/ domingo 11 de julio de 2021

Sine qua non

LA NACIÓN MEXICANA, HOY

En cualquier tema hay que asentar la comprensión común, una definición general aceptada de ahí, partir para no caer en confusiones o en contradicciones. Es decir, entendernos para lograr la intercomunicación.

A últimas fechas se viene afirmando que tenemos en México, un “Estado fallido”, lo que de inmediato supone ingobernabilidad o también, rompimiento de las garantías de satisfacción de necesidades básicas sociales. En realidad el adjetivo de “fallido”, proviene de los medios de comunicación, pero igual de algunos activistas políticos. Otros opinan que apenas “vamos hacia ésa situación” de ser pronto un Estado “fallido”. Algunos más consideran que estamos ante otro fenómeno aún más grave: La “ausencia de Nación”.

Más allá de considerar al Estado Mexicano como “fracasado”, lo que además supone aceptar la existencia –material, espacial y jurídica- del mismo; afirmar su “ausencia”, es una falacia. La Nación –cualquiera en un sistema democrático, por deficiente que sea- es un conjunto de personas humanas y jurídicas, las primeras de un mismo origen nacional, sin perjuicio de los naturalizados, que comparten vínculos culturales, históricos, religiosos, con una consciencia de identidad y pertenencia a un mismo Pueblo, con un idioma común y un territorio definido, un mismo orden público, las mismas Instituciones, una comunidad social organizada en una política común, órganos de gobierno propios, con independencia de otras naciones, es decir, soberano, etc.

Es el caso que, afirmar la ausencia de Nación, en México pues, es una barbaridad. Hay Nación Mexicana y no tiene ello que ver con ejercicios o acciones de gobierno o régimen, fallidos. La pregunta toral es: ¿“Fallamos”? Desde la óptica política y jurídica, en nuestro sistema TODOS los mexicanos tenemos responsabilidad, unos por acción y otros por omisión, sobre el destino de nuestra Nación.

¿Dónde queda la historia común, los lazos de cultura, de folclor, de idiosincrasia, el idioma, la organización política y las Instituciones –que no los individuos que dicen representarlas, ni los partidos políticos- bueno, hasta la religión y el mismo territorio? Con todo y los segmentos de usos y costumbres de ciertos lugares, pues se piensa en algunas cosas, sobre todo culturales y de economía en forma distinta, pero al final están vinculadas a la idiosincrasia general, de ahí que se le llame “nacional”.

Hay sí, como en toda regla, alguna excepción, pero será más por ignorancia, porque hay mexicanos que quieren ser o parecer extranjeros. Así visten al estilo de donde pretender ser, adoptan modas, usos, costumbres y tics extranjeros. Eso es viejo, se llama malinchismo o simplemente confusión mental y social.

Hay que entender que aunque el gobierno nace de una Nación, no al revés, el primero no necesariamente representa en este caso, los intereses netos de los mexicanos y por ejemplo, el decir que el nacionalismo sea “revolucionario” como supone alguno de los Partidos Políticos, no tiene más sustancia que un slogan que no dice nada en los hechos, más que exaltar ciertos atributos aquí mencionados, sin generar un cambio de fondo. ¿Qué es lo revolucionario? como adjetivo significa que sé es parte de una revolución, que puede ser política, social, cultural, económica, etc., el nacionalismo es el apego a la propia nación y todo lo que implica, igual es una doctrina ideológica que pretende reafirmar la prevalencia de los elementos citados que componen a la nación.

Es verdad, que como miembros de una nación –los individuos somos uno de sus elementos intrínsecos- hemos dejado de hacer, de actuar o exigir el cumplimiento de los derechos humanos más básicos, a quienes dicen falsamente, nos representan política y constitucionalmente, pero eso no quiere decir que dejemos de ser una Nación o parte de ella mejor dicho. Y por ejemplo, en el mes de septiembre –a colación del tema- cualquier celebración puede ser ajena a quienes dolosamente representan a la Nación Mexicana, porque somos los nacionales y no el gobierno quienes debemos ser y sentir la mexicanidad.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON. Nuestro orgullo o felicidad de ser y estar en México y como mexicanos, ciertamente será una decisión personal con sus consecuencias, pero no caigamos en el garlito de que ya no hay Nación Mexicana y menos ni como ocurrencia, pongamos a la venta nuestra patria. Ni, como ahora, nos dice Amlo, debemos rescatar la Soberanía. (A colación del “rescate a Pemex, otro garlito distractor). Tienen ustedes, mis estimados, bien ponderados y muy pacientes lectores, la última opinión.

