/ domingo 12 de julio de 2020

Sine qua non

El Tiempo pasado: ¿Fue mejor?

Estimados lectores la intención primordial de quien esto redacta es y ha sido, motivar la reflexión, invitar a la toma de las decisiones dentro del rango inteligente y realista. Por supuesto, con una óptica veraz y oportuna, sin soslayar que se debe guardar respeto y distancia saludable de corrientes que puedan resultar antagónicas, lo que se traduce en que no sigo y menos aún mercantilizo mi columna o mi opinión o mi postura sociopolítica. Para quienes me conocen no es necesaria tal explicación, pero tampoco está de sobra.

¿Por qué inicio con la aclaración anterior? Es simple: Se agilizan ya las concurrencias políticas electorales en nuestro panorama ciudadano y surgen a la vez algunas “ofertas”, incluso, de personajes que han demostrado ser perniciosos, lejanos de los flagelos sociales, nacen grupos y partidos políticos nacionales o locales cuyos “líderes” nos han causado perjuicios que algunos casos son hasta de Lesa Humanidad, cantan pues, “las sirenas” y los ciudadanos debemos estar muy atentos. Y los que existen, ya saben ustedes cómo se las gastan.

En el caso de nuestro Estado, existe hoy día –por mucho que nos pese y duela- una situación muy compleja y de alcances todavía no determinados, aunque sí imaginables: El desgobierno. En donde los factores pueden ser inclusive, aleatorios –como la pandemia- y sumando el desbordamiento del terrorismo delincuencial, pero que a la par nos parece que no hay ni la voluntad, menos la intención y peor, la solución requerida. Ya en algún momento se alzaron voces que pedían se decretara la desaparición de los Poderes, lo que significaría el desmoronamiento legal de todo el aparato gubernativo. Nos pareció exagerada la medida, sin embargo, a la fecha parece que puede ser un remedio necesario y urgente, más allá del supuesto o real antagonismo político entre Diego Sinhué y Andrés Manuel, porque desgraciadamente ambos dos están alejados de los verdaderos asuntos que nos afectan a los guanajuatenses. Así pues, el PAN no tiene oposición formal que le haga mella, o que pueda ser un contrapeso (21 de 22 diputados, son azules y además, han sumado a uno que otro de la “oposición”: ¿Cuál democracia?).

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: En cualquier régimen democrático, con toda la relatividad de cada caso concreto, se viene evitando que intervengan quienes deberían hacerlo: Los ciudadanos. De ahí tanto Partido y agrupación política que surgen y se mantienen al margen de la realidad social, tal y como está de moda decir: “Tengo otros datos”. Sin embargo, esas son todavía las herramientas político-electorales que tenemos para intervenir en el entramado político, y algunos tenemos la esperanza –que se dice es propia de los tontos- o la paciencia –acusada de ser característica de los lerdos- que por fin se ejerza la hasta ahora ficción jurídica-constitucional, denominada Soberanía Popular. Y si los representantes populares que no son ni una ni otra, no sirven a los intereses ciudadanos, es justo que sean defenestrados al incumplir con el mandato popular, con todo y se escuden en la Libertad y Soberanía Constitucional del Estado Federativo, porque por ellos mismos no dimitirán. Somos los ciudadanos quienes debemos exigir de manera organizada y sin caer en la violencia que de por sí nos asola, la desaparición legal de los Poderes Estatales que hoy, a querer o no, son por acción –inacción mejor dicho- y omisión, responsables de que siga la incertidumbre socioeconómica, la inseguridad, la impunidad y el terrorismo. ¿Les parece poco, señoras y señores gobernantes? La dignidad obliga. Estimados lectores tienen la última opinión. Cuídense.

El Tiempo pasado: ¿Fue mejor?

Estimados lectores la intención primordial de quien esto redacta es y ha sido, motivar la reflexión, invitar a la toma de las decisiones dentro del rango inteligente y realista. Por supuesto, con una óptica veraz y oportuna, sin soslayar que se debe guardar respeto y distancia saludable de corrientes que puedan resultar antagónicas, lo que se traduce en que no sigo y menos aún mercantilizo mi columna o mi opinión o mi postura sociopolítica. Para quienes me conocen no es necesaria tal explicación, pero tampoco está de sobra.

¿Por qué inicio con la aclaración anterior? Es simple: Se agilizan ya las concurrencias políticas electorales en nuestro panorama ciudadano y surgen a la vez algunas “ofertas”, incluso, de personajes que han demostrado ser perniciosos, lejanos de los flagelos sociales, nacen grupos y partidos políticos nacionales o locales cuyos “líderes” nos han causado perjuicios que algunos casos son hasta de Lesa Humanidad, cantan pues, “las sirenas” y los ciudadanos debemos estar muy atentos. Y los que existen, ya saben ustedes cómo se las gastan.

En el caso de nuestro Estado, existe hoy día –por mucho que nos pese y duela- una situación muy compleja y de alcances todavía no determinados, aunque sí imaginables: El desgobierno. En donde los factores pueden ser inclusive, aleatorios –como la pandemia- y sumando el desbordamiento del terrorismo delincuencial, pero que a la par nos parece que no hay ni la voluntad, menos la intención y peor, la solución requerida. Ya en algún momento se alzaron voces que pedían se decretara la desaparición de los Poderes, lo que significaría el desmoronamiento legal de todo el aparato gubernativo. Nos pareció exagerada la medida, sin embargo, a la fecha parece que puede ser un remedio necesario y urgente, más allá del supuesto o real antagonismo político entre Diego Sinhué y Andrés Manuel, porque desgraciadamente ambos dos están alejados de los verdaderos asuntos que nos afectan a los guanajuatenses. Así pues, el PAN no tiene oposición formal que le haga mella, o que pueda ser un contrapeso (21 de 22 diputados, son azules y además, han sumado a uno que otro de la “oposición”: ¿Cuál democracia?).

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: En cualquier régimen democrático, con toda la relatividad de cada caso concreto, se viene evitando que intervengan quienes deberían hacerlo: Los ciudadanos. De ahí tanto Partido y agrupación política que surgen y se mantienen al margen de la realidad social, tal y como está de moda decir: “Tengo otros datos”. Sin embargo, esas son todavía las herramientas político-electorales que tenemos para intervenir en el entramado político, y algunos tenemos la esperanza –que se dice es propia de los tontos- o la paciencia –acusada de ser característica de los lerdos- que por fin se ejerza la hasta ahora ficción jurídica-constitucional, denominada Soberanía Popular. Y si los representantes populares que no son ni una ni otra, no sirven a los intereses ciudadanos, es justo que sean defenestrados al incumplir con el mandato popular, con todo y se escuden en la Libertad y Soberanía Constitucional del Estado Federativo, porque por ellos mismos no dimitirán. Somos los ciudadanos quienes debemos exigir de manera organizada y sin caer en la violencia que de por sí nos asola, la desaparición legal de los Poderes Estatales que hoy, a querer o no, son por acción –inacción mejor dicho- y omisión, responsables de que siga la incertidumbre socioeconómica, la inseguridad, la impunidad y el terrorismo. ¿Les parece poco, señoras y señores gobernantes? La dignidad obliga. Estimados lectores tienen la última opinión. Cuídense.

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