/ viernes 8 de noviembre de 2019

Latinoamérica

En ocasiones estamos tan ensimismados en la resolución de los problemas cotidianos, que obviamos nuestro entorno; situación similar ocurre entre pueblos: nos -medio- ocupamos de la vida pública mexicana y solemos ignorar, por estimarlos muy lejanos, lo que ocurre en el resto del mundo, aun y cuando todo, por el fenómeno de la globalización, se encuentra estrechamente vinculado, a grado tal, que lo que ocurre allende nuestra frontera puede tener un alto grado de incidencia en México. En esta ocasión volteemos a América Latina.

Naturalmente, México tiene muchas similitudes con los pueblos latinoamericanos, pueblos hermanos; de ahí los sentimientos encontrados: esperanza y alegría al ver la explosión cívica ciudadana, la unidad para la defensa de los intereses comunes, de las mayorías, y la tristeza a indignación al ver a las fuerzas del orden reprimiendo a quien ejerce su legítimo derecho a la protesta. Pienso, a guisa de ejemplo, en los carabineros chilenos reprimiendo a jóvenes que aún no llegan a su segunda década.

Parece que el péndulo económico está moviéndose de nuevo hacia la izquierda: Argentina acaba de tener una victoria holgada en primera vuelta; en Bolivia, Evo Morales ganó la primera vuelta; en Colombia, en las elecciones seccionales, se quedó con la capital; el gobierno ecuatoriano tuvo que rectificar el aumento a los combustibles, pues el pueblo, comunidades indígenas incluidas, se manifestó a grado tal de llevar a un paro nacional; Chile no aguantó más y el alza a la tarifa del transporte público metro fue el detonante para salir a la calle a protestar por las medidas económicas tomadas en las décadas recientes.

No estoy cierto de que estemos viviendo el fin del neoliberalismo, entendido como el capitalismo salvaje que subordina el Estado a las reglas del mercado, cuya implementación se dio en los albores de la década de los noventa del siglo pasado; tampoco estoy seguro de lo que significa la era postneoliberal (Andrés Manuel López Obrador dixit) y si estamos ingresando a ella. Lo que sí advierto, es que no se trata de izquierdas o de derechas, pues esas categorías de análisis van superándose paulatinamente, sino de que las decisiones públicas tengan a la gente y no al dinero en el centro, de que se convierta en realidad la aspiración de la igualdad entre personas y de oportunidades, de considerar al gobierno como instrumento para alcanzar el bienestar social e individual, de considerar al ser humano como un fin en sí mismo y no como un medio para lograr un fin.

El ideal es la sana convivencia entre el Estado y el mercado, partiendo de la premisa de que este debe ser regulado por aquel, a efecto de que todos ganen: empresarios, trabajadores y, en general, el medio ambiente, tanto natural como social. A todos conviene sociedades menos desiguales.

En este contexto, México se ha vuelto referente latinoamericano, pues el gobierno no ha variado significativamente su ley de ingresos, ha adoptado un plan agresivo de austeridad, ha reorientado a apoyos sociales los recursos recaudados y plantea una política fiscal que termine con el privilegio e incentive al contribuyente cumplido. Veremos qué pasa y veremos si hay algo después del período neoliberal.

germanrodriguez32@hotmail.com

En ocasiones estamos tan ensimismados en la resolución de los problemas cotidianos, que obviamos nuestro entorno; situación similar ocurre entre pueblos: nos -medio- ocupamos de la vida pública mexicana y solemos ignorar, por estimarlos muy lejanos, lo que ocurre en el resto del mundo, aun y cuando todo, por el fenómeno de la globalización, se encuentra estrechamente vinculado, a grado tal, que lo que ocurre allende nuestra frontera puede tener un alto grado de incidencia en México. En esta ocasión volteemos a América Latina.

Naturalmente, México tiene muchas similitudes con los pueblos latinoamericanos, pueblos hermanos; de ahí los sentimientos encontrados: esperanza y alegría al ver la explosión cívica ciudadana, la unidad para la defensa de los intereses comunes, de las mayorías, y la tristeza a indignación al ver a las fuerzas del orden reprimiendo a quien ejerce su legítimo derecho a la protesta. Pienso, a guisa de ejemplo, en los carabineros chilenos reprimiendo a jóvenes que aún no llegan a su segunda década.

Parece que el péndulo económico está moviéndose de nuevo hacia la izquierda: Argentina acaba de tener una victoria holgada en primera vuelta; en Bolivia, Evo Morales ganó la primera vuelta; en Colombia, en las elecciones seccionales, se quedó con la capital; el gobierno ecuatoriano tuvo que rectificar el aumento a los combustibles, pues el pueblo, comunidades indígenas incluidas, se manifestó a grado tal de llevar a un paro nacional; Chile no aguantó más y el alza a la tarifa del transporte público metro fue el detonante para salir a la calle a protestar por las medidas económicas tomadas en las décadas recientes.

No estoy cierto de que estemos viviendo el fin del neoliberalismo, entendido como el capitalismo salvaje que subordina el Estado a las reglas del mercado, cuya implementación se dio en los albores de la década de los noventa del siglo pasado; tampoco estoy seguro de lo que significa la era postneoliberal (Andrés Manuel López Obrador dixit) y si estamos ingresando a ella. Lo que sí advierto, es que no se trata de izquierdas o de derechas, pues esas categorías de análisis van superándose paulatinamente, sino de que las decisiones públicas tengan a la gente y no al dinero en el centro, de que se convierta en realidad la aspiración de la igualdad entre personas y de oportunidades, de considerar al gobierno como instrumento para alcanzar el bienestar social e individual, de considerar al ser humano como un fin en sí mismo y no como un medio para lograr un fin.

El ideal es la sana convivencia entre el Estado y el mercado, partiendo de la premisa de que este debe ser regulado por aquel, a efecto de que todos ganen: empresarios, trabajadores y, en general, el medio ambiente, tanto natural como social. A todos conviene sociedades menos desiguales.

En este contexto, México se ha vuelto referente latinoamericano, pues el gobierno no ha variado significativamente su ley de ingresos, ha adoptado un plan agresivo de austeridad, ha reorientado a apoyos sociales los recursos recaudados y plantea una política fiscal que termine con el privilegio e incentive al contribuyente cumplido. Veremos qué pasa y veremos si hay algo después del período neoliberal.

germanrodriguez32@hotmail.com

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