/ domingo 22 de marzo de 2020

Nuevos Rumbos

Voz en el desierto, la petición de auxilio de Celaya

Doble tragedia vive Celaya en estos momentos en materia de inseguridad. La primera, porque es víctima de los ataques delincuenciales cada vez más fuertes. Y la segunda, porque ni las autoridades estatales ni federales le hacen caso a las autoridades municipales en su grito de ayuda para enfrentar la primera tragedia.

El viernes 13, en sesión de Ayuntamiento, la presidenta municipal Elvira Paniagua Rodríguez hizo un llamado de ayuda, que más bien sonó a clamor de auxilio, al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, y al gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo –mencionados directamente por sus nombres y cargos- para que le ayuden a Celaya en este embate de violencia.

Lo que específicamente pidió la alcaldesa, respaldada con la presencia de los otros 12 integrantes del Ayuntamiento, de todas las fuerzas políticas, fue a intensificar la presencia de las Fuerzas de Seguridad Pública de cada uno de los dos niveles de gobierno, federal y estatal, de manera efectiva y permanente.

Precisó que la presencia efectiva implica capacidad de coordinación, suficientes elementos para cubrir el territorio municipal, equipados adecuadamente y con presupuesto propio para restablecer el orden y la paz en el municipio, independientemente de los esfuerzos que se estén haciendo en otros municipios de la región.

Dijo que reconocen el compromiso de los cuerpos municipales de seguridad que con gran valor salen todos los días a hacer frente a estos hechos. Sin embargo, las capacidades preventivas de una policía municipal exigen coordinación con las fuerzas estatales y federales.

“No bajamos la guardia. Confiamos en que este llamado tendrá eco y será escuchado por nuestro presidente y nuestro gobernador para lograr la paz que los celayenses merecemos”, comentó.

Este grito de auxilio se dio como resultado de una difícil e intensa semana de violencia contra la ciudad.

El martes 10, en todos los accesos carreteros a Celaya, fueron colocados trailers, automóviles o llantas incendiados y además hubo dos bloqueos, en la autopista y en la carretera libre a Salamanca.

Todo esto, durante cuatro horas como reacción a un operativo realizado por las fuerzas federales y estatales en Juventino Rosas.

Luego, el jueves 12, en una emboscada nocturna, fue asesinado, dentro de su patrulla, Antonio Zumaya Arteaga, director de la Policía Auxiliar, y también José Luis Montes Santos, empleado administrativo de la Secretaría de Seguridad Pública.


Sin respuesta de Paseo de la Presa ni de Palacio Nacional

No obstante la gravedad de los acontecimientos referidos, que fueron los últimos capítulos de la violencia que viven los celayenses desde hace por lo menos dos años, este llamado de ayuda lanzado a nombre de todos los guanajuatenses, encontró oídos sordos tanto en el Palacete de Paseo de la Presa, en Guanajuato capital, y en Palacio Nacional. Sus habitantes simplemente no se dieron por aludidos y mucho menos dieron una respuesta.

El martes 17, paradójicamente después del evento de firma de convenio del Gobierno del Estado con 17 municipios para que reciban los recursos del Programa de Fortalecimiento a la Seguridad (Fortaseg) de este año, reporteros le preguntaron al gobernador Diego Sinhué Rodríguez sobre el llamado de auxilio hecho por Elvira Paniagua Rodríguez.

La escueta respuesta del mandatario fue que ese tema se tratara con Sophía Huett López, vocera de seguridad estatal, pero ella no había asistido a ese evento. Desde ese día, hasta el momento de escribir estas líneas, ayer, no se había hecho ningún pronunciamiento alguno al respecto.

En el caso del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, la desatención fue la misma. Durante sus conferencias de prensa del lunes 16 y martes 17 no abordó el tema de la petición de ayuda de Celaya.

El lunes, trató tres temas: el coronavirus, a cargo de Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud; el informe sobre Quién es Quién en los Precios de los Combustibles, tema que se ha vuelto recurrente en “las mañaneras”, a cargo del guanajuatense Ricardo Sheffield Padilla.

Y, en tercer lugar, el avance en las obras en la construcción de la refinería y en la construcción del nuevo aeropuerto militar y civil Felipe Ángeles.

Después, Jesús Ramírez, vocero del Gobierno Federal, expuso sobre la nueva campaña o la nueva etapa de esta campaña antidrogas entre jóvenes.

Pero Celaya no fue tema.

Es entendible que la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus en el estado y en el país absorban la mayor parte de las preocupaciones y agenda de ambos mandatarios.

Pero los dos tampoco pueden ignorar la otra situación de emergencia y zozobra en que viven miles de celayenses desde hace por lo menos dos años causada por la violencia en este municipio. Son guanajuatenses y mexicanos que viven todos los días en la indefensión ante los embates de la delincuencia.

Ni la presidenta municipal, sea la actual o cualquiera que la suceda en el cargo, ni la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a cargo de Miguel Angel Simental, tienen la capacidad de armamento, de inteligencia policiaca, de cuerpos policiacos especializados y ni las facultades legales para combatir al crimen organizado, que es el autor de la inseguridad en esta ciudad.

Pero además de eso, esta ciudad es un importante polo regional industrial, que genera miles de empleos y es asiento de grandes empresas no sólo nacionales, sino trasnacionales que también deben ser resguardadas para conservar los puestos de trabajo y la inversión que dan de comer todos los días a miles de celayenses y habitantes de municipios circunvecinos.

