/ domingo 24 de enero de 2021

Reconciliación

“Siempre hay una luz, solo si somos lo suficiente valientes para verla. Solo si somos suficiente valientes para hacerlo” Amanda Gorman.

Curar heridas y desarticular la competencia nacida del proselitismo de campaña, es propósito del discurso inaugural del dirigente de cualquier país. Tratando de conciliar conflictos, se pueden aplicar las palabras del presidente Gustavo Díaz Ordaz pronunciadas poco antes de los trágicos sucesos del 2 de octubre de 1968; “Es mucho lo que nos une y poco lo que nos divide”.

Más allá de la esfera teológica, donde la reconciliación implica el perdón y aceptar las faltas cometidas, en la vida democrática es uno de los pilares de la paz y la concordia. Restablecer logros perdidos donde todos los actores sociales participen en la solución de los problemas con respeto a la opinión de los demás. Sentarse a discutir con quienes fueron opositores y no crear rivales. Restituir la armonía por el daño de políticas erráticas y escuchar a la ciudadanía ignorada. Ese es el desafío del nuevo presidente de los Estados Unidos, Mr. Joseph R. Biden Jr. más conocido como Joe Biden.

Hace cuatro días se repitió la historia en la ciudad de Washington D. C. Con sensatas y emotivas palabras lo expresó el segundo presidente católico en toda la historia de los Estados Unidos al tomar posesión del mando del país más poderoso de la tierra. Sin embargo, dado el entorno espinoso y conflictivo, su discurso cobró sublimidad después de los aciagos cuatro años de la presidencia del mendaz Mr. Donald Trump, quien bajo su delirante actitud se empeñó en destruir los valores comenzados a labrar desde el año 1776 cuando las trece colonias establecidas en la costa atlántica de Norteamérica alcanzaron su independencia. Más de dos siglos de historia que el marrullero Trump intentó destruir.

Fue ocasión para redescubrir la fragilidad de la democracia en el país que presume ser modelo de la misma.

De entender que la conjunción de poder entre ciudadanía y el presidente de la república tiene aristas y ángulos de fragilidad. Para fortuna de los estadounidenses, llegó al poder un restaurador de los quebrantos que no llegaron a destruir las bases que erigieron George Washington, John Adams, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson y James Madison.

La ceremonia del 20 de enero en el capitolio de la capital de los Estados Unidos fue inédita, donde se escucharon las voces y el canto de las minorías. En la parafernalia del solemne acto, fue conmovedor escuchar el himno nacional interpretado con magnificencia por Lady Gaga; el toque latino de Jennifer López y por encima de todos, las palabras de la afroamericana e hija de madre soltera, la joven poeta Amanda Gorman que le dio excelsitud a la investidura de Joe Biden.

“Siempre hay una luz, solo si somos lo suficiente valientes para verla. Solo si somos suficiente valientes para hacerlo” Amanda Gorman.

Curar heridas y desarticular la competencia nacida del proselitismo de campaña, es propósito del discurso inaugural del dirigente de cualquier país. Tratando de conciliar conflictos, se pueden aplicar las palabras del presidente Gustavo Díaz Ordaz pronunciadas poco antes de los trágicos sucesos del 2 de octubre de 1968; “Es mucho lo que nos une y poco lo que nos divide”.

Más allá de la esfera teológica, donde la reconciliación implica el perdón y aceptar las faltas cometidas, en la vida democrática es uno de los pilares de la paz y la concordia. Restablecer logros perdidos donde todos los actores sociales participen en la solución de los problemas con respeto a la opinión de los demás. Sentarse a discutir con quienes fueron opositores y no crear rivales. Restituir la armonía por el daño de políticas erráticas y escuchar a la ciudadanía ignorada. Ese es el desafío del nuevo presidente de los Estados Unidos, Mr. Joseph R. Biden Jr. más conocido como Joe Biden.

Hace cuatro días se repitió la historia en la ciudad de Washington D. C. Con sensatas y emotivas palabras lo expresó el segundo presidente católico en toda la historia de los Estados Unidos al tomar posesión del mando del país más poderoso de la tierra. Sin embargo, dado el entorno espinoso y conflictivo, su discurso cobró sublimidad después de los aciagos cuatro años de la presidencia del mendaz Mr. Donald Trump, quien bajo su delirante actitud se empeñó en destruir los valores comenzados a labrar desde el año 1776 cuando las trece colonias establecidas en la costa atlántica de Norteamérica alcanzaron su independencia. Más de dos siglos de historia que el marrullero Trump intentó destruir.

Fue ocasión para redescubrir la fragilidad de la democracia en el país que presume ser modelo de la misma.

De entender que la conjunción de poder entre ciudadanía y el presidente de la república tiene aristas y ángulos de fragilidad. Para fortuna de los estadounidenses, llegó al poder un restaurador de los quebrantos que no llegaron a destruir las bases que erigieron George Washington, John Adams, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson y James Madison.

La ceremonia del 20 de enero en el capitolio de la capital de los Estados Unidos fue inédita, donde se escucharon las voces y el canto de las minorías. En la parafernalia del solemne acto, fue conmovedor escuchar el himno nacional interpretado con magnificencia por Lady Gaga; el toque latino de Jennifer López y por encima de todos, las palabras de la afroamericana e hija de madre soltera, la joven poeta Amanda Gorman que le dio excelsitud a la investidura de Joe Biden.