/ viernes 3 de julio de 2020

El freno para los ciclos viciosos de las naciones

Cuando ponemos una moneda a girar sobre una superficie que nos permita escuchar el sonido que emite, podemos notar que conforme tiene ese impulso que la mantiene girando escuchamos un sonido suave, cierta estabilidad, pero a medida que va perdiendo el impulso percibimos que ese sonido aumenta, hasta que escuchamos un estrepitoso ruido y entonces cae.

Éste ejemplo de la moneda tiene semejanza con los ciclos viciosos de las naciones: levantarse, caerse, levantarse y así sucesivamente. Si entendemos esto, será más sencillo darnos cuenta que nos esta tocando presenciar en ésta generación el fracaso de ese impulso que mantenía girando a varias naciones del mundo. Esto es lo que nos indica el estrepitoso ruido social que esta teniendo lugar en la mayoría de las naciones del mundo, incluyendo la nuestra, y que cada vez está haciéndose más y más fuerte.

Sin embargo, hay algo muy importante que necesitamos comprender: que los seres humanos presentan peculiaridades en su comportamiento, y como las naciones están compuestas por seres humanos, ellas también muestran las peculiaridades del comportamiento de los hombres, y el comportamiento que ha caracterizado a las naciones del mundo moderno tiene su origen en la religión del humanismo, la cual tiene su dios en la razón humana y destierra todo concepto de que existe un Dios Soberano que ha establecido la ética y la moral para el comportamiento del hombre.

Y para darnos cuenta de cómo es que vivimos bajo la Era de la religión del humanismo, basta con ver nuestras leyes, las cuales protegen al culpable y condenan al inocente, pues la idea central de ésta religión dice que si te parece bien a ti en tu propia razón, entonces hazlo, y todo lo demás no importa. Ésta religión del humanismo ha venido dando impulso a nuestra sociedad moderna, y es más que evidente que ha comenzado a colapsar a las naciones que han edificado sobre ella, precipitándolas rápidamente a su caída por el enorme grado de insatisfacción que ha producido, y las turbulencias sociales actuales son la gran evidencia. Así se cumplen de nuevo las palabras de los historiadores Will y Ariel Durant cuando escribieron: El alma de una civilización es su religión, y ella muere con su fe.

Esta estrepitosa caída producto de la religión del humanismo, tiene su lado positivo que consiste en que nos exige cambios, los cuales debemos considerar no volver a cometer el mismo error de construir sobre el humanismo, más bien, nos exige analizar qué alternativa tenemos para reconstruir que nos garantice la base que sí nos de el soporte para un buen desarrollo social. La religión del humanismo ha desencadenado un alto grado de inmoralidad en el comportamiento humano, pues el verdadero conocimiento y sabiduría no están en la razón autónoma de los individuos que rechazan la verdad revelada de Dios como se encuentra en la Biblia.

Necesitamos analizar esto, pues todas éstas convulsiones sociales que estamos viendo, no son precisamente porque la ética y la moral bíblica esté enseñándose en las escuelas públicas y en nuestras universidades, se esté practicando en nuestra política y en nuestras leyes, se esté practicando en nuestras empresas y tratos comerciales, o porque sean el centro de lo que se esté enseñando en la gran mayoría de los hogares de padres a hijos, al contrario, la Era actual se ha caracterizado por su rechazo rotundo hacia la ética y moral bíblica.

No podemos detener el círculo vicioso que condena a las naciones a menos que nos acerquemos y tomemos la única salida que se encuentra en la base de la moral y ética bíblica, porque es la única que ha demostrado en la historia parar este ciclo repetitivo y proporcionar la base firme que permite un desarrollo sostenido y progresivo de estabilidad y bienestar a la civilización. No creamos las voces fatalistas y derrotistas que dicen que nunca se puede lograr la estabilidad, pues ellos están equivocados, y siempre lo estarán, porque desconocen el poder de Dios y de las normas éticas bíblicas para lograrlo.