No se puede dejar “a la buena de Dios” a esta ciudad.


Voz en el desierto, la petición de auxilio de Celaya

Doble tragedia vive Celaya en estos momentos en materia de inseguridad. La primera, porque es víctima de los ataques delincuenciales cada vez más fuertes. Y la segunda, porque ni las autoridades estatales ni federales le hacen caso a las autoridades municipales en su grito de ayuda para enfrentar la primera tragedia.

El viernes 13, en sesión de Ayuntamiento, la presidenta municipal Elvira Paniagua Rodríguez hizo un llamado de ayuda, que más bien sonó a clamor de auxilio, al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, y al gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo –mencionados directamente por sus nombres y cargos- para que le ayuden a Celaya en este embate de violencia.

Lo que específicamente pidió la alcaldesa, respaldada con la presencia de los otros 12 integrantes del Ayuntamiento, de todas las fuerzas políticas, fue a intensificar la presencia de las Fuerzas de Seguridad Pública de cada uno de los dos niveles de gobierno, federal y estatal, de manera efectiva y permanente.

Precisó que la presencia efectiva implica capacidad de coordinación, suficientes elementos para cubrir el territorio municipal, equipados adecuadamente y con presupuesto propio para restablecer el orden y la paz en el municipio, independientemente de los esfuerzos que se estén haciendo en otros municipios de la región.

Dijo que reconocen el compromiso de los cuerpos municipales de seguridad que con gran valor salen todos los días a hacer frente a estos hechos. Sin embargo, las capacidades preventivas de una policía municipal exigen coordinación con las fuerzas estatales y federales.

“No bajamos la guardia. Confiamos en que este llamado tendrá eco y será escuchado por nuestro presidente y nuestro gobernador para lograr la paz que los celayenses merecemos”, comentó.

Este grito de auxilio se dio como resultado de una difícil e intensa semana de violencia contra la ciudad.

El martes 10, en todos los accesos carreteros a Celaya, fueron colocados trailers, automóviles o llantas incendiados y además hubo dos bloqueos, en la autopista y en la carretera libre a Salamanca.

Todo esto, durante cuatro horas como reacción a un operativo realizado por las fuerzas federales y estatales en Juventino Rosas.

Luego, el jueves 12, en una emboscada nocturna, fue asesinado, dentro de su patrulla, Antonio Zumaya Arteaga, director de la Policía Auxiliar, y también José Luis Montes Santos, empleado administrativo de la Secretaría de Seguridad Pública.


Sin respuesta de Paseo de la Presa ni de Palacio Nacional

No obstante la gravedad de los acontecimientos referidos, que fueron los últimos capítulos de la violencia que viven los celayenses desde hace por lo menos dos años, este llamado de ayuda lanzado a nombre de todos los guanajuatenses, encontró oídos sordos tanto en el Palacete de Paseo de la Presa, en Guanajuato capital, y en Palacio Nacional. Sus habitantes simplemente no se dieron por aludidos y mucho menos dieron una respuesta.

El martes 17, paradójicamente después del evento de firma de convenio del Gobierno del Estado con 17 municipios para que reciban los recursos del Programa de Fortalecimiento a la Seguridad (Fortaseg) de este año, reporteros le preguntaron al gobernador Diego Sinhué Rodríguez sobre el llamado de auxilio hecho por Elvira Paniagua Rodríguez.

La escueta respuesta del mandatario fue que ese tema se tratara con Sophía Huett López, vocera de seguridad estatal, pero ella no había asistido a ese evento. Desde ese día, hasta el momento de escribir estas líneas, ayer, no se había hecho ningún pronunciamiento alguno al respecto.

En el caso del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, la desatención fue la misma. Durante sus conferencias de prensa del lunes 16 y martes 17 no abordó el tema de la petición de ayuda de Celaya.

El lunes, trató tres temas: el coronavirus, a cargo de Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud; el informe sobre Quién es Quién en los Precios de los Combustibles, tema que se ha vuelto recurrente en “las mañaneras”, a cargo del guanajuatense Ricardo Sheffield Padilla.

Y, en tercer lugar, el avance en las obras en la construcción de la refinería y en la construcción del nuevo aeropuerto militar y civil Felipe Ángeles.

Después, Jesús Ramírez, vocero del Gobierno Federal, expuso sobre la nueva campaña o la nueva etapa de esta campaña antidrogas entre jóvenes.

Pero Celaya no fue tema.

Es entendible que la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus en el estado y en el país absorban la mayor parte de las preocupaciones y agenda de ambos mandatarios.

Pero los dos tampoco pueden ignorar la otra situación de emergencia y zozobra en que viven miles de celayenses desde hace por lo menos dos años causada por la violencia en este municipio. Son guanajuatenses y mexicanos que viven todos los días en la indefensión ante los embates de la delincuencia.

Ni la presidenta municipal, sea la actual o cualquiera que la suceda en el cargo, ni la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a cargo de Miguel Angel Simental, tienen la capacidad de armamento, de inteligencia policiaca, de cuerpos policiacos especializados y ni las facultades legales para combatir al crimen organizado, que es el autor de la inseguridad en esta ciudad.

Pero además de eso, esta ciudad es un importante polo regional industrial, que genera miles de empleos y es asiento de grandes empresas no sólo nacionales, sino trasnacionales que también deben ser resguardadas para conservar los puestos de trabajo y la inversión que dan de comer todos los días a miles de celayenses y habitantes de municipios circunvecinos.

No se puede dejar “a la buena de Dios” a esta ciudad.


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