/ lunes 4 de octubre de 2021

La Maldición de la Malinche

Somos muchos millones los mexicanos que no tenemos ascendencia náhuatl ni española.

Realmente, eso de que somos el país azteca nos lo ha hecho creer el geocentrismo chilango. La Ciudad de México y su área conurbada, donde se asentaba la antigua capital Mexica y sus pueblos aliados tiene hoy 20 millones de habitantes, pero la antropología social y cultural de México existe más allá de las casetas de peaje del Arco Norte.

Ni la conquista concluyó con la caída de Tenochtitlán, ni existía esa paz y armonía cuatroteista antes de la llegada de los españoles.

De hecho, mis ancestros indígenas son de origen purépecha, enemigos de los aztecas, quienes querían hacerlos pozolli. Por eso, cuando Cuauhtémoc envío emisarios ante el calzoci de Michoacán suplicando ayuda para romper el sitio de Tenochtitlán, el rey tarasco, en respuesta, mandó matar a los emisarios tenochcas.

Gracias a que no se metieron en las broncas de sus enemigos ni para bien ni para mal, el reino purépecha gozó de cierta autonomía hasta 1530 cuando Nuño de Guzmán al mando de mil de sus ya aliados aztecas y tlaxcaltecas asesinó a Tangáxoan II.

Este acto provocó el levantamiento del pueblo purépecha. Eréndira hija de Tangáxoan Tzíntzicha, fue la lideresa durante el tiempo que duró la rebelión que los ejércitos novohispanos que jamás pudieron apaciguarlos con las armas, aunque los españoles tenían un as bajo la manga: la evangelización.

Muchos años pelearon los michoacanos liderados por la princesa Eréndira, quien a lomos del caballo que le robó a un español, condujo varias escaramuzas. La resistencia tarasca terminó, con el suicidio de la princesa, luego de enamorarse de Fray Martín de la Coruña, un sacerdote español.

Lo que hoy es México no era un edén de pueblos que vivían en armonía, eran reinos e imperios peleados a muerte y que si miramos la historia real se pueden volver a fragmentar.

A finales del siglo XIX, Eudocio Jasso Arath, uno de mis tatarabuelos, llegó del Líbano y se instaló cerca de Tzintzuntzan, la antigua capital del reino Purépecha, de donde fue corrido ya entrado el siglo XX, durante la reforma agraria, porque los mismos naturales de Michoacán que le vendieron sus tierras, alegaron luego que él era extranjero, que era un advenedizo, y que esas tierras les correspondían basados en no sé qué real cédula de la época colonial (y eso que no quieren tener nada que ver con los españoles, los conservadores, los neoliberales, etc.).

Por eso me indigna la visión centralista de los últimos festejos patrios, donde invocaron hasta el calendario lunar y de donde más de 100 millones de mexicanos fuimos excluidos por no tener ascendencia azteca ni española. ¿Será también esa la otra maldición de la Malinche?

Nos imponen una interpretación de la historia. ¿Centroamérica o Texas que también formaban parte de la Nueva España y del Primer Imperio Mexicano entran también en la narrativa cuatroteísta y el centralismo tenochca en el que todos debemos conmemorar la resistencia de la capital Azteca? ¿Acaso la historia la disuelven las nuevas fronteras?

La irrealidad de América Latina es una cosa tan real y cotidiana que está totalmente confundida con lo que se entiende por realidad, y la 4T es parte de ese surrealismo al esconder estatuas, inventar fechas y modificar los sucesos que nos convirtieron en una nación plural y mestiza, de la que parecemos renegar.

Somos muchos millones los mexicanos que no tenemos ascendencia náhuatl ni española.

Realmente, eso de que somos el país azteca nos lo ha hecho creer el geocentrismo chilango. La Ciudad de México y su área conurbada, donde se asentaba la antigua capital Mexica y sus pueblos aliados tiene hoy 20 millones de habitantes, pero la antropología social y cultural de México existe más allá de las casetas de peaje del Arco Norte.

Ni la conquista concluyó con la caída de Tenochtitlán, ni existía esa paz y armonía cuatroteista antes de la llegada de los españoles.

De hecho, mis ancestros indígenas son de origen purépecha, enemigos de los aztecas, quienes querían hacerlos pozolli. Por eso, cuando Cuauhtémoc envío emisarios ante el calzoci de Michoacán suplicando ayuda para romper el sitio de Tenochtitlán, el rey tarasco, en respuesta, mandó matar a los emisarios tenochcas.

Gracias a que no se metieron en las broncas de sus enemigos ni para bien ni para mal, el reino purépecha gozó de cierta autonomía hasta 1530 cuando Nuño de Guzmán al mando de mil de sus ya aliados aztecas y tlaxcaltecas asesinó a Tangáxoan II.

Este acto provocó el levantamiento del pueblo purépecha. Eréndira hija de Tangáxoan Tzíntzicha, fue la lideresa durante el tiempo que duró la rebelión que los ejércitos novohispanos que jamás pudieron apaciguarlos con las armas, aunque los españoles tenían un as bajo la manga: la evangelización.

Muchos años pelearon los michoacanos liderados por la princesa Eréndira, quien a lomos del caballo que le robó a un español, condujo varias escaramuzas. La resistencia tarasca terminó, con el suicidio de la princesa, luego de enamorarse de Fray Martín de la Coruña, un sacerdote español.

Lo que hoy es México no era un edén de pueblos que vivían en armonía, eran reinos e imperios peleados a muerte y que si miramos la historia real se pueden volver a fragmentar.

A finales del siglo XIX, Eudocio Jasso Arath, uno de mis tatarabuelos, llegó del Líbano y se instaló cerca de Tzintzuntzan, la antigua capital del reino Purépecha, de donde fue corrido ya entrado el siglo XX, durante la reforma agraria, porque los mismos naturales de Michoacán que le vendieron sus tierras, alegaron luego que él era extranjero, que era un advenedizo, y que esas tierras les correspondían basados en no sé qué real cédula de la época colonial (y eso que no quieren tener nada que ver con los españoles, los conservadores, los neoliberales, etc.).

Por eso me indigna la visión centralista de los últimos festejos patrios, donde invocaron hasta el calendario lunar y de donde más de 100 millones de mexicanos fuimos excluidos por no tener ascendencia azteca ni española. ¿Será también esa la otra maldición de la Malinche?

Nos imponen una interpretación de la historia. ¿Centroamérica o Texas que también formaban parte de la Nueva España y del Primer Imperio Mexicano entran también en la narrativa cuatroteísta y el centralismo tenochca en el que todos debemos conmemorar la resistencia de la capital Azteca? ¿Acaso la historia la disuelven las nuevas fronteras?

La irrealidad de América Latina es una cosa tan real y cotidiana que está totalmente confundida con lo que se entiende por realidad, y la 4T es parte de ese surrealismo al esconder estatuas, inventar fechas y modificar los sucesos que nos convirtieron en una nación plural y mestiza, de la que parecemos renegar.