/ lunes 11 de abril de 2022

Guerra en Europa

Las imágenes que nos llegan de Europa Oriental parecen salidas de la África Subsariana o de Alepo, pero no del continente que se ostenta como el polo del desarrollo mundial.

¡Es que son eslavos!, dirán muchos. Y en efecto, la parte más dañada del conflicto son rusos y ucranianos, pueblos que comparten historia, raza y religión.

Pero hay una fuerza maligna detrás de ese genocidio y se llama Alianza del Atlántico Norte u OTAN por sus siglas, a la cual pertenece el resto de Europa. La OTAN pone las armas y Ucrania los mártires.

En México desde hace siglos tenemos una cosa clara: somos el patio trasero de la nación más poderosa del mundo, la barrera que tiene EU contra el resto de la América pobre, sojuzgada, resentida incluso con los mismos mexicanos por servirle de tapón migratorio al Tío Sam y creernos también norteamericanos por nuestra geografía nada envidiable. Esta realidad nos ha hecho sobrevivir más o menos en condiciones aceptables, ya que el oprimido no busca emanciparse de su opresor, sino solo rogar que éste sea benevolente. Obvio, ese sentido arácnido de supervivencia adquirido a través de los golpes y los siglos, jamás nos permitiría rentarle alguna isla desierta de Baja California a ninguna otra potencia, mucho menos permitirle instalar una base militar, por suponer, en La Isla Tiburón del Mar de Cortés. Me tiemblan las patitas cada que algún presidente incomoda a los norteamericanos, como fue el caso del “Incidente Vela”, cuando obligaron a México a ser garante del tratado de no proliferación de armas nucleares, o la prohibición de los misiles tipo Tláloc que violaban los Tratados de Bucareli y ocasionaron la furia de nuestros vecinos del norte. Más recientemente los guiños pro rusos de la 4T tampoco los hicieron reír. Son mentaditas de madre entre dientes que nos salen caras.

Ucrania es una nación nueva, con apenas 30 años de independencia y azuzada por los enemigos históricos de Rusia, la segunda superpotencia del mundo. ¿En qué cabeza chabacana cupo la idea de siquiera pensar permitirles poner misiles de corto y mediano alcance en sus fronteras a la OTAN? Equivalía a pararlos en el patíbulo. ¿Nada podía salir mal verdad?. Ahora que se rompió la línea los rusos no se detendrán.

Un país no son solo kilómetros cuadrados: es su gente, su infraestructura, las riquezas intangibles, sus raíces culturales. ¿Cómo puede aceptar un presidente como Zelensky el martirio de sus habitantes por seguir órdenes y promesas de otras potencias?, es tanta la tozudez que no le duelen sus hombres de entre 18 y 60 años a quienes ha enlistado en el ejército, en una descarada leva, ni las viudas ni los huérfanos que el ejército ruso va dejando frente y tras de sí.

Y el involucramiento directo de la OTAN sería el peor error que podría cometer la civilizada y civilizadora Europa: Rusia está usando una mínima parte de su ejército (solo mercenarios y reservistas sin experiencia van por ahora al frente de batalla) y de su material bélico, ya que Putin como engabanado, aguarda en las sombras con sus tropas de élite, los hermosos pero letales cisnes blancos, sus aviones de 5ª generación Checkmate y SU 57, los misiles Satán y sus sistemas antisatélites S 550 el inicio de la madre de todas las guerras, en las que ya el Nuevo Orden Mundial comenzó a involucrar a China avivando los rencores de Taiwán, y a la India con el asunto de Cachemira. Israel se ha percibido tibio en su apoyo a occidente debido al “batallón de Azov”, un regimiento neonazi supremacista de la guardia nacional ucraniana con sede en Mariupol que utiliza suásticas y runas.

No sé si soy yo quien ya se volvió loco, o este mundo se está poniendo de cabeza, pero a nadie debiera convenirle que la guerra en Ucrania se prologue o escale a más. Lo demencial es que Europa quiere todo lo contrario.

