/ domingo 4 de abril de 2021

El Ciudadano Y El Ideal Democrático

Como ya sabemos, el ideal de la democracia es ancestral. Sin embargo, hoy se adolece de su concreción. ¿Por qué? Son varias razones y entre las más destacadas está, qué, somos los ciudadanos los que así lo permitimos.

Casi siempre se habla o escribe sobre las virtudes que debe tener el político, pero poco decimos del ciudadano. Somos simples receptores de la política y no actores. Idea imbuida o asimilada tras tanto discurso demagógico, que ya hasta se nos hace “normal”.

Cómo es que debe ser un ciudadano. Por supuesto hay que considerar tiempos, Nación o Estado y contexto político y cívico, como mínimo. Claro, lo que nos atañe es aquí, en nuestra Patria y localidad. Los ciudadanos celayenses, cómo serían definidos. ¿Conservadores? ¿Liberales? ¿De centro, derecha o izquierda, o alguna mixtura? –Por más anacrónicos que sean los conceptos, son un punto de partida- ¿Tal vez en su mayoría, indiferentes, hartos o decepcionados de la política?

Salta a la vista, que la mayoría no somos extremistas en ningún concepto básico del que parte este somero análisis. Se quiere conservar cierto estatus, claro, de lo contrario seríamos faltos de raciocinio, entre eso la paz, la seguridad, el trabajo, un ingreso que permita vivir con dignidad, tener sobre todo salud, que hoy se podría decir son ideales y no concreciones. Al igual, se quiere progresar o hacer cambios, lo que cae en el concepto liberal. La mayoría está más de acuerdo en una política hacia la derecha, pero un tanto al centro, o mejor dicho mixta, dado que si bien la visión económico-política tiende al comercio, el emprendimiento, la empresa, al igual requiere soluciones colectivas sociales, es decir, de bienestar común, y por cierto, hay al menos un 60% y creciendo, de ciudadanos que son o se van tornando como si fueran indiferentes a todo lo que “huela a política” y ahí están las estadísticas del sufragio, para demostrarlo. Se les ha denominado “abstencionistas”, aunque el término no es exacto, y trata más de ser peyorativo. Es una realidad que tales sujetos-ciudadanos, sí participan en política, al eludir su derecho y obligación de emitir su voto, acarrean resultados políticos, entre los más relevantes está que mantienen en el poder político a los que repudian y hasta llegan a odiar socialmente. Y no puede ser verdad, que al tener esos sentimientos negativos, resulten totalmente indiferentes.

En este momento cabe preguntar: ¿Estamos ante un ciudadano sin civismo? ¿Se ha perdido el ideal y el interés cívico? ¿Por ello no decrece el “abstencionismo electoral”?

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: El civismo en términos laxos y optimistas, debe ser un valor: Virtud en sentido amplio que lleve a ser útil y eficaz al Orden Público, al Interés Social –siempre enunciado en las leyes, como definición anticipada, pero actual, de la teleología de la propia ley- en que lo antiético o inmoral dejará de ser la “médula” de la política partidista o en el ejercicio del poder público; no sólo ilusión y peor, esperanza, porque de ser así sería una verdad irrefutable que la última es pasto de los tontos o alienados. El civismo, no es o debe ser, mera invocación, o letra en el discurso político, y menos, demagógico; no sólo de derechos y obligaciones ciudadanas. Va más allá: La administración pública, las políticas públicas, la rendición de cuentas, la transparencia, el ejercicio político, la participación ciudadana ordenada e inteligente, incluso, proactiva, sufragio consciente y razonado; seguimos sustancialmente, con la misma problemática de hace cien años: Avaricia, negocios, falta de ética en el ejercicio público, demagogia, pobreza, etcétera. ¿Estaremos listos para dar vuelta a la página tragicómica de la política actual? La elección está a un paso. Aprovechemos. Cuídense mucho.

Como ya sabemos, el ideal de la democracia es ancestral. Sin embargo, hoy se adolece de su concreción. ¿Por qué? Son varias razones y entre las más destacadas está, qué, somos los ciudadanos los que así lo permitimos.

Casi siempre se habla o escribe sobre las virtudes que debe tener el político, pero poco decimos del ciudadano. Somos simples receptores de la política y no actores. Idea imbuida o asimilada tras tanto discurso demagógico, que ya hasta se nos hace “normal”.

Cómo es que debe ser un ciudadano. Por supuesto hay que considerar tiempos, Nación o Estado y contexto político y cívico, como mínimo. Claro, lo que nos atañe es aquí, en nuestra Patria y localidad. Los ciudadanos celayenses, cómo serían definidos. ¿Conservadores? ¿Liberales? ¿De centro, derecha o izquierda, o alguna mixtura? –Por más anacrónicos que sean los conceptos, son un punto de partida- ¿Tal vez en su mayoría, indiferentes, hartos o decepcionados de la política?

Salta a la vista, que la mayoría no somos extremistas en ningún concepto básico del que parte este somero análisis. Se quiere conservar cierto estatus, claro, de lo contrario seríamos faltos de raciocinio, entre eso la paz, la seguridad, el trabajo, un ingreso que permita vivir con dignidad, tener sobre todo salud, que hoy se podría decir son ideales y no concreciones. Al igual, se quiere progresar o hacer cambios, lo que cae en el concepto liberal. La mayoría está más de acuerdo en una política hacia la derecha, pero un tanto al centro, o mejor dicho mixta, dado que si bien la visión económico-política tiende al comercio, el emprendimiento, la empresa, al igual requiere soluciones colectivas sociales, es decir, de bienestar común, y por cierto, hay al menos un 60% y creciendo, de ciudadanos que son o se van tornando como si fueran indiferentes a todo lo que “huela a política” y ahí están las estadísticas del sufragio, para demostrarlo. Se les ha denominado “abstencionistas”, aunque el término no es exacto, y trata más de ser peyorativo. Es una realidad que tales sujetos-ciudadanos, sí participan en política, al eludir su derecho y obligación de emitir su voto, acarrean resultados políticos, entre los más relevantes está que mantienen en el poder político a los que repudian y hasta llegan a odiar socialmente. Y no puede ser verdad, que al tener esos sentimientos negativos, resulten totalmente indiferentes.

En este momento cabe preguntar: ¿Estamos ante un ciudadano sin civismo? ¿Se ha perdido el ideal y el interés cívico? ¿Por ello no decrece el “abstencionismo electoral”?

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: El civismo en términos laxos y optimistas, debe ser un valor: Virtud en sentido amplio que lleve a ser útil y eficaz al Orden Público, al Interés Social –siempre enunciado en las leyes, como definición anticipada, pero actual, de la teleología de la propia ley- en que lo antiético o inmoral dejará de ser la “médula” de la política partidista o en el ejercicio del poder público; no sólo ilusión y peor, esperanza, porque de ser así sería una verdad irrefutable que la última es pasto de los tontos o alienados. El civismo, no es o debe ser, mera invocación, o letra en el discurso político, y menos, demagógico; no sólo de derechos y obligaciones ciudadanas. Va más allá: La administración pública, las políticas públicas, la rendición de cuentas, la transparencia, el ejercicio político, la participación ciudadana ordenada e inteligente, incluso, proactiva, sufragio consciente y razonado; seguimos sustancialmente, con la misma problemática de hace cien años: Avaricia, negocios, falta de ética en el ejercicio público, demagogia, pobreza, etcétera. ¿Estaremos listos para dar vuelta a la página tragicómica de la política actual? La elección está a un paso. Aprovechemos. Cuídense mucho.