Favor de enviar todo comentario a los siguientes sitios sociales, blog: metamorfosiscultural.wordpress.com; Facebook, Twitter y YouTube: Metamorfosis Cultural ó si deseas comentar más ampliamente puedes hacerlo al correo: metamorfosiscultural2016@gmail.com Gracias.

Cuando ponemos una moneda a girar sobre una superficie que nos permita escuchar el sonido que emite, podemos notar que conforme tiene ese impulso que la mantiene girando escuchamos un sonido suave, cierta estabilidad, pero a medida que va perdiendo el impulso percibimos que ese sonido aumenta, hasta que escuchamos un estrepitoso ruido y entonces cae.

Éste ejemplo de la moneda tiene semejanza con los ciclos viciosos de las naciones: levantarse, caerse, levantarse y así sucesivamente. Si entendemos esto, será más sencillo darnos cuenta que nos esta tocando presenciar en ésta generación el fracaso de ese impulso que mantenía girando a varias naciones del mundo. Esto es lo que nos indica el estrepitoso ruido social que esta teniendo lugar en la mayoría de las naciones del mundo, incluyendo la nuestra, y que cada vez está haciéndose más y más fuerte.

Sin embargo, hay algo muy importante que necesitamos comprender: que los seres humanos presentan peculiaridades en su comportamiento, y como las naciones están compuestas por seres humanos, ellas también muestran las peculiaridades del comportamiento de los hombres, y el comportamiento que ha caracterizado a las naciones del mundo moderno tiene su origen en la religión del humanismo, la cual tiene su dios en la razón humana y destierra todo concepto de que existe un Dios Soberano que ha establecido la ética y la moral para el comportamiento del hombre.

Y para darnos cuenta de cómo es que vivimos bajo la Era de la religión del humanismo, basta con ver nuestras leyes, las cuales protegen al culpable y condenan al inocente, pues la idea central de ésta religión dice que si te parece bien a ti en tu propia razón, entonces hazlo, y todo lo demás no importa. Ésta religión del humanismo ha venido dando impulso a nuestra sociedad moderna, y es más que evidente que ha comenzado a colapsar a las naciones que han edificado sobre ella, precipitándolas rápidamente a su caída por el enorme grado de insatisfacción que ha producido, y las turbulencias sociales actuales son la gran evidencia. Así se cumplen de nuevo las palabras de los historiadores Will y Ariel Durant cuando escribieron: El alma de una civilización es su religión, y ella muere con su fe.

Esta estrepitosa caída producto de la religión del humanismo, tiene su lado positivo que consiste en que nos exige cambios, los cuales debemos considerar no volver a cometer el mismo error de construir sobre el humanismo, más bien, nos exige analizar qué alternativa tenemos para reconstruir que nos garantice la base que sí nos de el soporte para un buen desarrollo social. La religión del humanismo ha desencadenado un alto grado de inmoralidad en el comportamiento humano, pues el verdadero conocimiento y sabiduría no están en la razón autónoma de los individuos que rechazan la verdad revelada de Dios como se encuentra en la Biblia.

Necesitamos analizar esto, pues todas éstas convulsiones sociales que estamos viendo, no son precisamente porque la ética y la moral bíblica esté enseñándose en las escuelas públicas y en nuestras universidades, se esté practicando en nuestra política y en nuestras leyes, se esté practicando en nuestras empresas y tratos comerciales, o porque sean el centro de lo que se esté enseñando en la gran mayoría de los hogares de padres a hijos, al contrario, la Era actual se ha caracterizado por su rechazo rotundo hacia la ética y moral bíblica.

No podemos detener el círculo vicioso que condena a las naciones a menos que nos acerquemos y tomemos la única salida que se encuentra en la base de la moral y ética bíblica, porque es la única que ha demostrado en la historia parar este ciclo repetitivo y proporcionar la base firme que permite un desarrollo sostenido y progresivo de estabilidad y bienestar a la civilización. No creamos las voces fatalistas y derrotistas que dicen que nunca se puede lograr la estabilidad, pues ellos están equivocados, y siempre lo estarán, porque desconocen el poder de Dios y de las normas éticas bíblicas para lograrlo.

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