/ domingo 23 de mayo de 2021

Mezcolanza Política: ¿Democracia O Coyuntura?

Agradezco a todos mis estimados lectores su consideración a esta columna, sobre todo a quienes son asiduos, de repente ahora que he vuelto al café de mi preferencia y allí encuentro algunos –ya saben a quienes me refiero- comentan sobre lo que escribo y pues, muchas gracias. Además, entre ellos, hay buenos amigos de ambos géneros. Y una cosa es notable: La congruencia y una saludable libertad de expresión, crítica bien intencionada, porque ojalá recibiéramos opiniones bien fundadas sobre nuestro trabajo, precisamente para mejorar.

Por ello, viene a colación reiterar que, como es usual, hago alguna crítica –incluso, propuestas- que van dirigidas a funcionarios, o representantes populares o, ahora por ser su momento, a candidatos, no es nada personal, sino en su carácter de personas con injerencia en el ejercicio público-político-partidista y, al mismo tiempo, sé que, dada la naturaleza humana puede haber alguna molestia por los señalamientos aquí vertidos y, a la vez, que en ocasiones puedo cometer algún error de apreciación –que enseguida, corrijo-. Así es pues, el ejercicio del comentario, el análisis, la crítica, o las posiciones políticas e ideológicas, por más que hoy, ya se consideran hasta anacrónicas, como hemos vista la cohesión, que no siempre es congruente para algunos: La mezcolanza de partidos, de personajes, incluso, que suponíamos contrarios u opuestos.

Lo que nos lleva a la pregunta: ¿No importa hoy la ideología política? Si vemos los hechos y, a ciertos actores políticos actuales –por más que provengan de antaño- es fácil concluir que a éstos, no les importa la ideología. El caso más reciente, resulta el candidato de AN, para la presidencia municipal de Celaya, cuyo origen se suponía priísta, luego, también presumiendo por la gente de buena fe que creyó así, votaron en 2018, por una línea independiente, incluso, de hartazgo de los Partidos Políticos, de los funcionarios o representantes surgidos de esos Institutos Políticos (Lo que es todavía una apreciación generalizada en la sociedad celayense, que se traduce como la falta de credibilidad de Partidos y sus actores), de adolecer de políticas públicas útiles, de una nula sensibilidad social y un largo etcétera. Después, viene para los cándidos ciudadanos, la sorpresa mayúscula: Un cambio radical e incongruente, calzarse la camiseta azulalba, por dicho aspirante a la presidencia municipal. ¿Qué decir de su “equipo”? Tienen la misma tendencia, la mezcolanza indiscriminada de partidarios del PRI, Verdes, incluso, algunos de izquierda. ¡Ah! Falta decir, que dicho candidato sostiene que no importan los Partidos, ni los colores políticos. ¿Entonces para qué cobijarse con AN? Coyuntura simple. Finalmente, incongruente.

Lo anterior, sería sano si de verdad se tratara de una tolerancia pluripartidista, como una propuesta de alianzas, sin embargo, al menos los que están a la vista, la mayoría son gente interesada en colocarse en la próxima administración, claro, dan por sentado que su candidato ganará, aunque en el ínter, se anden comprando consciencias con despensas, con numerario (Dicen que de $500.00 para arriba), haciendo recolección de copias de las credenciales del INE, (eso se ha denunciado en las redes sociales), en fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¿Seremos todavía los ciudadanos celayenses, tan cándidos? Algunos con más fondo, nos tacharían de irresponsables cívicos, si tomamos en serio a ciertos candidatos, sobre todo, a los demagogos o hasta los que no saben en que andan –tal vez, le tiran al menos a una regiduría que alivie su economía-. Es necesario hacer un alto para ponderar, no sólo a los once candidatos de ambos géneros, sino a nosotros mismos como votantes y hacernos respetar, no debemos ser títeres de ningún oportunista. ¿Sería en tal caso, mejor pasarnos al “otro pan” (partido abstencionista nacional)? No. Hay que votar bajo la reflexión de nuestro poder como ciudadanos, esa es nuestra prioridad, nuestro derecho y obligación. Cuídense por favor.

