/ martes 8 de junio de 2021

Reflexiones en Torno a mi Credencial del INE

No siempre he pensado que el sector público debería administrarse igual que el sector privado. Pensaba que había grandes diferencias entre ambos y, entonces, cada uno con sus finalidades, objetivos y visiones distintas, por lo que había que atender a ellas y administrarse de manera diversa. Hoy estimo que no son tan distintos y que hay que administrarlos de manera similar; sí atendiendo a sus particularidades, pero buscando hacer eficientes sus recursos, administrarlos con honestidad y buscando siempre los mejores resultados de la gestión. En el sector privado se le denomina Productividad; en el público, Efectividad.

Esta reflexión la tuve la semana pasada, a raíz de un evento que me ocurrió en una tienda departamental y que comparto a continuación.

Cuento con una tarjeta de crédito de la tienda departamental en cuestión; si la utilizo, me dan puntos con los que puedo comprar en la propia tienda y, en algunas ocasiones, un descuento adicional si lo envío a una cuenta revolvente. No entiendo muy bien la forma en que opera su sistema de crédito; algunos trabajadores de la tienda, tampoco. Es muy complejo y complicado. Después de aproximadamente un año y medio, acudí a la tienda -no me gusta ir con frecuencia- e iba a comprar un par consumibles utilizando mi crédito, para que me generara puntos que, algún día, se transformaran en un par de calcetines.

Mi tarjeta había sido desactivada; debían activarla en el departamento de Atención a Clientes. Acudí. Mostré mi credencial para votar con fotografía, debidamente expedida por el entonces Instituto Federal Electoral, pues debía demostrar mi identidad. Tras un par de teclazos (resultado de este mundo tecnológico), me notificaron que no podían activar mi tarjeta, pues mi credencia no era vigente al tener fecha de vigencia hasta el año 2020.

Enseguida argumenté que ya había declarado el Dr. Lorenzo Córdova Vianello, Presidente del Consejo General del INE, que debido al evento pandémico del que aún no salimos, se extendía la vigencia de las credenciales para votar con fotografía cuyo vencimiento se actualizaba en 2020, hasta realizarse la jornada electoral del seis de junio de 2021.

Cuestioné que, si el Instituto Nacional Electoral, que es la autoridad en la materia, lo permitía, era razonable pensar que una tienda departamental, también lo permitiría. Mi argumento fue inoperante, pues, me comentaron, la tienda tiene sus propios criterios.

Aún no se publicaba en el Diario Oficial de la Federación del 3 de junio de 2021, el Acuerdo del Consejo General del Instituto Nacional Electoral por el que se aprueba que las credenciales 2019 y 2020 que no han sido renovadas, siguen siendo vigentes al uno de agosto de 2021, con motivo de la jornada de la Consulta Popular; sin embargo, intuyo que, aún argumentándolo, el resultado hubiera sido el mismo: no activarían mi tarjeta de crédito.

El resultado es previsible: imposibilidad de utilizar mi tarjeta de crédito de la tienda departamental, en lo tocante al sector privado; y, en el público, mis votos depositados en las urnas el domingo próximo pasado, por cierto, una jornada electoral -al menos en mi casilla- pletórica de votantes: mi tiempo de duración desde que me formé hasta que salí de votar fue de una hora y cuarenta y cinco minutos. Tiempo récord.

germanrodriguez32@hotmail.com

No siempre he pensado que el sector público debería administrarse igual que el sector privado. Pensaba que había grandes diferencias entre ambos y, entonces, cada uno con sus finalidades, objetivos y visiones distintas, por lo que había que atender a ellas y administrarse de manera diversa. Hoy estimo que no son tan distintos y que hay que administrarlos de manera similar; sí atendiendo a sus particularidades, pero buscando hacer eficientes sus recursos, administrarlos con honestidad y buscando siempre los mejores resultados de la gestión. En el sector privado se le denomina Productividad; en el público, Efectividad.

Esta reflexión la tuve la semana pasada, a raíz de un evento que me ocurrió en una tienda departamental y que comparto a continuación.

Cuento con una tarjeta de crédito de la tienda departamental en cuestión; si la utilizo, me dan puntos con los que puedo comprar en la propia tienda y, en algunas ocasiones, un descuento adicional si lo envío a una cuenta revolvente. No entiendo muy bien la forma en que opera su sistema de crédito; algunos trabajadores de la tienda, tampoco. Es muy complejo y complicado. Después de aproximadamente un año y medio, acudí a la tienda -no me gusta ir con frecuencia- e iba a comprar un par consumibles utilizando mi crédito, para que me generara puntos que, algún día, se transformaran en un par de calcetines.

Mi tarjeta había sido desactivada; debían activarla en el departamento de Atención a Clientes. Acudí. Mostré mi credencial para votar con fotografía, debidamente expedida por el entonces Instituto Federal Electoral, pues debía demostrar mi identidad. Tras un par de teclazos (resultado de este mundo tecnológico), me notificaron que no podían activar mi tarjeta, pues mi credencia no era vigente al tener fecha de vigencia hasta el año 2020.

Enseguida argumenté que ya había declarado el Dr. Lorenzo Córdova Vianello, Presidente del Consejo General del INE, que debido al evento pandémico del que aún no salimos, se extendía la vigencia de las credenciales para votar con fotografía cuyo vencimiento se actualizaba en 2020, hasta realizarse la jornada electoral del seis de junio de 2021.

Cuestioné que, si el Instituto Nacional Electoral, que es la autoridad en la materia, lo permitía, era razonable pensar que una tienda departamental, también lo permitiría. Mi argumento fue inoperante, pues, me comentaron, la tienda tiene sus propios criterios.

Aún no se publicaba en el Diario Oficial de la Federación del 3 de junio de 2021, el Acuerdo del Consejo General del Instituto Nacional Electoral por el que se aprueba que las credenciales 2019 y 2020 que no han sido renovadas, siguen siendo vigentes al uno de agosto de 2021, con motivo de la jornada de la Consulta Popular; sin embargo, intuyo que, aún argumentándolo, el resultado hubiera sido el mismo: no activarían mi tarjeta de crédito.

El resultado es previsible: imposibilidad de utilizar mi tarjeta de crédito de la tienda departamental, en lo tocante al sector privado; y, en el público, mis votos depositados en las urnas el domingo próximo pasado, por cierto, una jornada electoral -al menos en mi casilla- pletórica de votantes: mi tiempo de duración desde que me formé hasta que salí de votar fue de una hora y cuarenta y cinco minutos. Tiempo récord.

germanrodriguez32@hotmail.com