/ lunes 16 de diciembre de 2019

Greta Thunberg

“Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse. Kofi Annan

Los seres humanos contamos con capacidades de diversa índole tanto físicas como intelectuales, de estas últimas está el uso racional de las emociones propias y también de las ajenas que nos ayudan a convivir en sociedad, tener una buena iteración social o ejercicio de asumir una relación con los demás. La era de la comunicación en que nos ha tocado vivir ha desterrado una forma de freno que se aplicaba a niños y a adolescentes para expresar libremente sus emociones. Cuántas veces oímos decir algo como ¡cállate niño, esto no es asunto tuyo! No obstante, la práctica persiste no solamente en menores de edad, también en la discriminación del género femenino de algunas culturas y religiones.

El empuje de la ciencia en general y las ciencias sociales en particular han despertado el tesoro que muchas veces se reprimía en el individuo adolescente. La etapa de la vida que, en su definición la OMS incluye que “se caracteriza por un ritmo de crecimiento y de cambios superado únicamente por el que experimentan los lactantes”.

Hace un par de meses cayó en mis manos un artículo de la española Victoria Toro, experta en el estudio de la psicología del adolecente que me motivó a escribir las anteriores líneas y que ahora lo relaciono con ese prodigio de muchacha sueca que ha cimbrado al mundo por su defensa de la subsistencia de la vida amenazada por el cambio climático. La semana que termina, Greta Thunberg con una valentía admirable enfrentó a las críticas del mendaz y tambaleante presidente Trump y al conservador presidente brasileño Jair Bolsonaro que la llamó “mocosa” después que ella condenara la muerte de indígenas de la Amazonia que defendían su hábitat y que una ocasión glosé en esta columna semanal.

La voz de la pequeña de 16 años de edad pero grande en el poder de comunicar sus nobles emociones que revelan empatía, es buena grafía de la juventud de hoy, Greta movió más conciencias que los expertos del mundo reunidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2019 que terminó el día 13 en Madrid. Reunión para que, gobierno y pueblo, hagamos el compromiso de proteger el planeta que compartimos. El Secretario General de la ONU expresó que esta es la “mayor ambición y compromiso” de los gobiernos. Concluyó pidiendo responsabilidad y liderazgo para poner fin a la crisis climática.

Por último, que buena decisión de la revista TIME de nominar a Greta Thunberg “Persona del año”. El rezongo de Donald Trump no se hizo esperar, pues una de sus ambiciones es ser él el nominado.

“Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse. Kofi Annan

Los seres humanos contamos con capacidades de diversa índole tanto físicas como intelectuales, de estas últimas está el uso racional de las emociones propias y también de las ajenas que nos ayudan a convivir en sociedad, tener una buena iteración social o ejercicio de asumir una relación con los demás. La era de la comunicación en que nos ha tocado vivir ha desterrado una forma de freno que se aplicaba a niños y a adolescentes para expresar libremente sus emociones. Cuántas veces oímos decir algo como ¡cállate niño, esto no es asunto tuyo! No obstante, la práctica persiste no solamente en menores de edad, también en la discriminación del género femenino de algunas culturas y religiones.

El empuje de la ciencia en general y las ciencias sociales en particular han despertado el tesoro que muchas veces se reprimía en el individuo adolescente. La etapa de la vida que, en su definición la OMS incluye que “se caracteriza por un ritmo de crecimiento y de cambios superado únicamente por el que experimentan los lactantes”.

Hace un par de meses cayó en mis manos un artículo de la española Victoria Toro, experta en el estudio de la psicología del adolecente que me motivó a escribir las anteriores líneas y que ahora lo relaciono con ese prodigio de muchacha sueca que ha cimbrado al mundo por su defensa de la subsistencia de la vida amenazada por el cambio climático. La semana que termina, Greta Thunberg con una valentía admirable enfrentó a las críticas del mendaz y tambaleante presidente Trump y al conservador presidente brasileño Jair Bolsonaro que la llamó “mocosa” después que ella condenara la muerte de indígenas de la Amazonia que defendían su hábitat y que una ocasión glosé en esta columna semanal.

La voz de la pequeña de 16 años de edad pero grande en el poder de comunicar sus nobles emociones que revelan empatía, es buena grafía de la juventud de hoy, Greta movió más conciencias que los expertos del mundo reunidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2019 que terminó el día 13 en Madrid. Reunión para que, gobierno y pueblo, hagamos el compromiso de proteger el planeta que compartimos. El Secretario General de la ONU expresó que esta es la “mayor ambición y compromiso” de los gobiernos. Concluyó pidiendo responsabilidad y liderazgo para poner fin a la crisis climática.

Por último, que buena decisión de la revista TIME de nominar a Greta Thunberg “Persona del año”. El rezongo de Donald Trump no se hizo esperar, pues una de sus ambiciones es ser él el nominado.

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