/ lunes 19 de agosto de 2019

La Flor más Bella del Pantano

Se hablaba del PRIMOR como el entendimiento tácito del PRI con MORENA en un pacto de impunidad subrepticio, pero el reciente encarcelamiento de Rosario Robles Berlanga da por terminado este asegún, por lo menos con el ala del PRI que no ha desertado aún del pantano. Y es que si hay un partido más camaleónico para sobrevivir, es el Revolucionario Institucional. Si tiene que cambiar de color, cambia; si tiene que soltar la cola, la suelta, e incluso es capaz de hacerse el muerto, con tal de despistar a sus adversarios. Sin embargo, sigue siendo en las sombras la maquinaria de corrupción que se ha engrasado durante sus 90 años de vida, desde que nació como el Partido Nacional Revolucionario, PNR.

Es un mecanismo tan perfecto para robar al pueblo y salir impune, que es cierto lo que dice la flor más bella del pantano peñanietista (la Sra Rosario Robles): ¡Que me comprueben dónde firmé algún contrato!

Me explico a continuación con unos versos de Díaz Mirón:

El mérito es el náufrago del alma: vivo se hunde; pero muerto, flota.

Los altos mandos no necesitan firmar nada, porque para eso tienen subordinados a quienes involucran en su lugar. Si sabré eso yo, que firmé como administrador de cientos de contratos que ni la más mínima idea tuve de cómo se licitaron cuando fui director de un nosocomio. Pero era mi deber poner el pecho por mis jefes, hasta conseguir a otro que estuviera dispuesto a comerse un plato de lentejas bajo la espada de Damocles.

También decía Díaz Mirón: Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan. Ojalá mi plumaje sea de esos, porque como mando medio florero, diría Germán Martínez —gatúbelo, lo redefiniría yo-, estuve tres años expuesto a pagar por las tranzas de mis superiores sin siquiera enterarme.

Por lo pronto, la flor más bella del pantano estará un rato a la sombra por una dirección falsa que dio para renovar su licencia de manejo, pero de ahí a que haya algo que la involucre, lo dudo. La maquinaria de la corrupción todavía no se desbiela; pasarán años antes de poderla desmantelar y llevar a juicio a los verdaderos culpables, que siguen siendo innombrables aves de plumaje inmaculado.

Ayer fui, hoy ya no soy. ¿Cuestión filosófica? No, más bien, secreto de Estado.

Se hablaba del PRIMOR como el entendimiento tácito del PRI con MORENA en un pacto de impunidad subrepticio, pero el reciente encarcelamiento de Rosario Robles Berlanga da por terminado este asegún, por lo menos con el ala del PRI que no ha desertado aún del pantano. Y es que si hay un partido más camaleónico para sobrevivir, es el Revolucionario Institucional. Si tiene que cambiar de color, cambia; si tiene que soltar la cola, la suelta, e incluso es capaz de hacerse el muerto, con tal de despistar a sus adversarios. Sin embargo, sigue siendo en las sombras la maquinaria de corrupción que se ha engrasado durante sus 90 años de vida, desde que nació como el Partido Nacional Revolucionario, PNR.

Es un mecanismo tan perfecto para robar al pueblo y salir impune, que es cierto lo que dice la flor más bella del pantano peñanietista (la Sra Rosario Robles): ¡Que me comprueben dónde firmé algún contrato!

Me explico a continuación con unos versos de Díaz Mirón:

El mérito es el náufrago del alma: vivo se hunde; pero muerto, flota.

Los altos mandos no necesitan firmar nada, porque para eso tienen subordinados a quienes involucran en su lugar. Si sabré eso yo, que firmé como administrador de cientos de contratos que ni la más mínima idea tuve de cómo se licitaron cuando fui director de un nosocomio. Pero era mi deber poner el pecho por mis jefes, hasta conseguir a otro que estuviera dispuesto a comerse un plato de lentejas bajo la espada de Damocles.

También decía Díaz Mirón: Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan. Ojalá mi plumaje sea de esos, porque como mando medio florero, diría Germán Martínez —gatúbelo, lo redefiniría yo-, estuve tres años expuesto a pagar por las tranzas de mis superiores sin siquiera enterarme.

Por lo pronto, la flor más bella del pantano estará un rato a la sombra por una dirección falsa que dio para renovar su licencia de manejo, pero de ahí a que haya algo que la involucre, lo dudo. La maquinaria de la corrupción todavía no se desbiela; pasarán años antes de poderla desmantelar y llevar a juicio a los verdaderos culpables, que siguen siendo innombrables aves de plumaje inmaculado.

Ayer fui, hoy ya no soy. ¿Cuestión filosófica? No, más bien, secreto de Estado.

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