LA NACIÓN MEXICANA, HOY

En cualquier tema hay que asentar la comprensión común, una definición general aceptada de ahí, partir para no caer en confusiones o en contradicciones. Es decir, entendernos para lograr la intercomunicación.

A últimas fechas se viene afirmando que tenemos en México, un “Estado fallido”, lo que de inmediato supone ingobernabilidad o también, rompimiento de las garantías de satisfacción de necesidades básicas sociales. En realidad el adjetivo de “fallido”, proviene de los medios de comunicación, pero igual de algunos activistas políticos. Otros opinan que apenas “vamos hacia ésa situación” de ser pronto un Estado “fallido”. Algunos más consideran que estamos ante otro fenómeno aún más grave: La “ausencia de Nación”.

Más allá de considerar al Estado Mexicano como “fracasado”, lo que además supone aceptar la existencia –material, espacial y jurídica- del mismo; afirmar su “ausencia”, es una falacia. La Nación –cualquiera en un sistema democrático, por deficiente que sea- es un conjunto de personas humanas y jurídicas, las primeras de un mismo origen nacional, sin perjuicio de los naturalizados, que comparten vínculos culturales, históricos, religiosos, con una consciencia de identidad y pertenencia a un mismo Pueblo, con un idioma común y un territorio definido, un mismo orden público, las mismas Instituciones, una comunidad social organizada en una política común, órganos de gobierno propios, con independencia de otras naciones, es decir, soberano, etc.

Es el caso que, afirmar la ausencia de Nación, en México pues, es una barbaridad. Hay Nación Mexicana y no tiene ello que ver con ejercicios o acciones de gobierno o régimen, fallidos. La pregunta toral es: ¿“Fallamos”? Desde la óptica política y jurídica, en nuestro sistema TODOS los mexicanos tenemos responsabilidad, unos por acción y otros por omisión, sobre el destino de nuestra Nación.

¿Dónde queda la historia común, los lazos de cultura, de folclor, de idiosincrasia, el idioma, la organización política y las Instituciones –que no los individuos que dicen representarlas, ni los partidos políticos- bueno, hasta la religión y el mismo territorio? Con todo y los segmentos de usos y costumbres de ciertos lugares, pues se piensa en algunas cosas, sobre todo culturales y de economía en forma distinta, pero al final están vinculadas a la idiosincrasia general, de ahí que se le llame “nacional”.

Hay sí, como en toda regla, alguna excepción, pero será más por ignorancia, porque hay mexicanos que quieren ser o parecer extranjeros. Así visten al estilo de donde pretender ser, adoptan modas, usos, costumbres y tics extranjeros. Eso es viejo, se llama malinchismo o simplemente confusión mental y social.

Hay que entender que aunque el gobierno nace de una Nación, no al revés, el primero no necesariamente representa en este caso, los intereses netos de los mexicanos y por ejemplo, el decir que el nacionalismo sea “revolucionario” como supone alguno de los Partidos Políticos, no tiene más sustancia que un slogan que no dice nada en los hechos, más que exaltar ciertos atributos aquí mencionados, sin generar un cambio de fondo. ¿Qué es lo revolucionario? como adjetivo significa que sé es parte de una revolución, que puede ser política, social, cultural, económica, etc., el nacionalismo es el apego a la propia nación y todo lo que implica, igual es una doctrina ideológica que pretende reafirmar la prevalencia de los elementos citados que componen a la nación.

Es verdad, que como miembros de una nación –los individuos somos uno de sus elementos intrínsecos- hemos dejado de hacer, de actuar o exigir el cumplimiento de los derechos humanos más básicos, a quienes dicen falsamente, nos representan política y constitucionalmente, pero eso no quiere decir que dejemos de ser una Nación o parte de ella mejor dicho. Y por ejemplo, en el mes de septiembre –a colación del tema- cualquier celebración puede ser ajena a quienes dolosamente representan a la Nación Mexicana, porque somos los nacionales y no el gobierno quienes debemos ser y sentir la mexicanidad.

LA CONDICIÓN SINE QUA NON. Nuestro orgullo o felicidad de ser y estar en México y como mexicanos, ciertamente será una decisión personal con sus consecuencias, pero no caigamos en el garlito de que ya no hay Nación Mexicana y menos ni como ocurrencia, pongamos a la venta nuestra patria. Ni, como ahora, nos dice Amlo, debemos rescatar la Soberanía. (A colación del “rescate a Pemex, otro garlito distractor). Tienen ustedes, mis estimados, bien ponderados y muy pacientes lectores, la última opinión.