Agradezco a todos mis estimados lectores su consideración a esta columna, sobre todo a quienes son asiduos, de repente ahora que he vuelto al café de mi preferencia y allí encuentro algunos –ya saben a quienes me refiero- comentan sobre lo que escribo y pues, muchas gracias. Además, entre ellos, hay buenos amigos de ambos géneros. Y una cosa es notable: La congruencia y una saludable libertad de expresión, crítica bien intencionada, porque ojalá recibiéramos opiniones bien fundadas sobre nuestro trabajo, precisamente para mejorar.

Por ello, viene a colación reiterar que, como es usual, hago alguna crítica –incluso, propuestas- que van dirigidas a funcionarios, o representantes populares o, ahora por ser su momento, a candidatos, no es nada personal, sino en su carácter de personas con injerencia en el ejercicio público-político-partidista y, al mismo tiempo, sé que, dada la naturaleza humana puede haber alguna molestia por los señalamientos aquí vertidos y, a la vez, que en ocasiones puedo cometer algún error de apreciación –que enseguida, corrijo-. Así es pues, el ejercicio del comentario, el análisis, la crítica, o las posiciones políticas e ideológicas, por más que hoy, ya se consideran hasta anacrónicas, como hemos vista la cohesión, que no siempre es congruente para algunos: La mezcolanza de partidos, de personajes, incluso, que suponíamos contrarios u opuestos.

Lo que nos lleva a la pregunta: ¿No importa hoy la ideología política? Si vemos los hechos y, a ciertos actores políticos actuales –por más que provengan de antaño- es fácil concluir que a éstos, no les importa la ideología. El caso más reciente, resulta el candidato de AN, para la presidencia municipal de Celaya, cuyo origen se suponía priísta, luego, también presumiendo por la gente de buena fe que creyó así, votaron en 2018, por una línea independiente, incluso, de hartazgo de los Partidos Políticos, de los funcionarios o representantes surgidos de esos Institutos Políticos (Lo que es todavía una apreciación generalizada en la sociedad celayense, que se traduce como la falta de credibilidad de Partidos y sus actores), de adolecer de políticas públicas útiles, de una nula sensibilidad social y un largo etcétera. Después, viene para los cándidos ciudadanos, la sorpresa mayúscula: Un cambio radical e incongruente, calzarse la camiseta azulalba, por dicho aspirante a la presidencia municipal. ¿Qué decir de su “equipo”? Tienen la misma tendencia, la mezcolanza indiscriminada de partidarios del PRI, Verdes, incluso, algunos de izquierda. ¡Ah! Falta decir, que dicho candidato sostiene que no importan los Partidos, ni los colores políticos. ¿Entonces para qué cobijarse con AN? Coyuntura simple. Finalmente, incongruente.

Lo anterior, sería sano si de verdad se tratara de una tolerancia pluripartidista, como una propuesta de alianzas, sin embargo, al menos los que están a la vista, la mayoría son gente interesada en colocarse en la próxima administración, claro, dan por sentado que su candidato ganará, aunque en el ínter, se anden comprando consciencias con despensas, con numerario (Dicen que de $500.00 para arriba), haciendo recolección de copias de las credenciales del INE, (eso se ha denunciado en las redes sociales), en fin.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: ¿Seremos todavía los ciudadanos celayenses, tan cándidos? Algunos con más fondo, nos tacharían de irresponsables cívicos, si tomamos en serio a ciertos candidatos, sobre todo, a los demagogos o hasta los que no saben en que andan –tal vez, le tiran al menos a una regiduría que alivie su economía-. Es necesario hacer un alto para ponderar, no sólo a los once candidatos de ambos géneros, sino a nosotros mismos como votantes y hacernos respetar, no debemos ser títeres de ningún oportunista. ¿Sería en tal caso, mejor pasarnos al “otro pan” (partido abstencionista nacional)? No. Hay que votar bajo la reflexión de nuestro poder como ciudadanos, esa es nuestra prioridad, nuestro derecho y obligación. Cuídense por favor.