/ lunes 14 de septiembre de 2020

Gobierno Moral

Es muy difícil hablar de lo que es éticamente correcto y de lo que no.

Filosóficamente estamos condenados a equivocarnos y contradecirnos al pensar en términos morales.

Se requiere ser temerario para prometer un gobierno moral, porque no se sabe esa ética en qué términos está sustentada: en salud a costa del ahorro, en seguridad a costa del ahorro, en términos energéticos y de soberanía a costa del ahorro, o únicamente en combatir la corrupción.

Estamos tratando de decir la verdad cuando hacemos juicios morales. Pero como no hay una verdad absoluta, todas nuestras afirmaciones están equivocadas, porque, en primer lugar no hay rasgos morales en este mundo, por lo tanto, ningún juicio moral es verdadero, y por eso es que en tercer lugar, nuestros juicios morales sinceros intentan, pero siempre fallan al describir las características morales de las cosas.

Ahí está la jiribilla.

Estos tres principios llevan a la conclusión de que no hay conocimiento moral. El conocimiento requiere verdad. Si no hay verdad moral, no puede haber conocimiento ético. Por lo tanto, los valores morales son puramente quiméricos.

Por eso no podemos juzgar de inmoral ocupar el primer lugar entre todos los países del mundo en número de personal médico fallecido por la epidemia COVID 19, ni que muchos compañeros sanitarios hayan fenecido en espera de su bono COVID que nunca les llegó y sin su calificación de riesgo de trabajo, que era la única manera de dejar a su familia protegida con una pensión.

Ni hablar de la inmoralidad de los niños con cáncer sin medicamentos cuando otros gobiernos han hecho cosas peores. Comparado, eso no es inmoralidad. ¿Es inmoral desviar el agua de los chihuahuenses a los Estados Unidos? ¿Ya olvidamos las clases de Historia de México?

No se equivoquen estimados lectores, ni critiquen por criticar, que hablar de ética es algo mucho más grande que educación, salud y seguridad. Son cuestiones tan divinas que al resto de los ciudadanos nos es imposible entender.

Es muy difícil hablar de lo que es éticamente correcto y de lo que no.

Filosóficamente estamos condenados a equivocarnos y contradecirnos al pensar en términos morales.

Se requiere ser temerario para prometer un gobierno moral, porque no se sabe esa ética en qué términos está sustentada: en salud a costa del ahorro, en seguridad a costa del ahorro, en términos energéticos y de soberanía a costa del ahorro, o únicamente en combatir la corrupción.

Estamos tratando de decir la verdad cuando hacemos juicios morales. Pero como no hay una verdad absoluta, todas nuestras afirmaciones están equivocadas, porque, en primer lugar no hay rasgos morales en este mundo, por lo tanto, ningún juicio moral es verdadero, y por eso es que en tercer lugar, nuestros juicios morales sinceros intentan, pero siempre fallan al describir las características morales de las cosas.

Ahí está la jiribilla.

Estos tres principios llevan a la conclusión de que no hay conocimiento moral. El conocimiento requiere verdad. Si no hay verdad moral, no puede haber conocimiento ético. Por lo tanto, los valores morales son puramente quiméricos.

Por eso no podemos juzgar de inmoral ocupar el primer lugar entre todos los países del mundo en número de personal médico fallecido por la epidemia COVID 19, ni que muchos compañeros sanitarios hayan fenecido en espera de su bono COVID que nunca les llegó y sin su calificación de riesgo de trabajo, que era la única manera de dejar a su familia protegida con una pensión.

Ni hablar de la inmoralidad de los niños con cáncer sin medicamentos cuando otros gobiernos han hecho cosas peores. Comparado, eso no es inmoralidad. ¿Es inmoral desviar el agua de los chihuahuenses a los Estados Unidos? ¿Ya olvidamos las clases de Historia de México?

No se equivoquen estimados lectores, ni critiquen por criticar, que hablar de ética es algo mucho más grande que educación, salud y seguridad. Son cuestiones tan divinas que al resto de los ciudadanos nos es imposible entender.