/ domingo 11 de octubre de 2020

Sine qua non

Esto no se acaba

Resulta difícil afirmar situaciones desde la barrera, pero hay algunas que por ser notorias, no pueden ser o pasar desapercibidas. Existen posiblemente, personas que nunca hayan pisado un nosocomio público, como los mal afamados IMSS o ISSSTE, por mencionar sólo estos dos, -con todo y la modernidad o también, los retrasos tecnológicos o científicos-. Pero hay, un factor que va más allá de la mera institución o la institucionalidad o la visión de causahabiente: El recurso humano.

No sería justo dejar pasar las excepciones que surgen de la verdadera vocación y apego al servicio, como hay profesionales de la medicina en todas sus ramas y subramas, e incluso, personal administrativo y/o de mantenimiento. Siendo la penúltima en mención, donde parece ser el talón de Aquiles de ambos institutos de la Salud Pública. (Por supuesto, sin dar crédito a López Gatell, aunque de otra institución de mayor jerarquía burocrática). Vaya que han visto las de Caín, en esta etapa de Pandemia que parece interminable.

Mucha gente se queja del mal servicio de las Instituciones en mención, y critican a la menor provocación a su personal, sin embargo, no todas las personas –incluidas las que trabajan ahí- aprecian lo que vale un organismo público de tales dimensiones, claro, quienes las manejan o quienes han estado en posiciones de privilegio político, han abusado y desfalcado sus arcas. Hoy, vuelve a la palestra pública un añejo problema: La falta de recursos económicos y todo lo que ello implica. Más aún, con la visión distorsionada de una “austeridad”, pero en “las mulas de mi compadre”, dicen en mi Pueblo, que impone el “Tlatoani” en turno. Ya hasta –como nunca había pasado- renunció un director del IMSS, por razón de falta de dineros para solventar sus compromisos y, sobre de todo, del abasto de medicamentos.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Cuando se trata de dinero o de política o de religión o de algún deporte, no faltará la discordia, la disputa, la virulencia, el trinquete, la envidia, la avaricia, la corrupción; en fin, paremos de contar. Un buen amigo, al comentar la situación del País –entre la que están los nosocomios aludidos- preguntó: ¿Qué hacemos ahora? Parece que los gobiernos, sean de color que sean, no cambian. Una pregunta tan sencilla, como compleja, es difícil de contestar. Sin embargo, cualquier cambio para que sea de fondo, debe empezar por cada uno de nosotros. No debemos despreciar lo que podemos hacer como ciudadanos, ahí está el poder político real y funcionarios o políticos que tengan al menos una raya de inteligencia, al ver la reacción social, de algún modo van a tomar la solución: Trabajar lo socialmente necesario.

De tal modo que un buen político, no se burlará de opositores por modestos que parezcan, los invitará al diálogo, a la concertación, porque en política: No hay enemigo pequeño y, aquél que no vea esa sencilla fórmula no merece la atención del Pueblo. ¿De qué sirve la confrontación entre hermanos? ¿La burla, o la ironía contra quienes piensen distinto? ¿No hay pues, argumentos inteligentes, válidos para convencer, en lugar de acrecentar el odio? También, no basta la sola vocación, sino recursos materiales y humanos para hacer frente a cualquier situación corriente o de contingencia, pero, si los ciudadanos no decimos nada o no proponemos, sólo criticamos; no vamos a salir de la “barranca”, como dice la canción. Pensemos muy bien por quien votaremos en la próxima jornada electoral, al igual que vayamos construyendo por sí mismos, un terruño o la Nación, en mejores condiciones. Cuídense mis estimados lectores, que esto no se acaba.

Esto no se acaba

Resulta difícil afirmar situaciones desde la barrera, pero hay algunas que por ser notorias, no pueden ser o pasar desapercibidas. Existen posiblemente, personas que nunca hayan pisado un nosocomio público, como los mal afamados IMSS o ISSSTE, por mencionar sólo estos dos, -con todo y la modernidad o también, los retrasos tecnológicos o científicos-. Pero hay, un factor que va más allá de la mera institución o la institucionalidad o la visión de causahabiente: El recurso humano.

No sería justo dejar pasar las excepciones que surgen de la verdadera vocación y apego al servicio, como hay profesionales de la medicina en todas sus ramas y subramas, e incluso, personal administrativo y/o de mantenimiento. Siendo la penúltima en mención, donde parece ser el talón de Aquiles de ambos institutos de la Salud Pública. (Por supuesto, sin dar crédito a López Gatell, aunque de otra institución de mayor jerarquía burocrática). Vaya que han visto las de Caín, en esta etapa de Pandemia que parece interminable.

Mucha gente se queja del mal servicio de las Instituciones en mención, y critican a la menor provocación a su personal, sin embargo, no todas las personas –incluidas las que trabajan ahí- aprecian lo que vale un organismo público de tales dimensiones, claro, quienes las manejan o quienes han estado en posiciones de privilegio político, han abusado y desfalcado sus arcas. Hoy, vuelve a la palestra pública un añejo problema: La falta de recursos económicos y todo lo que ello implica. Más aún, con la visión distorsionada de una “austeridad”, pero en “las mulas de mi compadre”, dicen en mi Pueblo, que impone el “Tlatoani” en turno. Ya hasta –como nunca había pasado- renunció un director del IMSS, por razón de falta de dineros para solventar sus compromisos y, sobre de todo, del abasto de medicamentos.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Cuando se trata de dinero o de política o de religión o de algún deporte, no faltará la discordia, la disputa, la virulencia, el trinquete, la envidia, la avaricia, la corrupción; en fin, paremos de contar. Un buen amigo, al comentar la situación del País –entre la que están los nosocomios aludidos- preguntó: ¿Qué hacemos ahora? Parece que los gobiernos, sean de color que sean, no cambian. Una pregunta tan sencilla, como compleja, es difícil de contestar. Sin embargo, cualquier cambio para que sea de fondo, debe empezar por cada uno de nosotros. No debemos despreciar lo que podemos hacer como ciudadanos, ahí está el poder político real y funcionarios o políticos que tengan al menos una raya de inteligencia, al ver la reacción social, de algún modo van a tomar la solución: Trabajar lo socialmente necesario.

De tal modo que un buen político, no se burlará de opositores por modestos que parezcan, los invitará al diálogo, a la concertación, porque en política: No hay enemigo pequeño y, aquél que no vea esa sencilla fórmula no merece la atención del Pueblo. ¿De qué sirve la confrontación entre hermanos? ¿La burla, o la ironía contra quienes piensen distinto? ¿No hay pues, argumentos inteligentes, válidos para convencer, en lugar de acrecentar el odio? También, no basta la sola vocación, sino recursos materiales y humanos para hacer frente a cualquier situación corriente o de contingencia, pero, si los ciudadanos no decimos nada o no proponemos, sólo criticamos; no vamos a salir de la “barranca”, como dice la canción. Pensemos muy bien por quien votaremos en la próxima jornada electoral, al igual que vayamos construyendo por sí mismos, un terruño o la Nación, en mejores condiciones. Cuídense mis estimados lectores, que esto no se acaba.

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