/ domingo 4 de octubre de 2020

Sine qua non

Sesgos Políticos

No es privativo del discurso político, pero cuando se busca la participación ciudadana y se le imponen propuestas oblicuas, para esquivar la norma constitucional, entramos entonces a lo difuso o de menos subjetivo. Eso parece a primera vista la tan llevada y traída auscultación dirigida a la ciudadanía en relación a opinar si se deben llevar a juicio a los expresidentes (de Salinas a Peña). Y como la Carta Magna Federal marca la posibilidad bajo ciertos requisitos de procedibilidad, entre ellos, primero, declarar la constitucionalidad de la propuesta, ahí está el primer punto toral. Inicialmente, se conoció la postura –creo que correcta- de concluir que tal planteamiento tal y como fue presentado al Senado y luego a la Suprema Corte, por el Presidente de México, resultó inconstitucional.

Luego de un arduo debate entre los once ministros, en los que aquellos que recién han entrado y curiosamente a propuesta de AMLO, junto con el ministro presidente, estuvieron de acuerdo en aprobar tal asunto de la “consulta popular”, aunque es justo decir, que por otras razones, no tanto de someter a la administración de justicia a la opinión popular, dado que es una facultad y obligación del Poder Judicial, sino desde el sesgo de la participación ciudadana, lo que equivale a una decisión política y es así, una gran contrasentido porque finalmente y con la hipótesis de tal Derecho Humano, se le da viabilidad al juego de López Obrador y su postura de Poncio Pilatos, y dejar el sesgo de la democracia. Y sólo aclaro que no estoy en contra de que se aplique el rigor de la Ley contra esos personajes de los que ahora no se podrá nombrar y menos “acusar” ni siquiera de una conducta presuntivamente delictiva, precisamente como quedó aprobada la viabilidad de dicha auscultación al Pueblo Mexicano: sin nombres y sin acusaciones. Aunque, claro, otra cosa será su concreción judicial y más, probar los hechos y lograr una condena judicial, que para los tiempos actuales se debería centrar en una reparación del daño.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Es rescatable a todo ese entramado, sin soslayar que la División de Poderes sigue en ciertos momentos como este, un tanto difusa; qué hay una lección –viéndola desde un lado amable- por una parte el ministro presidente ya no parece que se le acepte a ciegas alguna “línea” y con ello, el debate argumentativo de los otros ministros, tiene fuerza y eso es positivo; lo negativo es que esos ministros, aunque aceptan en principio la inconstitucionalidad de la propuesta (tal y como fue hecha inicialmente), luego, buscan acomodar incluso, modificando el texto considerado fuera del marco de la Carta Magna, que pueda “pasar”. Lo que equivale en un asunto de tal envergadura e importancia inusitada, a caer en una especie de politización del asunto, de por sí, ya politizado por AMLO. Y hasta para el más cándido ciudadano, da idea al menos de que el Presidente dio línea a sus recomendados. No podía –de nuevo- fallarle su estrategia con las elecciones encima. Y por supuesto, el asunto no debe quedar en el sólo debate, sino pasar a la acción que nunca ha necesitado de la “aprobación popular”, sino del simple cumplimiento del deber: Quien infrinja la Ley, debe ser sancionado y claro, mediante un juicio como ordena la Constitución, que, con todo y sus remiendos, o alguna norma ya un tanto desactualizada o anacrónica (entre esa las comiciales), se debe respetar, cumplir y hacer cumplir. Esperemos la “consulta”, que también tiene sus requisitos y porcentajes del voto. Cuídense mis estimados lectores.

Sesgos Políticos

No es privativo del discurso político, pero cuando se busca la participación ciudadana y se le imponen propuestas oblicuas, para esquivar la norma constitucional, entramos entonces a lo difuso o de menos subjetivo. Eso parece a primera vista la tan llevada y traída auscultación dirigida a la ciudadanía en relación a opinar si se deben llevar a juicio a los expresidentes (de Salinas a Peña). Y como la Carta Magna Federal marca la posibilidad bajo ciertos requisitos de procedibilidad, entre ellos, primero, declarar la constitucionalidad de la propuesta, ahí está el primer punto toral. Inicialmente, se conoció la postura –creo que correcta- de concluir que tal planteamiento tal y como fue presentado al Senado y luego a la Suprema Corte, por el Presidente de México, resultó inconstitucional.

Luego de un arduo debate entre los once ministros, en los que aquellos que recién han entrado y curiosamente a propuesta de AMLO, junto con el ministro presidente, estuvieron de acuerdo en aprobar tal asunto de la “consulta popular”, aunque es justo decir, que por otras razones, no tanto de someter a la administración de justicia a la opinión popular, dado que es una facultad y obligación del Poder Judicial, sino desde el sesgo de la participación ciudadana, lo que equivale a una decisión política y es así, una gran contrasentido porque finalmente y con la hipótesis de tal Derecho Humano, se le da viabilidad al juego de López Obrador y su postura de Poncio Pilatos, y dejar el sesgo de la democracia. Y sólo aclaro que no estoy en contra de que se aplique el rigor de la Ley contra esos personajes de los que ahora no se podrá nombrar y menos “acusar” ni siquiera de una conducta presuntivamente delictiva, precisamente como quedó aprobada la viabilidad de dicha auscultación al Pueblo Mexicano: sin nombres y sin acusaciones. Aunque, claro, otra cosa será su concreción judicial y más, probar los hechos y lograr una condena judicial, que para los tiempos actuales se debería centrar en una reparación del daño.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Es rescatable a todo ese entramado, sin soslayar que la División de Poderes sigue en ciertos momentos como este, un tanto difusa; qué hay una lección –viéndola desde un lado amable- por una parte el ministro presidente ya no parece que se le acepte a ciegas alguna “línea” y con ello, el debate argumentativo de los otros ministros, tiene fuerza y eso es positivo; lo negativo es que esos ministros, aunque aceptan en principio la inconstitucionalidad de la propuesta (tal y como fue hecha inicialmente), luego, buscan acomodar incluso, modificando el texto considerado fuera del marco de la Carta Magna, que pueda “pasar”. Lo que equivale en un asunto de tal envergadura e importancia inusitada, a caer en una especie de politización del asunto, de por sí, ya politizado por AMLO. Y hasta para el más cándido ciudadano, da idea al menos de que el Presidente dio línea a sus recomendados. No podía –de nuevo- fallarle su estrategia con las elecciones encima. Y por supuesto, el asunto no debe quedar en el sólo debate, sino pasar a la acción que nunca ha necesitado de la “aprobación popular”, sino del simple cumplimiento del deber: Quien infrinja la Ley, debe ser sancionado y claro, mediante un juicio como ordena la Constitución, que, con todo y sus remiendos, o alguna norma ya un tanto desactualizada o anacrónica (entre esa las comiciales), se debe respetar, cumplir y hacer cumplir. Esperemos la “consulta”, que también tiene sus requisitos y porcentajes del voto. Cuídense mis estimados lectores.

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