/ jueves 20 de diciembre de 2018

Ingenioso Hidalgo

En la obra de Cervantes se habla de un gran hombre que dentro de su cuerda locura hablaba de justicia, recordando uno de sus pasajes en donde pide a Sancho que cuando sea juez de una causa sea misericordioso, elemento que, por supuesto nunca se les ocurrirá a nuestros legisladores considerar en la ley positiva, por su escueta preparación, como un elemento importante para conocer qué es lo que le corresponde a cada quien. Tomando como ejemplo en esta ocasión a una persona sencilla, pero de una gran capacidad y sensibilidad hacía la resolución de causas justas, Don Belén Torres quien ejerció durante muchos años el papel de juez menor en la antes sindicatura de Navolato, y en su paso por tal actividad se tropezó con infinidad de conflictos y problemas de los ciudadanos, su sabiduría se convirtió en fama y se dice que tomaba decisiones salomónicas y quijotescas. El Rey de Israel, llamado Salomón, era un personaje que, para buscar la verdad en una disputa, se valía de la lógica y así encontraba el fiel de la balanza para aplicar la justicia de una manera equitativa, sin afectar a los inocentes, lo mismo hacía don Belén Torres, con un toque de Cervantes, por ser innovador de una justicia pragmática. En una de sus actuaciones como juez menor, que antes era la figura central en la aplicación de la justicia en la sindicatura, pues lo mismo calificaba y sancionaba que casaba y divorciaba, se presentó una pareja que llevaba tres años de casados y no podían tener hijos, querían el divorcio. Antes de divorciarlos, les dijo, y como el motivo es por no procrear familia, sepárense tres meses para que la piensen bien, estuvieron de acuerdo, la mujer se fue a vivir con unos familiares a Mazatlán y el hombre se quedó en su casa. Se veían de vez en vez, y al cumplirse los tres meses como habían pactado, la pareja fue a ver a Don Belén y ¡oh sorpresa!, se arrepintieron del divorcio, pues la mujer regresó de Mazatlán con dos meses de embarazo. “Ya ves”, le dijo Don Belén al marido, no que no podían encargar. Protegió la célula de la sociedad que es la familia y si no les hubiera aconsejado extra-lege que se dieran esa oportunidad, las normas positivas les autorizaba su divorcio por ser lo que se considera justo dentro de ese marco normativo. ¿Existirá algún juez que le diga a una pareja a punto de divorciarse que se vayan juntos a un viaje, por ejemplo y regresando los divorcia (con la perspectiva de que ya no quieran hacerlo)? Las normas deben ser mecanismos que “ayuden” solamente a bien resolver, pero jamás nos darán la mejor respuesta, sin la sensibilidad de un hombre que aplica en este caso, como Don Belén, con sentido común. “Leyes hay, lo que falta es justicia, Ernesto Mallo”.

En la obra de Cervantes se habla de un gran hombre que dentro de su cuerda locura hablaba de justicia, recordando uno de sus pasajes en donde pide a Sancho que cuando sea juez de una causa sea misericordioso, elemento que, por supuesto nunca se les ocurrirá a nuestros legisladores considerar en la ley positiva, por su escueta preparación, como un elemento importante para conocer qué es lo que le corresponde a cada quien. Tomando como ejemplo en esta ocasión a una persona sencilla, pero de una gran capacidad y sensibilidad hacía la resolución de causas justas, Don Belén Torres quien ejerció durante muchos años el papel de juez menor en la antes sindicatura de Navolato, y en su paso por tal actividad se tropezó con infinidad de conflictos y problemas de los ciudadanos, su sabiduría se convirtió en fama y se dice que tomaba decisiones salomónicas y quijotescas. El Rey de Israel, llamado Salomón, era un personaje que, para buscar la verdad en una disputa, se valía de la lógica y así encontraba el fiel de la balanza para aplicar la justicia de una manera equitativa, sin afectar a los inocentes, lo mismo hacía don Belén Torres, con un toque de Cervantes, por ser innovador de una justicia pragmática. En una de sus actuaciones como juez menor, que antes era la figura central en la aplicación de la justicia en la sindicatura, pues lo mismo calificaba y sancionaba que casaba y divorciaba, se presentó una pareja que llevaba tres años de casados y no podían tener hijos, querían el divorcio. Antes de divorciarlos, les dijo, y como el motivo es por no procrear familia, sepárense tres meses para que la piensen bien, estuvieron de acuerdo, la mujer se fue a vivir con unos familiares a Mazatlán y el hombre se quedó en su casa. Se veían de vez en vez, y al cumplirse los tres meses como habían pactado, la pareja fue a ver a Don Belén y ¡oh sorpresa!, se arrepintieron del divorcio, pues la mujer regresó de Mazatlán con dos meses de embarazo. “Ya ves”, le dijo Don Belén al marido, no que no podían encargar. Protegió la célula de la sociedad que es la familia y si no les hubiera aconsejado extra-lege que se dieran esa oportunidad, las normas positivas les autorizaba su divorcio por ser lo que se considera justo dentro de ese marco normativo. ¿Existirá algún juez que le diga a una pareja a punto de divorciarse que se vayan juntos a un viaje, por ejemplo y regresando los divorcia (con la perspectiva de que ya no quieran hacerlo)? Las normas deben ser mecanismos que “ayuden” solamente a bien resolver, pero jamás nos darán la mejor respuesta, sin la sensibilidad de un hombre que aplica en este caso, como Don Belén, con sentido común. “Leyes hay, lo que falta es justicia, Ernesto Mallo”.

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