/ lunes 24 de enero de 2022

Otro Dilema

En México, buena parte de la economía se sustenta en las remesas que llegan de los Estados Unidos, ya sea que las transfieran paisanos indocumentados, residentes legales o braceros con visa temporal de trabajo. Estás últimas las tramita un patrón a quienes cumplen los requisitos para que vayan ciertos periodos de tiempo a la siembra y recolección del campo.

El problema para el visado de trabajo es ahora el tema de las vacunas anti COVID, pero no si están o no inmunizados los eventuales trabajadores, sino la marca específica de la vacuna.

Como no es desconocido para nadie, en México te aplican el biológico que te toque y en un díaseñalado de acuerdo a la edad. Aquí no hay opciones de escoger, se toma lo que hay en determinado municipio: Cancino, Pfizer, AstraZeneca, Sinovac o Spuntik que son las de mayor circulación en el país. Eso de ponerse sus moños para vacunarse es la peor y última tontería que han cometido miles.

El problema es, y eso lo considero realmente una guerra comercial de la peor bajeza, que existen vacunas que han probado su eficacia, pero no son aceptadas para viajar a EU o la Unión Europea. No estamos hablando de teléfonos celulares o tarjetas de crédito para que sean o no aceptadas, sino de vidas humanas. No comprendo las razones por las cuales negar la entrada a personas inmunizadas con la que para mí es la más adelantada de todas las vacunas: Spuntik V, misma que le aplicaron a la población más joven y activa de Guanajuato y la que según estudios, ofrece mejor protección contra la variante Omicron.

Habrá que ver los efectos económicos a uno y otro lado de la frontera norte, ahora que cientos de adultos jóvenes que cada año eran contratados por ranchos y empresas estadounidenses para recoger la siembra, no puedan tramitar su visa de trabajo por una situación de intereses económicos de las grandes transnacionales que lucran con la salud y la economía de las naciones emergentes.

Vaya dilema moral, ¿no es así?

En México, buena parte de la economía se sustenta en las remesas que llegan de los Estados Unidos, ya sea que las transfieran paisanos indocumentados, residentes legales o braceros con visa temporal de trabajo. Estás últimas las tramita un patrón a quienes cumplen los requisitos para que vayan ciertos periodos de tiempo a la siembra y recolección del campo.

El problema para el visado de trabajo es ahora el tema de las vacunas anti COVID, pero no si están o no inmunizados los eventuales trabajadores, sino la marca específica de la vacuna.

Como no es desconocido para nadie, en México te aplican el biológico que te toque y en un díaseñalado de acuerdo a la edad. Aquí no hay opciones de escoger, se toma lo que hay en determinado municipio: Cancino, Pfizer, AstraZeneca, Sinovac o Spuntik que son las de mayor circulación en el país. Eso de ponerse sus moños para vacunarse es la peor y última tontería que han cometido miles.

El problema es, y eso lo considero realmente una guerra comercial de la peor bajeza, que existen vacunas que han probado su eficacia, pero no son aceptadas para viajar a EU o la Unión Europea. No estamos hablando de teléfonos celulares o tarjetas de crédito para que sean o no aceptadas, sino de vidas humanas. No comprendo las razones por las cuales negar la entrada a personas inmunizadas con la que para mí es la más adelantada de todas las vacunas: Spuntik V, misma que le aplicaron a la población más joven y activa de Guanajuato y la que según estudios, ofrece mejor protección contra la variante Omicron.

Habrá que ver los efectos económicos a uno y otro lado de la frontera norte, ahora que cientos de adultos jóvenes que cada año eran contratados por ranchos y empresas estadounidenses para recoger la siembra, no puedan tramitar su visa de trabajo por una situación de intereses económicos de las grandes transnacionales que lucran con la salud y la economía de las naciones emergentes.

Vaya dilema moral, ¿no es así?