/ jueves 12 de diciembre de 2019

Fuera de Agenda

La pandilla

Luis Cárdenas Palomino no parecía ser ese policía de investigación que entraba y salía con demasiada familiaridad del despacho del abogado Samuel Gonzalez Ruíz, entonces titular de la Unidad Especial contra la Delincuencia Organizada (UEDO) de la PGR. Desconfiado y observador, no ocultaba su nerviosismo cada vez que hablaba de algun personaje del crimen al que daba seguimiento.

Corrían los últimos años de la década de los noventa cuando Cárdenas Palomino era el brazo derecho del hombre que encabezó los trabajos para que México tuviera su primera ley, y después algo parecido a una fiscalía, contra la delincuencia organizada.

Por esos mismos años había otro personaje que también despuntaba en el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN). Era un ingeniero mecánico llamado Genaro García Luna que escaló posiciones hasta hacerse indispensable en el equipo de su jefe Jorge Tello Peón.

Ni Samuel González Ruíz ni Jorge Tello Peón, imaginaron que sus subordinados harían mancuerna para convertirse tiempo después en dos de los hombres más fuertes de la seguridad pública federal.

Cuando García Luna fue nombrado director de la Policía Judicial Federal en diciembre del año 2000, ya traía una larga trayectoria en tareas de inteligencia, labor que pulió el último año del sexenio zedillista en la recién creada Policía Federal Preventiva. El ingeniero se le conoció en ese entonces porque solía invitar a varios reporteros a sus oficinas para presentarles lo que iba a ser el “nuevo modelo” de policía de investigación. Decía que sería como el FBI, y que se llamaría Agencia Federal de Invetigación (AFI), corporación que sepultaría a la vieja y corrupta Policía Judicial Federal.

Si alguien tenía “la película” en ese entonces de cómo se articulaba la estructura de protección policial a las mafias del crimen organizado en el país, era “el Güero” Cárdenas Palomino. Fueron los años en que se volvió hombre fuerte de García Luna entre un grupo de agentes de la corporación al que llamaban “la pandilla”.

También fueron los años en la primera mitad del sexenio de Vicente Fox, en que García Luna comenzó a recibir sobornos de Ismael “el Mayo” Zambada, líder del cartel de Sinaloa.

Jesús Reynaldo Zambada, hermano del Mayo, declaró ante la Corte en Brooklyn, que en el año 2003 le entregó tres millones de dólares a García Luna. El pago fue para que nombrara a un allegado del Mayo como delegado de la AFI en Sinaloa. Se trataba de Norberto Vigueras Beltrán, quien estuvo en Culiacán al frente de la corporación entre 2003 y 2006, después fue enviado cn el mismo cargo a Durango, territorio de Zambada, donde permaneció hasta 2011.

En el año 2007 Reynaldo Zambada enregó otro pago de cinco millones de dólares a García Luna para que “facilitara” las operaciones de la organización. Por estas fechas, el ya secretario de Seguridad Pública del gobierno de Felipe Calderón presuntamente también habría recibido un pago de 50 millones de dólares de Arturo Beltrán Leyva.

“Servir a dos amos”, y no cumplir con lo pactado, se dijo, fueron los motivos por los que en los años siguientes fueron asesinados cuatro de los jefes policiacos mas allegados a García Luna. Escurridizo, Cárdenas Palomino desde entonces hizo mutis.

La pandilla

Luis Cárdenas Palomino no parecía ser ese policía de investigación que entraba y salía con demasiada familiaridad del despacho del abogado Samuel Gonzalez Ruíz, entonces titular de la Unidad Especial contra la Delincuencia Organizada (UEDO) de la PGR. Desconfiado y observador, no ocultaba su nerviosismo cada vez que hablaba de algun personaje del crimen al que daba seguimiento.

Corrían los últimos años de la década de los noventa cuando Cárdenas Palomino era el brazo derecho del hombre que encabezó los trabajos para que México tuviera su primera ley, y después algo parecido a una fiscalía, contra la delincuencia organizada.

Por esos mismos años había otro personaje que también despuntaba en el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN). Era un ingeniero mecánico llamado Genaro García Luna que escaló posiciones hasta hacerse indispensable en el equipo de su jefe Jorge Tello Peón.

Ni Samuel González Ruíz ni Jorge Tello Peón, imaginaron que sus subordinados harían mancuerna para convertirse tiempo después en dos de los hombres más fuertes de la seguridad pública federal.

Cuando García Luna fue nombrado director de la Policía Judicial Federal en diciembre del año 2000, ya traía una larga trayectoria en tareas de inteligencia, labor que pulió el último año del sexenio zedillista en la recién creada Policía Federal Preventiva. El ingeniero se le conoció en ese entonces porque solía invitar a varios reporteros a sus oficinas para presentarles lo que iba a ser el “nuevo modelo” de policía de investigación. Decía que sería como el FBI, y que se llamaría Agencia Federal de Invetigación (AFI), corporación que sepultaría a la vieja y corrupta Policía Judicial Federal.

Si alguien tenía “la película” en ese entonces de cómo se articulaba la estructura de protección policial a las mafias del crimen organizado en el país, era “el Güero” Cárdenas Palomino. Fueron los años en que se volvió hombre fuerte de García Luna entre un grupo de agentes de la corporación al que llamaban “la pandilla”.

También fueron los años en la primera mitad del sexenio de Vicente Fox, en que García Luna comenzó a recibir sobornos de Ismael “el Mayo” Zambada, líder del cartel de Sinaloa.

Jesús Reynaldo Zambada, hermano del Mayo, declaró ante la Corte en Brooklyn, que en el año 2003 le entregó tres millones de dólares a García Luna. El pago fue para que nombrara a un allegado del Mayo como delegado de la AFI en Sinaloa. Se trataba de Norberto Vigueras Beltrán, quien estuvo en Culiacán al frente de la corporación entre 2003 y 2006, después fue enviado cn el mismo cargo a Durango, territorio de Zambada, donde permaneció hasta 2011.

En el año 2007 Reynaldo Zambada enregó otro pago de cinco millones de dólares a García Luna para que “facilitara” las operaciones de la organización. Por estas fechas, el ya secretario de Seguridad Pública del gobierno de Felipe Calderón presuntamente también habría recibido un pago de 50 millones de dólares de Arturo Beltrán Leyva.

“Servir a dos amos”, y no cumplir con lo pactado, se dijo, fueron los motivos por los que en los años siguientes fueron asesinados cuatro de los jefes policiacos mas allegados a García Luna. Escurridizo, Cárdenas Palomino desde entonces hizo mutis.