/ lunes 27 de abril de 2020

Fase 3

El 21 de abril dio fin a la fase 2 de la contingencia (que era la de transmisión comunitaria), para entrar de lleno a la fase 3 (que es la de propagación epidémica). Esto es, que todos somos sospechosos de ser por lo menos portadores asintomáticos.

La buena noticia es que el 80% de quienes contraen el virus no enferman, la mala es que tiene un índice de transmisibilidad extremadamente alto. Cada persona infectada contagia a un promedio de 8 personas y su tasa de mortalidad es mayor que la de la influenza estacional, con una letalidad bruta de aproximadamente 7%.

Es muy difícil sobrellevar la cuarentena, pero es más difícil perder a un ser querido. Lo peor es que con su alargamiento las familias comienzan a relajar las medidas de seguridad lo cual es comprensible. Lo sabemos quienes tenemos niños que apenas entienden el por qué no pueden salir al parque ni ver a sus amigos.

Aun así yo preferiría quedarme encerrado en casa que en un hospital, pero no puedo hacerlo, porque precisamente trabajo en uno.

Por desgracia, en México, el personal sanitario es el primero en contagiarse por la negligencia de las autoridades y lo opacidad con la que se maneja el tema que parece ser tabú tocar en la prensa.

Creen que debemos cumplir con la patriótica misión de morirnos sin hacerla de tos y hasta nos dan a firmar sus códigos de conducta. Con el respeto que me merecen pero “conmigo se la pelan” para que la cuña apriete debe ser del mismo palo.

Solo el 20 de abril le confirmó Hugo López Gatell a Joaquín López Dóriga que hasta aquella fecha iban 85 muertos entre el personal sanitario.

Es criminal dotar a médicos y enfermeras de cubrebocas inadecuados y enviarlos a urgencias sin gogles ni caretas ¿creerán que estamos genéticamente mejorados pare resistir la enfermedad?

Porque hasta las cajeras del súper y lo bancos cuentan con su casco de teletubi.

Las demandas del personal médico por negligencia y daño moral en caso de la muerte de algún ser querido pueden ser mucho mayores que equipar a los hospitales con el equipo adecuado.

El 21 de abril dio fin a la fase 2 de la contingencia (que era la de transmisión comunitaria), para entrar de lleno a la fase 3 (que es la de propagación epidémica). Esto es, que todos somos sospechosos de ser por lo menos portadores asintomáticos.

La buena noticia es que el 80% de quienes contraen el virus no enferman, la mala es que tiene un índice de transmisibilidad extremadamente alto. Cada persona infectada contagia a un promedio de 8 personas y su tasa de mortalidad es mayor que la de la influenza estacional, con una letalidad bruta de aproximadamente 7%.

Es muy difícil sobrellevar la cuarentena, pero es más difícil perder a un ser querido. Lo peor es que con su alargamiento las familias comienzan a relajar las medidas de seguridad lo cual es comprensible. Lo sabemos quienes tenemos niños que apenas entienden el por qué no pueden salir al parque ni ver a sus amigos.

Aun así yo preferiría quedarme encerrado en casa que en un hospital, pero no puedo hacerlo, porque precisamente trabajo en uno.

Por desgracia, en México, el personal sanitario es el primero en contagiarse por la negligencia de las autoridades y lo opacidad con la que se maneja el tema que parece ser tabú tocar en la prensa.

Creen que debemos cumplir con la patriótica misión de morirnos sin hacerla de tos y hasta nos dan a firmar sus códigos de conducta. Con el respeto que me merecen pero “conmigo se la pelan” para que la cuña apriete debe ser del mismo palo.

Solo el 20 de abril le confirmó Hugo López Gatell a Joaquín López Dóriga que hasta aquella fecha iban 85 muertos entre el personal sanitario.

Es criminal dotar a médicos y enfermeras de cubrebocas inadecuados y enviarlos a urgencias sin gogles ni caretas ¿creerán que estamos genéticamente mejorados pare resistir la enfermedad?

Porque hasta las cajeras del súper y lo bancos cuentan con su casco de teletubi.

Las demandas del personal médico por negligencia y daño moral en caso de la muerte de algún ser querido pueden ser mucho mayores que equipar a los hospitales con el equipo adecuado.

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