/ lunes 14 de diciembre de 2020

El Danzón en Tiempos del COVID

En el amor como en el baile, para que funcione se deben juntar dos cuerpos, cuatro pies, cuatro manos, dos corazones, pero una sola cabeza. Todos tenemos distintas formas de pensar, lo cual forma parte de la cadencia personal, pero el objetivo debe ser mutuo y juega un papel importantísimo la intuición: el dejarse llevar por la pareja en ciertos momentos de incertidumbre y el don de mando cuando se requiere. El ritmo, ya sea pausado o vertiginoso, debe siempre coincidir, y los síncopes o puentes y las alteraciones musicales, deben ser sorteados con inteligencia.

A veces, se le pueden integrar uno o más miembros a la pareja de danzantes, a eso se le llama en el baile “coreografía” y le aumenta el grado de dificultad a la pieza musical. Un mal trabajo coreográfico puede llevar a la ruina a una pareja de bailarines profesionales, por eso habrá que escoger muy bien a los invitados y deshacerse rápido de ellos si no cumplen las expectativas.

¿Qué más?, el danzón es la vida misma puesta en escena: tiene una fase corta de amor idílico, una más larga que demuestra el temple de la pareja, y una de vorágine y floreos que libera tanta dopamina que se convierte en un asunto adictivo.

El amor se cultiva día a día para que no muera: hay que aprender cosas recientes, experimentar, reinventar, adaptar y vivir siempre experiencias nuevas para que no caiga en el desuso ni sea sustituido por algo de menor valor, pero novedoso.

Bailar nada más cuadrito, paseos y columpios, es como hacer siempre el amor en posición de misionero. El danzón como el jazz son ritmos troncales, de donde se desprenden casi todos los demás géneros musicales del Continente Americano, por lo que requieren ir evolucionando y admitir a sus hijos en casa. La familia es la base de la sociedad moderna.

Y así como nos hemos ido adaptando para poder sobrevivir a esta pandemia, ya que las teorías darwinianas dicen que las especies que sobreviven, no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino las que mejor se adaptan, el danzón lleva sobreviviendo desde 1879 y está más vigente que nunca a pesar de las épocas y las pandemias.

Igual nosotros y nuestros seres amados, debemos aprender a adaptarnos en estas fiestas decembrinas que comienzan desde el 12 de diciembre y que concluyen hasta el 6 de enero, reuniéndonos únicamente con los de casa, sin hacer posadas, fogatas ni fiestas masivas. Está claro que la vacunación efectiva no concluirá hasta el 2022, y no será hasta entonces que podamos volver a bailar danzón, a amarnos como dios manda, y a poder convivir entre amigos sin morir en el intento.

¡Felices fiestas navideñas en la intimidad de un baile de pareja!

En el amor como en el baile, para que funcione se deben juntar dos cuerpos, cuatro pies, cuatro manos, dos corazones, pero una sola cabeza. Todos tenemos distintas formas de pensar, lo cual forma parte de la cadencia personal, pero el objetivo debe ser mutuo y juega un papel importantísimo la intuición: el dejarse llevar por la pareja en ciertos momentos de incertidumbre y el don de mando cuando se requiere. El ritmo, ya sea pausado o vertiginoso, debe siempre coincidir, y los síncopes o puentes y las alteraciones musicales, deben ser sorteados con inteligencia.

A veces, se le pueden integrar uno o más miembros a la pareja de danzantes, a eso se le llama en el baile “coreografía” y le aumenta el grado de dificultad a la pieza musical. Un mal trabajo coreográfico puede llevar a la ruina a una pareja de bailarines profesionales, por eso habrá que escoger muy bien a los invitados y deshacerse rápido de ellos si no cumplen las expectativas.

¿Qué más?, el danzón es la vida misma puesta en escena: tiene una fase corta de amor idílico, una más larga que demuestra el temple de la pareja, y una de vorágine y floreos que libera tanta dopamina que se convierte en un asunto adictivo.

El amor se cultiva día a día para que no muera: hay que aprender cosas recientes, experimentar, reinventar, adaptar y vivir siempre experiencias nuevas para que no caiga en el desuso ni sea sustituido por algo de menor valor, pero novedoso.

Bailar nada más cuadrito, paseos y columpios, es como hacer siempre el amor en posición de misionero. El danzón como el jazz son ritmos troncales, de donde se desprenden casi todos los demás géneros musicales del Continente Americano, por lo que requieren ir evolucionando y admitir a sus hijos en casa. La familia es la base de la sociedad moderna.

Y así como nos hemos ido adaptando para poder sobrevivir a esta pandemia, ya que las teorías darwinianas dicen que las especies que sobreviven, no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino las que mejor se adaptan, el danzón lleva sobreviviendo desde 1879 y está más vigente que nunca a pesar de las épocas y las pandemias.

Igual nosotros y nuestros seres amados, debemos aprender a adaptarnos en estas fiestas decembrinas que comienzan desde el 12 de diciembre y que concluyen hasta el 6 de enero, reuniéndonos únicamente con los de casa, sin hacer posadas, fogatas ni fiestas masivas. Está claro que la vacunación efectiva no concluirá hasta el 2022, y no será hasta entonces que podamos volver a bailar danzón, a amarnos como dios manda, y a poder convivir entre amigos sin morir en el intento.

¡Felices fiestas navideñas en la intimidad de un baile de pareja!