/ lunes 7 de septiembre de 2020

TV de Paga

¿Qué si ya vi la serie del Chapo o La Casa de las Flores?, me preguntan siempre en las reuniones y se vuelven tema de conversación, entonces viene mi reciente confusión.

En mis años mozos, las series favoritas que miraba (two and de half men, Big Bang Teory, Friends, Los Simpson, etc). Eran una suerte de minificciones con un inicio, una trama y la resolución de la misma en el mismo capítulo, y se llamaba series ya que las entregas eran periódicas, ligadas porque los personajes del siguiente capítulo se repetían con un nuevo conflicto en el mismo lugar y espacio.

Cuando no concluían los capítulos y quedaban intrigas sin resolver entre cada capítulo, con un argumento a largo plazo yo los conocía como telenovelas, tele dramas o culebrones, que por cierto trataba de evitar, debido a mi carácter impaciente y los argumentos melodramáticos a los cuales recurrían y que no eran de mi gusto.

Pero las nuevas formas de consumo por internet nos han cambiado las reglas y hoy las series son interminables telenovelas con varias temporadas que para quienes estamos ocupados la mayor parte del día, son casi imposibles de seguirles y continuar la trama que no concluye con cada capítulo. Fue así como Estados Unidos y Europa se latinoamericanizaron, adoptaron el esquema de las telenovelas y las volvieron series por entregas que enganchan durante días al televidente a la caja estúpida.

Yo por mi parte continúo fiel a los libros, de preferencia impresos y con alto contenido filosófico, así como a las películas independientes (lentas dirían mis hijos).

Soy un nostálgico del pasado que no se resigna a pagar suscripciones para ver modernos culebrones como lo hacía mi abuela, quien nos las prohibía a los hombres para que no se nos encogiera el pene, ya que según ella, eran solo para mujeres.

Hoy, aunque se han diversificado y sustituido a las telenovelas, sigo sin consumirlas.

¿Qué si ya vi la serie del Chapo o La Casa de las Flores?, me preguntan siempre en las reuniones y se vuelven tema de conversación, entonces viene mi reciente confusión.

En mis años mozos, las series favoritas que miraba (two and de half men, Big Bang Teory, Friends, Los Simpson, etc). Eran una suerte de minificciones con un inicio, una trama y la resolución de la misma en el mismo capítulo, y se llamaba series ya que las entregas eran periódicas, ligadas porque los personajes del siguiente capítulo se repetían con un nuevo conflicto en el mismo lugar y espacio.

Cuando no concluían los capítulos y quedaban intrigas sin resolver entre cada capítulo, con un argumento a largo plazo yo los conocía como telenovelas, tele dramas o culebrones, que por cierto trataba de evitar, debido a mi carácter impaciente y los argumentos melodramáticos a los cuales recurrían y que no eran de mi gusto.

Pero las nuevas formas de consumo por internet nos han cambiado las reglas y hoy las series son interminables telenovelas con varias temporadas que para quienes estamos ocupados la mayor parte del día, son casi imposibles de seguirles y continuar la trama que no concluye con cada capítulo. Fue así como Estados Unidos y Europa se latinoamericanizaron, adoptaron el esquema de las telenovelas y las volvieron series por entregas que enganchan durante días al televidente a la caja estúpida.

Yo por mi parte continúo fiel a los libros, de preferencia impresos y con alto contenido filosófico, así como a las películas independientes (lentas dirían mis hijos).

Soy un nostálgico del pasado que no se resigna a pagar suscripciones para ver modernos culebrones como lo hacía mi abuela, quien nos las prohibía a los hombres para que no se nos encogiera el pene, ya que según ella, eran solo para mujeres.

Hoy, aunque se han diversificado y sustituido a las telenovelas, sigo sin consumirlas.