/ martes 14 de julio de 2020

La estrategia SARS-CoV2


Un gran número de columnistas, articulistas y periodistas, así como de actrices y actores políticos, muestran su desacuerdo con la forma en que el Gobierno de México ha enfrentado la pandemia generada por el nuevo coronavirus SARS-CoV2 y, señaladamente, responsabilizan al Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, vocero oficial en la materia, del número de decesos y el dinamismo del acmé de la pandemia, principalmente.

Disminuir la estridencia y enfriar la cabeza, ayudará a aproximarnos a la verdad, auxiliándonos de la Historia, la comparación y el control, es decir, el contraste entre los objetivos planteados y los resultados visibles, cuestionados, sin duda, pero oficiales, obtenidos conforme a cierta metodología.

Para realizar el juicio correspondiente y que éste sea justo, habría qué ponderar las siguientes variables (hechos concretos y verificables): (i) se trata de la peor pandemia de la que ha sido víctima la humanidad, al menos, en el último siglo; (ii) la población mexicana, a nivel mundial, tiene un altísimo grado de comorbilidades -diabetes, hipertensión, obesidad- resultado de décadas de una mala alimentación sustentada en productos chatarra, pues en ocasiones y para algunos sectores poblacionales, resulta más fácil adquirir un litro de soda que beber un litro de agua, pues hay deficientes servicios públicos; (iii) México tiene un sistema de salud deficitario, resultado de decisiones gubernamentales de varios sexenios previos, de ahí la importancia de los pactos hechos -entre otros países- con China, Estados Unidos y Cuba, a efecto de satisfacer las necesidades inmediatas: material clínicos, ventiladores, médicos, por citar algunos; (iiii) México es uno de los países más desiguales del mundo, por lo que no toda la gente tiene la posibilidad de quedarse en casa.

No obstante, por lo que comentan las voces oficiales, nadie ha quedado sin ejercer su derecho a la salud, sin soslayar las decenas de miles de personas que han fallecido. Sin embargo, no hemos visto en nuestro país las lamentables escenas registradas en otras latitudes, en donde la gente no fue atendida en hospitales, de ahí el gran valor del esfuerzo de reconversión hospitalaria hecho en México. En efecto, según la información oficial, quien lamentablemente fallece, no es debido a falta del instrumental necesario, es decir, afortunadamente no se ha actualizado la disyuntiva: salvar a A o salvar a B, en razón de que solamente se disponga de un respirador artificial.

Hago votos para que esto sea el principio de algo grande para nuestro país, aprovechando la crisis originada por la pandemia; sin que esté seguro de que ésta sea calificada de que cayó como anillo al dedo.

Así las cosas, para juzgar adecuadamente la estrategia gubernamental, en lo general, y la responsabilidad del subsecretario, en lo particular, habrá que ponderar no solamente el número de decesos, sino el contexto nacional y global en que la pandemia se instaló en la humanidad.

germanrodriguez32@hotmail.com


Un gran número de columnistas, articulistas y periodistas, así como de actrices y actores políticos, muestran su desacuerdo con la forma en que el Gobierno de México ha enfrentado la pandemia generada por el nuevo coronavirus SARS-CoV2 y, señaladamente, responsabilizan al Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, vocero oficial en la materia, del número de decesos y el dinamismo del acmé de la pandemia, principalmente.

Disminuir la estridencia y enfriar la cabeza, ayudará a aproximarnos a la verdad, auxiliándonos de la Historia, la comparación y el control, es decir, el contraste entre los objetivos planteados y los resultados visibles, cuestionados, sin duda, pero oficiales, obtenidos conforme a cierta metodología.

Para realizar el juicio correspondiente y que éste sea justo, habría qué ponderar las siguientes variables (hechos concretos y verificables): (i) se trata de la peor pandemia de la que ha sido víctima la humanidad, al menos, en el último siglo; (ii) la población mexicana, a nivel mundial, tiene un altísimo grado de comorbilidades -diabetes, hipertensión, obesidad- resultado de décadas de una mala alimentación sustentada en productos chatarra, pues en ocasiones y para algunos sectores poblacionales, resulta más fácil adquirir un litro de soda que beber un litro de agua, pues hay deficientes servicios públicos; (iii) México tiene un sistema de salud deficitario, resultado de decisiones gubernamentales de varios sexenios previos, de ahí la importancia de los pactos hechos -entre otros países- con China, Estados Unidos y Cuba, a efecto de satisfacer las necesidades inmediatas: material clínicos, ventiladores, médicos, por citar algunos; (iiii) México es uno de los países más desiguales del mundo, por lo que no toda la gente tiene la posibilidad de quedarse en casa.

No obstante, por lo que comentan las voces oficiales, nadie ha quedado sin ejercer su derecho a la salud, sin soslayar las decenas de miles de personas que han fallecido. Sin embargo, no hemos visto en nuestro país las lamentables escenas registradas en otras latitudes, en donde la gente no fue atendida en hospitales, de ahí el gran valor del esfuerzo de reconversión hospitalaria hecho en México. En efecto, según la información oficial, quien lamentablemente fallece, no es debido a falta del instrumental necesario, es decir, afortunadamente no se ha actualizado la disyuntiva: salvar a A o salvar a B, en razón de que solamente se disponga de un respirador artificial.

Hago votos para que esto sea el principio de algo grande para nuestro país, aprovechando la crisis originada por la pandemia; sin que esté seguro de que ésta sea calificada de que cayó como anillo al dedo.

Así las cosas, para juzgar adecuadamente la estrategia gubernamental, en lo general, y la responsabilidad del subsecretario, en lo particular, habrá que ponderar no solamente el número de decesos, sino el contexto nacional y global en que la pandemia se instaló en la humanidad.

germanrodriguez32@hotmail.com

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