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EL SALARIO DEL MIEDO

  • DR. FLORENCIO CABRERA COELLO

EL SALARIO DEL MIEDO

 

Florencio Cabrera Coello

 

Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo”

Thomas Jefferson.

Si un patrón ofrece un empleo ante una docena de aspirantes al puesto, pero solo uno, mujer un hombre tiene el perfil para el cargo, seguro que le ofrecerá el sueldo que le pida. Si las solicitudes son muchas que cumplen todos los requisitos exigidos, entonces se escogerá a uno, quizá el más joven, con un salario ínfimo. Todo es asunto de oferta y demanda similar a los productos agropecuarios de consumo diario. Exceso de cosecha, fruto barato en el mercado. Poca producción y alta demanda, encarecimiento del producto.

El político y diplomático, exmilitar y exsecretario de Estado de los Estados Unidos en el segundo mandato presidencial de Barack Obama, John F. Kerry reconoció la (¿triste?) realidad que la globalización y la tecnología enfrentan una competencia en la creación de puestos de trabajo que deriva en bajos salarios. Los sueldos bien renumerados son para una elite privilegiada, los hijos de los amos y aquellos que se han preparado y adquirido los conocimientos para las nuevas tecnologías que aumenten la productividad. En la actualidad pocos son los preparados para ello, pero poco falta para que estos también sufran bajos salarios debido que Universidades e Institutos cada día se esfuerzan en preparar más y mejores profesionistas.

Leemos con frecuencia que en el “cluster” (racimo) o corredor industrial del Bajío, en específico en las armadoras de automóviles existe constante rotación de personal obrero. La razón es obvia, los salarios son bajos y las exigencias laborales son elevadas. No sorprende la cultura del Asia oriental en trabajar, trabajar, trabajar. Además, agrego lo que afirma Christopher Lasch, el salario familiar ha sido erosionado por los mismos hechos que han promovido el consumismo como una forma de vida.

En viaje de trabajo a la costa oriental de China (una vasta área de primer mundo al sur y norte de Shanghái) para supervisar proveedores de importante compañía trasnacional cuyo centro está Michigan, en el mero corazón de la industria automovilística estadounidense, un egresado del Instituto Tecnológico de Celaya y Maestría en el Tec de Monterrey radicado en los EE UU desde hace quince años, me platicaba que junto a las grandes fábricas están edificios altos, de muchos pisos, con departamentos que hospedan a cuatro obreros en cada cuarto. Trabajadores que provienen de lugares remotos del centro y occidente de país, trabajan sin protestar de sol a sol y solo una vez al año van a visitar a sus familias, no pregunté de cuantos días es la vacación. Según los directores y CEOs con quien tuvo contacto mi informante, los obreros son felices con su trabajo y estilo de vida.

Esto trae a la memoria el título de la obra maestra del cineasta francés Henri-Georges Clouzott, la película premiada de suspenso “La salaire de la peur”, “El salario del miedo” (1953). Que muestra las peripecias de un grupo de hombres que transportan un camión con dinamita a través de una región agreste de un país sudamericano con alto riesgo que en cualquier momento o con una sacudida pudiera explotar la carga dando por terminada la misión y la muerte de sus ocupantes.

Película en ocasiones calificada como nihilista, que sostiene que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. Como corriente filosófica, el nihilismo se puede considerar como crítica política o cultural a los valores, costumbres de una sociedad que participa en el sentido de la vida. En términos coloquiales “me vale madre”, lo haré a sabiendas del riesgo, que es la forma que ha inducido a la delincuencia que nos abruma, abonada por carencia de salarios que satisfagan, no las necesidades, sino las ambiciones de poseer bienes y darse una vida que con los “salarios del miedo” no pueden lograr. Mezcla con la falta de valores morales y familiares donde lo más importante de la vida es el encuentro con la felicidad, por supuesto, con la debida comodidad y recreación que solo el dinero puede dar, pero de ninguna manera atesorar bienes viviendo en constante zozobra con vida familiar desastrosa.

Cuando era un hecho el establecimiento de la planta Honda en nuestra ciudad, en mi columna del 15 de septiembre de 2012 escribí “…llegarán gentes, técnicos y obreros de lugares distantes (…) también vendrán de otras latitudes oportunistas, vivales y maleantes de toda índole. Nos acosará la violencia (¿mas?)”. Por desgracia estaba en lo cierto hace seis años (ave de mal agüero).

La grilla. – En la semana que terminó, el presidente Peña Nieto ha dicho que el voto debe ser emitido con el cerebro y no visceral. De acuerdo 100%, lo he repetido en términos semejantes en esta columna.