/ viernes 15 de noviembre de 2019

Pensamiento Crítico

¿Saben quién fue Teresa Panza?

Teresa Panza, es la mujer de Sancho Panza en El Quijote y sigue el crecimiento en importancia de su marido a través del desarrollo del libro. Las primeras veces que Sancho la menciona, ella ocupa tan escasa parte en las previsiones del autor, que su nombre aparece cambiante y variable por pura distracción: En el segundo volumen de la obra, su nombre queda en claro, como Teresa Panza. Su personalidad es ya rotunda, humanísima y sabia que trata de disuadir a su marido de una nueva salida con Don Quijote. A ella no la convencen las promesas de Don Quijote, y mucho menos la perspectiva de ver a su marido hecho un día rey de tierras lejanas. Por eso, traduciendo al contado tan vagos sueños, convence a Sancho, una vez visto que es inevitable su salida, de que pida a Don Quijote sueldo fijo de escudero. Después queda Teresa Panza en la aldea, aguardando el fin de las aventuras, pero la broma de los duques le permite inesperadamente tener noticias de su marido: Un paje llega de Aragón para traerle regalos y cartas que demuestran la subida de Sancho Panza al poder. Ella no lo creería en absoluto si no fuera por los regalos: Las dos cartas que manda escribir en su júbilo, de respuesta a la duquesa y a Sancho, son las mejores cartas de toda la obra de Cervantes, en especial la dirigida a su marido: Es la comadre de pueblo, astuta pero exuberante, vivaz en su charla, que después de celebrar el triunfo de Sancho encuentra tiempo para hacer, en media página, una perfecta crónica de la vida de la aldea en todo el tiempo de la ausencia de Sancho. Así, esta pueblerina refrenda el vigor de realidad que Sancho Panza adquiere, especialmente en la segunda parte de la obra, ya en plano de absoluta igualdad con la figura de Don Quijote, y haciendo palidecer los mundos de los aristócratas burladores y de los hombres sabios del pueblo (cura, barbero, bachiller), en cuya estupefacción ella se complace mostrándoles la realidad del sueño de Sancho y su amo, después de no haber creído jamás en él. Sin duda detrás de un gran hombre siempre habrá una gran mujer. “Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer, Antonio Machado”. @ArellanoRabiela

¿Saben quién fue Teresa Panza?

Teresa Panza, es la mujer de Sancho Panza en El Quijote y sigue el crecimiento en importancia de su marido a través del desarrollo del libro. Las primeras veces que Sancho la menciona, ella ocupa tan escasa parte en las previsiones del autor, que su nombre aparece cambiante y variable por pura distracción: En el segundo volumen de la obra, su nombre queda en claro, como Teresa Panza. Su personalidad es ya rotunda, humanísima y sabia que trata de disuadir a su marido de una nueva salida con Don Quijote. A ella no la convencen las promesas de Don Quijote, y mucho menos la perspectiva de ver a su marido hecho un día rey de tierras lejanas. Por eso, traduciendo al contado tan vagos sueños, convence a Sancho, una vez visto que es inevitable su salida, de que pida a Don Quijote sueldo fijo de escudero. Después queda Teresa Panza en la aldea, aguardando el fin de las aventuras, pero la broma de los duques le permite inesperadamente tener noticias de su marido: Un paje llega de Aragón para traerle regalos y cartas que demuestran la subida de Sancho Panza al poder. Ella no lo creería en absoluto si no fuera por los regalos: Las dos cartas que manda escribir en su júbilo, de respuesta a la duquesa y a Sancho, son las mejores cartas de toda la obra de Cervantes, en especial la dirigida a su marido: Es la comadre de pueblo, astuta pero exuberante, vivaz en su charla, que después de celebrar el triunfo de Sancho encuentra tiempo para hacer, en media página, una perfecta crónica de la vida de la aldea en todo el tiempo de la ausencia de Sancho. Así, esta pueblerina refrenda el vigor de realidad que Sancho Panza adquiere, especialmente en la segunda parte de la obra, ya en plano de absoluta igualdad con la figura de Don Quijote, y haciendo palidecer los mundos de los aristócratas burladores y de los hombres sabios del pueblo (cura, barbero, bachiller), en cuya estupefacción ella se complace mostrándoles la realidad del sueño de Sancho y su amo, después de no haber creído jamás en él. Sin duda detrás de un gran hombre siempre habrá una gran mujer. “Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer, Antonio Machado”. @ArellanoRabiela

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