/ viernes 16 de agosto de 2019

Inexplicablemente felices

Los mexicanos lo volvimos a conseguir: según el Índice de Felicidad, creado a partir de encuestas realizadas por las Naciones Unidas, México es de los países más felices del mundo, en su categoría solamente superado por Costa Rica. Increíblemente desconcertante. Al parecer, pasan a segundo término los terribles problemas sociales que día a día ahogan a nuestro colectivo.

Las categorías medidas son: salud, educación, diversidad ambiental, nivel de vida, gobernanza, bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad comunitaria y cultura; el informe clasifica a los países según seis variables claves que procuran el bienestar: ingresos, libertad, confianza, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad.

La felicidad es un concepto abstracto que se vincula con la sucesión de hechos que nos proporcionan alegrías momentáneas. El grado de felicidad, entonces, es directamente proporcional a la obtención de satisfactores, luego, la variable necesidades es determinante. Si esto es así, entonces pudiéramos concluir válidamente que los mexicanos tenemos satisfechas nuestras necesidades, muchas o pocas, lo cual me niego a creer.

El entorno es cada vez más difícil, hostil y mezquino; la naturaleza nos recuerda con mayor frecuencia y rigor, mediante fenómenos atípicos, la mortalidad del ser humano; la ética ha dejado de regir la conducta. Y, sin embargo, somos de lo más felices.

Al parecer, el mexicano da más valor al ámbito privado que al público, a la esfera familiar que a la social, hipótesis que pudiera explicar el resultado. Si esto es así, entonces el mexicano se siente contento con los vínculos de fraternidad y de solidaridad que día a día construye y fortalece en el ámbito familiar y en un entorno inmediato que deriva de la vecindad, de la buena vecindad, sintiéndose aún ajeno a la polis y los desafíos que de ella derivan.

Dice Yuval Noah Harari en su libro De animales a dioses Breve historia de la humanidad (DEBATE, 2017) que la felicidad depende del vínculo entre condiciones objetivas y expectativas subjetivas. Estar satisfecho con lo que se tiene es mucho más importante que obtener más de lo que se desea. Lo anterior me invita a las siguientes reflexiones. ¿El mexicano es conformista, es decir, está satisfecho con lo que tiene? Atento al Índice de Felicidad 2019, sí. ¿Por qué, si consideramos el entorno? Las respuestas pueden variar mucho, desde (i) porque así es y no puedo hacer nada en lo individual para modificarlo, hasta (ii) yo estoy razonablemente bien, por lo que poco importan los demás que poco me ayudan, pasando por el (iii) desconocimiento de que un estatus mejor es posible.

Quizás el mexicano es solitario, individualista y con una gran capacidad de resistencia (como se demostró con los resultados deportivos en la justa Panamericana recién clausurada en Lima, Perú) y por eso prefiere ver por él, antes y sobre los demás. Postura peligrosa.

Entretanto, les invito a que continúen felices, manteniendo la posición en el ranking de la ONU, pues potencialmente, el mexicano tiene todo para justificar ese estatus, por lo que solamente falta, en algunos rubros, pasar de la potencia al acto. Además, hay qué considerar que la felicidad, debemos entenderla en términos concretos, momentáneos, constantes, cotidianos.

germanrodriguez32@hotmail.com

Los mexicanos lo volvimos a conseguir: según el Índice de Felicidad, creado a partir de encuestas realizadas por las Naciones Unidas, México es de los países más felices del mundo, en su categoría solamente superado por Costa Rica. Increíblemente desconcertante. Al parecer, pasan a segundo término los terribles problemas sociales que día a día ahogan a nuestro colectivo.

Las categorías medidas son: salud, educación, diversidad ambiental, nivel de vida, gobernanza, bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad comunitaria y cultura; el informe clasifica a los países según seis variables claves que procuran el bienestar: ingresos, libertad, confianza, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad.

La felicidad es un concepto abstracto que se vincula con la sucesión de hechos que nos proporcionan alegrías momentáneas. El grado de felicidad, entonces, es directamente proporcional a la obtención de satisfactores, luego, la variable necesidades es determinante. Si esto es así, entonces pudiéramos concluir válidamente que los mexicanos tenemos satisfechas nuestras necesidades, muchas o pocas, lo cual me niego a creer.

El entorno es cada vez más difícil, hostil y mezquino; la naturaleza nos recuerda con mayor frecuencia y rigor, mediante fenómenos atípicos, la mortalidad del ser humano; la ética ha dejado de regir la conducta. Y, sin embargo, somos de lo más felices.

Al parecer, el mexicano da más valor al ámbito privado que al público, a la esfera familiar que a la social, hipótesis que pudiera explicar el resultado. Si esto es así, entonces el mexicano se siente contento con los vínculos de fraternidad y de solidaridad que día a día construye y fortalece en el ámbito familiar y en un entorno inmediato que deriva de la vecindad, de la buena vecindad, sintiéndose aún ajeno a la polis y los desafíos que de ella derivan.

Dice Yuval Noah Harari en su libro De animales a dioses Breve historia de la humanidad (DEBATE, 2017) que la felicidad depende del vínculo entre condiciones objetivas y expectativas subjetivas. Estar satisfecho con lo que se tiene es mucho más importante que obtener más de lo que se desea. Lo anterior me invita a las siguientes reflexiones. ¿El mexicano es conformista, es decir, está satisfecho con lo que tiene? Atento al Índice de Felicidad 2019, sí. ¿Por qué, si consideramos el entorno? Las respuestas pueden variar mucho, desde (i) porque así es y no puedo hacer nada en lo individual para modificarlo, hasta (ii) yo estoy razonablemente bien, por lo que poco importan los demás que poco me ayudan, pasando por el (iii) desconocimiento de que un estatus mejor es posible.

Quizás el mexicano es solitario, individualista y con una gran capacidad de resistencia (como se demostró con los resultados deportivos en la justa Panamericana recién clausurada en Lima, Perú) y por eso prefiere ver por él, antes y sobre los demás. Postura peligrosa.

Entretanto, les invito a que continúen felices, manteniendo la posición en el ranking de la ONU, pues potencialmente, el mexicano tiene todo para justificar ese estatus, por lo que solamente falta, en algunos rubros, pasar de la potencia al acto. Además, hay qué considerar que la felicidad, debemos entenderla en términos concretos, momentáneos, constantes, cotidianos.

germanrodriguez32@hotmail.com

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