequeñecidas y envilecidas?

Gracias al doctor muerte, este 02 de noviembre entre víctimas de la pandemia y la violencia, la parca tendrá razones de sobra para estar feliz. Muy ocupada pero feliz, feliz, feliz, como el pueblo descrito por su alteza serenísima en una mañanera.

La apología es un discurso escrito o hablado, encaminado a defender o disculpar una intención, opinión u acción, y que siglos atrás, por los años 1600, cuando sirvió al absolutismo ilustrado, tuvo un sentido paralelo que significaba “disculparse de algún error” y era una expresión franca de arrepentimiento (cuando todo era para el pueblo, pero sin el pueblo).

Hasta que Henry Newman revivió las Apologías de Sócrates y Platón para escribir su “Apología Pro Vita Sua” en donde, a la par de San Agustín y sus “Confesiones”, defiende sus creencias religiosas católicas frente a las críticas anglicanas de Charles Kingsley en torno a su conversión, la apología volvió a la carga como justificación y no como símbolo de arrepentimiento, sobre todo de cuestiones religiosas o morales.

Y es que las apologías y los apologistas están más sustentados en la teología y la filosofía ecuménica que en la ciencia. Si lo duda, estimado lector, analice estas apologías modernas hacia el manejo del coronavirus y la desestimación al uso del cubrebocas:

“La fuerza del presidente es moral, no una fuerza de contagio”.

“No hay evidencia que sugiera que esta es una emergencia nacional”.

“Habrá solamente 26,529 casos según el modelo centinela. Tan tan”.

“El coronavirus se combate con el detente enemigo, que la fuerza de Jesús está conmigo”.

“El cubrebocas no sirve y solo da una falsa sensación de seguridad”

“El pueblo es muy fuerte por sus culturas”.

“Y somos fuertes también, ahora en especial, porque no se permite la corrupción”.

Ya existe incluso el club de fans de un subsecretario de salud autonombradas las Gatellovers dispuestas a defenderlo con uñas y dientes como si se tratara de una estrella pop de la talla de Justin Bieber o de un regetonero como Maluma (sin el ánimo de ofender a los regetoneros a quienes pido disculpas por esa burda comparación).

¿No se imaginó usted a seres de luz caminando sobre las aguas en un lienzo de arreboles? ¡Porque yo sí!.

Hasta que amigos y familiares comenzaron a enfermar y morir por el pésimo manejo de la pandemia que en México se ha tratado desde un punto de vista político y no científico una vez se conoció el caso cero.

Ya vamos hacia los cien mil muertos aceptados oficialmente por el gobierno mexicano (obviamente han sido mucho más, las cifras más conservadoras aseguran que el doble) y aún sin medidas sólidas (como el uso obligatorio de cubrebocas) para afrontar el supuesto “rebrote”, que no se le puede llamar como tal, ya que en realidad nunca descendió la curva de contagios y muertes.

López Portillo, uno de los peores presidentes que recuerdo, tuvo la sensibilidad de disculparse y llorar cuando se depreció el peso frente al dólar, pero en la 4T nadie se ha responsabilizado por la negligente estrategia de salud que ha dejado hasta el momento cien mil muertos en todo el país y dos mil hogares de médicos, enfermeras y personal de Salud enlutados.

El querer culpar a las enfermedades cronicodegenerativas por la alta tasa de mortalidad de Covid 19 en México, es un deshonesto intento de evadir la responsabilidad por el desastre humanitario, según la revista Forbes. La raíz del problema en México es el fracaso de sus líderes. México está bajo el liderazgo de un iconoclasta incompetente.

Todos los que trabajamos en los hospitales públicos sabemos que el subsecretario de salud es un farsante, un cartón periodístico que recibe órdenes de un jefe que ha menospreciado la ciencia y el saber por el chamanismo, y que se sabe una pieza que pronto tendrá que ser ofrecida en sacrificio como el soldado raso del que habla el Himno Nacional: “un Gatell en cada hijo te dio”.

Ahora también nos tendremos que tragar las apologías vertidas frente a la desaparición del fondo de salud para el bienestar (antes llamado de gastos catastróficos).

¿Hasta cuándo dejarán de golpearnos, sobajarnos y por fin reconocer la importancia del personal de salud, quienes hemos evitado que esta nación se colapse y que estamos muy por encima de nuestras autoridades cada vez más rebajadas, empequeñecidas y envilecidas?

Gracias al doctor muerte, este 02 de noviembre entre víctimas de la pandemia y la violencia, la parca tendrá razones de sobra para estar feliz. Muy ocupada pero feliz, feliz, feliz, como el pueblo descrito por su alteza serenísima en una mañanera.