/ lunes 9 de noviembre de 2020

Sálvese Quien Pueda

Ante la tormenta tropical Eta, que obligó el desfogue de la presa de Peñitas, el presidente pidió a la población tabasqueña que habita zonas bajas, que se refugien con familiares o en albergues de zonas altas.

Hace 25 años, hice mi servicio social como médico cirujano y partero en la Chontalpa, específicamente en el municipio de Paraíso, donde está el puerto de Dos Bocas. Lo primero que llamó mi atención en cuanto llegué al estado de Tabasco, fue lo plano del terreno: un inmenso valle ocupado por pantanos, manglares, ríos, lagunas y barras de arena tipo albuferas, pero sin ningún cerro. Excepto en la subregión de La Sierra que colinda con Chiapas, en Tabasco no existen zonas altas.

Eso lo debería saber el presidente ya que es su tierra.

Las inundaciones no son nuevas para los chocos, es el precio que tienen que pagar por tener una de las tierras más fértiles del país, y con los mejores pastos para el ganado. En un año que duré allá, mi centro de salud, ubicado en La Unión Segunda Sección, se fue al agua varios meses luego del azote de los huracanes Opal y Roxana. La gente se resguardaba del agua en el dosel de la selva, yo me refugié en la planta alta de un mercado, y todo intercambio humano y comercial se hacía a través de cayucos y lanchas de motor. Luego se activó el plan DN III y llegaron los helicópteros a rescatar a la gente de las copas de las ceibas, yo me quedé atendiendo a la población en el mercado hasta que meses después retrocedió el agua y pude regresar al centro de salud. Pero no fueron días, sino semanas, lo que duró en secarse la selva luego del paso de los dos huracanes.

Yo lo viví en carne propia, por eso no me parece sensata la recomendación presidencial, y mucho menos, ahora que ya no se cuenta con el FONDEN.

Los políticos necesitan darse el baño de pueblo que nos damos los médicos durante el año de servicio social, para aprender a ser más empáticos con sus ciudadanos. Dormir 3 días en un árbol o 3 meses en un mercado, para que sepan de lo que hablan.

Ante la tormenta tropical Eta, que obligó el desfogue de la presa de Peñitas, el presidente pidió a la población tabasqueña que habita zonas bajas, que se refugien con familiares o en albergues de zonas altas.

Hace 25 años, hice mi servicio social como médico cirujano y partero en la Chontalpa, específicamente en el municipio de Paraíso, donde está el puerto de Dos Bocas. Lo primero que llamó mi atención en cuanto llegué al estado de Tabasco, fue lo plano del terreno: un inmenso valle ocupado por pantanos, manglares, ríos, lagunas y barras de arena tipo albuferas, pero sin ningún cerro. Excepto en la subregión de La Sierra que colinda con Chiapas, en Tabasco no existen zonas altas.

Eso lo debería saber el presidente ya que es su tierra.

Las inundaciones no son nuevas para los chocos, es el precio que tienen que pagar por tener una de las tierras más fértiles del país, y con los mejores pastos para el ganado. En un año que duré allá, mi centro de salud, ubicado en La Unión Segunda Sección, se fue al agua varios meses luego del azote de los huracanes Opal y Roxana. La gente se resguardaba del agua en el dosel de la selva, yo me refugié en la planta alta de un mercado, y todo intercambio humano y comercial se hacía a través de cayucos y lanchas de motor. Luego se activó el plan DN III y llegaron los helicópteros a rescatar a la gente de las copas de las ceibas, yo me quedé atendiendo a la población en el mercado hasta que meses después retrocedió el agua y pude regresar al centro de salud. Pero no fueron días, sino semanas, lo que duró en secarse la selva luego del paso de los dos huracanes.

Yo lo viví en carne propia, por eso no me parece sensata la recomendación presidencial, y mucho menos, ahora que ya no se cuenta con el FONDEN.

Los políticos necesitan darse el baño de pueblo que nos damos los médicos durante el año de servicio social, para aprender a ser más empáticos con sus ciudadanos. Dormir 3 días en un árbol o 3 meses en un mercado, para que sepan de lo que hablan.