/ jueves 8 de noviembre de 2018

La otra mirada

“Todos” nuestros actos, en cierto modo, debieran estar regulados por nuestra conciencia, incluyendo la ecología en forma prioritaria. No es exagerado decir que previamente a cualquier decisión uno debiera preguntarse: ¿esto qué voy a hacer, contamina el medio ambiente? Sin embargo, ya sea por ignorancia, comodidad o conveniencia lo omitimos y a veces hasta hacemos lo opuesto. Baste citar el tema de la basura, de los vehículos automotores y de las motocicletas, tres ejemplos de irresponsabilidad ciudadana ocasionados por la falta de conciencia. Aquí me refiero al concepto de conciencia en su connotación más ortodoxa, concepto que no está bien entendido y que se confunde con su connotación moralista o cuando se usa por mero esnobismo.

En el caso de los vehículos, el ciudadano tiene un auto viejo porque su economía no le alcanza para comprar uno de modelo reciente, lo que deriva en actos de corrupción para obtener la calcomanía en los verificentros lo cual es tolerado por el gobierno. Pero aun en el supuesto que la economía mejorara, como lo viene anunciando AMLO, y aun con el exhaustivo control que se estableciera, la corrupción no se terminará porque es un asunto de conciencia personal. Si no se tiene una conciencia nueva, plena y permanente la corrupción no se eliminará. Cabe mencionar, entre paréntesis, que en países de economía y tecnología de vanguardia los autos viejos no existen y los vehículos eléctricos dentro de pocos años serán los que circulen.

Cuando el ciudadano no tiene conciencia, en general, actúa guiado por sus propios intereses. Eso ocasiona que el país no avance. En mi teoría MMC, explico que hay varios niveles de conciencia pero para despertar o renovar nuestra conciencia se debe empezar por salir de nuestra ignorancia. Sin conciencia el hombre se vuelve corruptible y actúa de acuerdo a intereses mezquinos.

Para evitar la corrupción AMLO tendrá que pensar no sólo en mejorar la economía del país sino también educar y cambiar la conciencia de los mexicanos: la clase gobernante, la clase empresarial y la ciudadanía, o sea todos. Es por eso mi afirmación radical de que la conciencia debe regular todos nuestros actos. Una conciencia plena se antepone a intereses propios y nos hace pensar primero en el bien común.

Lo anterior viene al caso debido al gran revuelo que ha causado esta semana el anuncio de que el proyecto del NAIM en Texcoco sería cancelado. AMLO se ha puesto a jugar con fuego, pues independientemente de que sea una solución técnica viable y una correcta decisión económica, hay demasiados intereses que resultarán afectados al dejarlos fuera del negocio, incluyendo toda la corrupción implícita y el interés de quedarse con las 600 Has de los terrenos que ocupa el actual aeropuerto. “Serenidad y paciencia”, ha pedido AMLO emulando al célebre Kaliman.

Como la atención se ha centrado en los aspectos económicos y políticos lo que quiero subrayar aquí es que el medio ambiente debiera de ser la prioridad y luego el bienestar de la ciudadanía, pero eso parece no importarles a quienes se disputan el control del proyecto. Claro que indirectamente la decisión de AMLO ayuda, pues el conservar el vaso de Texcoco coadyuva a detener parcialmente los enormes problemas ambientales, como falta de agua, temperatura ambiente, calidad del aire e inundaciones.

Nos falta conciencia ecológica. En un video que circula en las redes sociales el doctor en ecología, Fernando Córdoba Tapia pone en claro el gran beneficio de conservar el lago de Texcoco.

Este tema es sólo uno de los muchos de carácter ambiental y derivados del calentamiento global que actualmente se tiene no sólo en esta zona metropolitana sino en el país.


JUAN ANTONIO RAZO/ Escritor, consultor y conferencista

“Todos” nuestros actos, en cierto modo, debieran estar regulados por nuestra conciencia, incluyendo la ecología en forma prioritaria. No es exagerado decir que previamente a cualquier decisión uno debiera preguntarse: ¿esto qué voy a hacer, contamina el medio ambiente? Sin embargo, ya sea por ignorancia, comodidad o conveniencia lo omitimos y a veces hasta hacemos lo opuesto. Baste citar el tema de la basura, de los vehículos automotores y de las motocicletas, tres ejemplos de irresponsabilidad ciudadana ocasionados por la falta de conciencia. Aquí me refiero al concepto de conciencia en su connotación más ortodoxa, concepto que no está bien entendido y que se confunde con su connotación moralista o cuando se usa por mero esnobismo.

En el caso de los vehículos, el ciudadano tiene un auto viejo porque su economía no le alcanza para comprar uno de modelo reciente, lo que deriva en actos de corrupción para obtener la calcomanía en los verificentros lo cual es tolerado por el gobierno. Pero aun en el supuesto que la economía mejorara, como lo viene anunciando AMLO, y aun con el exhaustivo control que se estableciera, la corrupción no se terminará porque es un asunto de conciencia personal. Si no se tiene una conciencia nueva, plena y permanente la corrupción no se eliminará. Cabe mencionar, entre paréntesis, que en países de economía y tecnología de vanguardia los autos viejos no existen y los vehículos eléctricos dentro de pocos años serán los que circulen.

Cuando el ciudadano no tiene conciencia, en general, actúa guiado por sus propios intereses. Eso ocasiona que el país no avance. En mi teoría MMC, explico que hay varios niveles de conciencia pero para despertar o renovar nuestra conciencia se debe empezar por salir de nuestra ignorancia. Sin conciencia el hombre se vuelve corruptible y actúa de acuerdo a intereses mezquinos.

Para evitar la corrupción AMLO tendrá que pensar no sólo en mejorar la economía del país sino también educar y cambiar la conciencia de los mexicanos: la clase gobernante, la clase empresarial y la ciudadanía, o sea todos. Es por eso mi afirmación radical de que la conciencia debe regular todos nuestros actos. Una conciencia plena se antepone a intereses propios y nos hace pensar primero en el bien común.

Lo anterior viene al caso debido al gran revuelo que ha causado esta semana el anuncio de que el proyecto del NAIM en Texcoco sería cancelado. AMLO se ha puesto a jugar con fuego, pues independientemente de que sea una solución técnica viable y una correcta decisión económica, hay demasiados intereses que resultarán afectados al dejarlos fuera del negocio, incluyendo toda la corrupción implícita y el interés de quedarse con las 600 Has de los terrenos que ocupa el actual aeropuerto. “Serenidad y paciencia”, ha pedido AMLO emulando al célebre Kaliman.

Como la atención se ha centrado en los aspectos económicos y políticos lo que quiero subrayar aquí es que el medio ambiente debiera de ser la prioridad y luego el bienestar de la ciudadanía, pero eso parece no importarles a quienes se disputan el control del proyecto. Claro que indirectamente la decisión de AMLO ayuda, pues el conservar el vaso de Texcoco coadyuva a detener parcialmente los enormes problemas ambientales, como falta de agua, temperatura ambiente, calidad del aire e inundaciones.

Nos falta conciencia ecológica. En un video que circula en las redes sociales el doctor en ecología, Fernando Córdoba Tapia pone en claro el gran beneficio de conservar el lago de Texcoco.

Este tema es sólo uno de los muchos de carácter ambiental y derivados del calentamiento global que actualmente se tiene no sólo en esta zona metropolitana sino en el país.


JUAN ANTONIO RAZO/ Escritor, consultor y conferencista