/ martes 4 de mayo de 2021

Reflexiones en Torno al Trabajo

A propósito del Primero de Mayo, fecha en que conmemoramos el Día del Trabajo, me permito compartir algunas reflexiones, refiriéndome no solamente al trabajo personal y subordinado, cuya protección constitucional se encuentra prevista en el artículo 123 de la Ley Fundamental, garantía social que ubicó al mexicano, como un constitucionalismo social de vanguardia en los albores del siglo pasado y que fungió como inspiración de movimientos sociales de gran envergadura que derivaron en importantes revoluciones por y a favor de la clase trabajadora, sino en un sentido más amplio, como la libertad ocupacional a que se refiere el artículo cinco de nuestra Carta Magna. El trabajo entendido como un medio de subsistencia para el ser humano que le permite abonar en el desarrollo de las dimensiones esenciales que tiene, la pública y la privada.

Se parte de la idea de que todos tenemos derecho a un trabajo digno y socialmente útil; por tanto, se trata de un derecho humano cuyo ejercicio contribuye a la consecución del bien común, en consecuencia, el Estado debe generar las mejores condiciones, no solamente para que haya trabajo, sino para que éste se ofrezca en condiciones dignas y no de precariedad. En ese contexto, es que cobran relevancia dos reformas, publicadas respectivamente en el Diario Oficial de la Federación el 11 de enero de 2021 y el 23 de abril de 2021, ésta en materia de subcontratación laboral, aquella, de teletrabajo.

Lo cierto, es que estamos viviendo una época dinámica que, estimo, está cambiando el rumbo de la Historia y que, guardadas las proporciones, podría equiparar a la revolución industrial. Hoy estamos viviendo una revolución tecnológica, visiblemente acelerada el año pasado el que, por necesidad, nos vimos obligados al uso frecuente, necesario y novedoso de plataformas, aplicaciones y comercio electrónico, entre otros.

El trabajo dignifica al ser humano y nos hace partícipes de lo colectivo, nos permite proveer satisfactores y contribuir al bienestar social; funge como un puente para alcanzar la felicidad individual y, en el mejor de los casos, para algunas personas, es la felicidad en sí misma, de ahí que resulta notoriamente equivocado el chascarrillo que dice que el trabajo es tan malo que nos deben pagar por realizarlo. Afortunados quienes, como yo, percibimos un salario por hacer lo que nos gusta.

Con lo expuesto, se infiere que el trabajo es un bien de primera necesidad para las personas; no debemos ni podemos carecer de él, más aún en el caso de los obreros o de quienes dependemos de un salario para nuestra subsistencia y el de nuestras familias; no obstante, tener un trabajo (entendido como una ocupación productiva), también resulta indispensable para quienes no necesitan de un salario, pues hay qué tener presente que la ociosidad es la madre de todos los vicios y éstos, tarde o temprano, derivan en infelicidad, por lo que incumpliríamos nuestro principal deber, en nuestro carácter de seres humanos.

Así pues, la recomendación para ocuparnos en lo que nos gusta, lo cual lleva de suyo la felicidad; si nuestra actividad ordinaria no gusta tanto, entonces, disfrutemos de los satisfactores que nos puede brindar el fruto de la misma.

germanrodriguez32@hotmail.com

A propósito del Primero de Mayo, fecha en que conmemoramos el Día del Trabajo, me permito compartir algunas reflexiones, refiriéndome no solamente al trabajo personal y subordinado, cuya protección constitucional se encuentra prevista en el artículo 123 de la Ley Fundamental, garantía social que ubicó al mexicano, como un constitucionalismo social de vanguardia en los albores del siglo pasado y que fungió como inspiración de movimientos sociales de gran envergadura que derivaron en importantes revoluciones por y a favor de la clase trabajadora, sino en un sentido más amplio, como la libertad ocupacional a que se refiere el artículo cinco de nuestra Carta Magna. El trabajo entendido como un medio de subsistencia para el ser humano que le permite abonar en el desarrollo de las dimensiones esenciales que tiene, la pública y la privada.

Se parte de la idea de que todos tenemos derecho a un trabajo digno y socialmente útil; por tanto, se trata de un derecho humano cuyo ejercicio contribuye a la consecución del bien común, en consecuencia, el Estado debe generar las mejores condiciones, no solamente para que haya trabajo, sino para que éste se ofrezca en condiciones dignas y no de precariedad. En ese contexto, es que cobran relevancia dos reformas, publicadas respectivamente en el Diario Oficial de la Federación el 11 de enero de 2021 y el 23 de abril de 2021, ésta en materia de subcontratación laboral, aquella, de teletrabajo.

Lo cierto, es que estamos viviendo una época dinámica que, estimo, está cambiando el rumbo de la Historia y que, guardadas las proporciones, podría equiparar a la revolución industrial. Hoy estamos viviendo una revolución tecnológica, visiblemente acelerada el año pasado el que, por necesidad, nos vimos obligados al uso frecuente, necesario y novedoso de plataformas, aplicaciones y comercio electrónico, entre otros.

El trabajo dignifica al ser humano y nos hace partícipes de lo colectivo, nos permite proveer satisfactores y contribuir al bienestar social; funge como un puente para alcanzar la felicidad individual y, en el mejor de los casos, para algunas personas, es la felicidad en sí misma, de ahí que resulta notoriamente equivocado el chascarrillo que dice que el trabajo es tan malo que nos deben pagar por realizarlo. Afortunados quienes, como yo, percibimos un salario por hacer lo que nos gusta.

Con lo expuesto, se infiere que el trabajo es un bien de primera necesidad para las personas; no debemos ni podemos carecer de él, más aún en el caso de los obreros o de quienes dependemos de un salario para nuestra subsistencia y el de nuestras familias; no obstante, tener un trabajo (entendido como una ocupación productiva), también resulta indispensable para quienes no necesitan de un salario, pues hay qué tener presente que la ociosidad es la madre de todos los vicios y éstos, tarde o temprano, derivan en infelicidad, por lo que incumpliríamos nuestro principal deber, en nuestro carácter de seres humanos.

Así pues, la recomendación para ocuparnos en lo que nos gusta, lo cual lleva de suyo la felicidad; si nuestra actividad ordinaria no gusta tanto, entonces, disfrutemos de los satisfactores que nos puede brindar el fruto de la misma.

germanrodriguez32@hotmail.com