/ martes 16 de febrero de 2021

No hay Ciencia Neoliberal

A propósito de las miles de vacunas que han llegado a nuestro país en días recientes, provenientes de lugares en donde se tiene la capacidad de generarlas, es que se propone una reflexión en torno a la ciencia y al calificativo de neoliberal que se le ha endilgado.

Comencemos a partir, de la definición: ciencia es un concepto que acepta una multiplicidad de definiciones, luego, no hay solamente una. Una definición generalmente aceptada es la gramatical, que refiere que se trata de un conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente. Por su parte, el neoliberalismo se trata del pensamiento y política económica capitalista, que pugna por la liberalización de la economía y la reducción del gasto público; más mercado, menos Estado.

Por tanto, la ciencia carece de ideología. A partir del método científico se obtienen resultados; en el caso que es de mi interés comentar en esta ocasión, la ciencia (como concepto) hace que surjan vacunas contra el bicho pandémico SARS-CoV-2. Ahora bien, para tener resultados científicos (hacer ciencia) se requieren muchos recursos, por lo que solamente los Estados o las empresas muy poderosas en el ramo, es que tienen la capacidad de proporcionar, hoy por hoy, la anhelada vacuna; seis o siete sellos (o marcas) nada más, en todo el mundo.

Lo que sí puede resultar neoliberal, es el enfoque que le damos a la salud y, en consecuencia, a los medicamentos para preservar aquella en buen estado, estimándolos como mercancía y dándole tratamiento acorde a las leyes del mercado: su efectiva disponibilidad se encuentra condicionada a la capacidad económica para adquirirla; luego, quien no tenga dinero, estaría condenado a una salud deficiente o deplorable por carecer de capacidad de compra de medicamentos.

En México, la salud es un derecho humano consignado en el artículo 4, párrafo cuarto, constitucional: Toda Persona (Sic) tiene derecho a la protección de la salud y el Estado tiene la obligación de garantizar la extensión progresiva, cuantitativa y cualitativa de los servicios de salud para la atención integral y gratuita de las personas que no cuenten con seguridad social (las que sí cuenten, se desprende, también debe estar garantizada tal extensión).

En ese orden de ideas, ¿qué más da el origen o nacionalidad de la vacuna (alemana, china, cubana, norteamericana, mexicana, rusa)? Lo verdaderamente importante es que cumpla con la normativa que en materia de salud emita el Estado en cuya población pretende aplicarse y los lineamientos internacionales correspondientes, autorizados y supervisados por instancias supranacionales.

Aún falta para terminar con esta terrible pandemia, por los que las medidas sanitarias siguen vigentes, más aún, creo que llegaron para quedarse: aseo continuo de manos, guardar sana distancia, estornudo de etiqueta y uso de mascarilla (este pudiera modificarse, en el futuro). Sin embargo, están cerca las vacunas, cuya aplicación será gratuita. Si el gobierno diera a elegir, ¿preferiría alguna nacionalidad de la vacuna o se pondría cualquiera que cumpla con los requisitos correspondientes?

germanrodriguez32@hotmail.com

A propósito de las miles de vacunas que han llegado a nuestro país en días recientes, provenientes de lugares en donde se tiene la capacidad de generarlas, es que se propone una reflexión en torno a la ciencia y al calificativo de neoliberal que se le ha endilgado.

Comencemos a partir, de la definición: ciencia es un concepto que acepta una multiplicidad de definiciones, luego, no hay solamente una. Una definición generalmente aceptada es la gramatical, que refiere que se trata de un conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente. Por su parte, el neoliberalismo se trata del pensamiento y política económica capitalista, que pugna por la liberalización de la economía y la reducción del gasto público; más mercado, menos Estado.

Por tanto, la ciencia carece de ideología. A partir del método científico se obtienen resultados; en el caso que es de mi interés comentar en esta ocasión, la ciencia (como concepto) hace que surjan vacunas contra el bicho pandémico SARS-CoV-2. Ahora bien, para tener resultados científicos (hacer ciencia) se requieren muchos recursos, por lo que solamente los Estados o las empresas muy poderosas en el ramo, es que tienen la capacidad de proporcionar, hoy por hoy, la anhelada vacuna; seis o siete sellos (o marcas) nada más, en todo el mundo.

Lo que sí puede resultar neoliberal, es el enfoque que le damos a la salud y, en consecuencia, a los medicamentos para preservar aquella en buen estado, estimándolos como mercancía y dándole tratamiento acorde a las leyes del mercado: su efectiva disponibilidad se encuentra condicionada a la capacidad económica para adquirirla; luego, quien no tenga dinero, estaría condenado a una salud deficiente o deplorable por carecer de capacidad de compra de medicamentos.

En México, la salud es un derecho humano consignado en el artículo 4, párrafo cuarto, constitucional: Toda Persona (Sic) tiene derecho a la protección de la salud y el Estado tiene la obligación de garantizar la extensión progresiva, cuantitativa y cualitativa de los servicios de salud para la atención integral y gratuita de las personas que no cuenten con seguridad social (las que sí cuenten, se desprende, también debe estar garantizada tal extensión).

En ese orden de ideas, ¿qué más da el origen o nacionalidad de la vacuna (alemana, china, cubana, norteamericana, mexicana, rusa)? Lo verdaderamente importante es que cumpla con la normativa que en materia de salud emita el Estado en cuya población pretende aplicarse y los lineamientos internacionales correspondientes, autorizados y supervisados por instancias supranacionales.

Aún falta para terminar con esta terrible pandemia, por los que las medidas sanitarias siguen vigentes, más aún, creo que llegaron para quedarse: aseo continuo de manos, guardar sana distancia, estornudo de etiqueta y uso de mascarilla (este pudiera modificarse, en el futuro). Sin embargo, están cerca las vacunas, cuya aplicación será gratuita. Si el gobierno diera a elegir, ¿preferiría alguna nacionalidad de la vacuna o se pondría cualquiera que cumpla con los requisitos correspondientes?

germanrodriguez32@hotmail.com