Las imágenes que nos llegan de Europa Oriental parecen salidas de la África Subsariana o de Alepo, pero no del continente que se ostenta como el polo del desarrollo mundial.

¡Es que son eslavos!, dirán muchos. Y en efecto, la parte más dañada del conflicto son rusos y ucranianos, pueblos que comparten historia, raza y religión.

Pero hay una fuerza maligna detrás de ese genocidio y se llama Alianza del Atlántico Norte u OTAN por sus siglas, a la cual pertenece el resto de Europa. La OTAN pone las armas y Ucrania los mártires.

En México desde hace siglos tenemos una cosa clara: somos el patio trasero de la nación más poderosa del mundo, la barrera que tiene EU contra el resto de la América pobre, sojuzgada, resentida incluso con los mismos mexicanos por servirle de tapón migratorio al Tío Sam y creernos también norteamericanos por nuestra geografía nada envidiable. Esta realidad nos ha hecho sobrevivir más o menos en condiciones aceptables, ya que el oprimido no busca emanciparse de su opresor, sino solo rogar que éste sea benevolente. Obvio, ese sentido arácnido de supervivencia adquirido a través de los golpes y los siglos, jamás nos permitiría rentarle alguna isla desierta de Baja California a ninguna otra potencia, mucho menos permitirle instalar una base militar, por suponer, en La Isla Tiburón del Mar de Cortés. Me tiemblan las patitas cada que algún presidente incomoda a los norteamericanos, como fue el caso del “Incidente Vela”, cuando obligaron a México a ser garante del tratado de no proliferación de armas nucleares, o la prohibición de los misiles tipo Tláloc que violaban los Tratados de Bucareli y ocasionaron la furia de nuestros vecinos del norte. Más recientemente los guiños pro rusos de la 4T tampoco los hicieron reír. Son mentaditas de madre entre dientes que nos salen caras.

Ucrania es una nación nueva, con apenas 30 años de independencia y azuzada por los enemigos históricos de Rusia, la segunda superpotencia del mundo. ¿En qué cabeza chabacana cupo la idea de siquiera pensar permitirles poner misiles de corto y mediano alcance en sus fronteras a la OTAN? Equivalía a pararlos en el patíbulo. ¿Nada podía salir mal verdad?. Ahora que se rompió la línea los rusos no se detendrán.

Un país no son solo kilómetros cuadrados: es su gente, su infraestructura, las riquezas intangibles, sus raíces culturales. ¿Cómo puede aceptar un presidente como Zelensky el martirio de sus habitantes por seguir órdenes y promesas de otras potencias?, es tanta la tozudez que no le duelen sus hombres de entre 18 y 60 años a quienes ha enlistado en el ejército, en una descarada leva, ni las viudas ni los huérfanos que el ejército ruso va dejando frente y tras de sí.

Y el involucramiento directo de la OTAN sería el peor error que podría cometer la civilizada y civilizadora Europa: Rusia está usando una mínima parte de su ejército (solo mercenarios y reservistas sin experiencia van por ahora al frente de batalla) y de su material bélico, ya que Putin como engabanado, aguarda en las sombras con sus tropas de élite, los hermosos pero letales cisnes blancos, sus aviones de 5ª generación Checkmate y SU 57, los misiles Satán y sus sistemas antisatélites S 550 el inicio de la madre de todas las guerras, en las que ya el Nuevo Orden Mundial comenzó a involucrar a China avivando los rencores de Taiwán, y a la India con el asunto de Cachemira. Israel se ha percibido tibio en su apoyo a occidente debido al “batallón de Azov”, un regimiento neonazi supremacista de la guardia nacional ucraniana con sede en Mariupol que utiliza suásticas y runas.

No sé si soy yo quien ya se volvió loco, o este mundo se está poniendo de cabeza, pero a nadie debiera convenirle que la guerra en Ucrania se prologue o escale a más. Lo demencial es que Europa quiere todo lo contrario.