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LA REBELIÓN DE LOS TLATOANIS

  • VICTOR HUGO PEREZ NIETO

Ocasionan encono noticias como la siguiente: “dos semanas antes de la elección presidencial, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público les aumentó los salarios, con efecto retroactivo a 317 mil altos funcionarios, contados desde el Presidente de la República hasta el personal de enlace”. Esto quiere decir que no solamente se aumentaron el estipendio a unas semanas de irse, sino que se les tendrá que pagar el reciente aumento desde enero del 2018.

A muchos servidores públicos les cayó como balde de agua fría enterarse que a partir del próximo año, ningún empleado del estado podía ganar más que el Presidente de la República, y aún más saber que el Lic. Andrés Manuel López Obrador ganará $108 mil pesos.

Tal vez para los que si trabajan y tienen una ineludible responsabilidad y/o riesgo, les parezca injusto, más es verdad también que uno de los principales reclamos populares han sido los exorbitantes sueldos de la alta burocracia federal cuya función no lo amerita debido a su bajo desempeño y nulo compromiso.

También dijo el presidente electo que los trabajadores de confianza laborarán 8 horas diarias incluidos también los sábados. Depende desde qué perspectiva se analice esto, pero por experiencia propia les aseguro, que un verdadero trabajador de confianza —que justo sea decirlo, habrá que diferenciarlo bien de un aviador o un político—, labora las 24 horas de los 365 días del año, incluso estando de vacaciones. Esto es que les beneficiará estar solo 8 horas en su centro de empleo para desconectarse totalmente de él, el resto de las 16 horas que le restan al día, bajo consigna de que sin son molestados después de su jornada, la Secretaria del Trabajo le pueda imponerle sanciones al patrón. Ningún empleado bajo ni ningún régimen debería ser esclavizado.

Hay ejemplos de trabajadores de confianza quienes, incluso, por dignidad y compromiso humanitario, no podemos estar en esos puestos, nos paguen lo que nos paguen.

Aunque para muchos, la estabilidad emocional esté tasada y la dignidad en renta, para otros pocos no.

Quien ha consagrado su vida al estudio y a la preparación académica tiene abiertas las puertas que toque, en un abanico de oportunidades. La arrogancia que da el conocimiento hace espíritus fuertes que con dificultad toleran la prepotencia. A una mente débil si le pueden ocasione estragos.

El verdadero problema lo tendrán los políticos, los aviadores con cargos de asesores y demás parásitos, mantenidos de la nación, quienes se han acostumbrado a medrar del erario por décadas y no saben hacer otra cosa, lo que los tiene temblando como flanes, porque algunos de ellos ni siquiera se tomaron la molestia de tener formación universitaria (por lo menos 27 diputados federales de los 500 que conforman la cámara nunca pisaron la universidad, y en casos ni secundaria tienen), para aspirar a ganar 120 mil pesos mensuales.

Por ejemplo, una edecán de la Cámara de senadores gana $243 mil pesos al año por llevar galletitas y café a una sarta de zánganos, el triple que una licenciada en enfermería con especialidad en terapia intensiva del ISSSTE, quien debe atender una sala con 10 pacientes intubados, con soporte de vida, a los cuales debe de administrarles medicamentos cada media hora, cambiarles sondas, pañales, siempre expuesta a demandas y agresiones de los derechohabientes en cualquier pestañeo que de.

En 2016, una jurisprudencia de la SCJN decretó que ningún jubilado, podría percibir una pensión  superior a 10 salarios mínimos diarios  —excepto los ministros, claro, que se seguirán retirando con 200mil mensuales—. Hoy, al enterarme que los mismos ministros de doble moral quienes decretaron aquella ley no podrán ganar más de 108 mil pesos, no puedo menos que regodearme del gusto. A final de cuentas el que siembra su maíz se come su pinole.

No es que sienta satisfacción de ventilar el asco que siento por quienes nos han agraviado, solo que si 108mil pesos les parecen poco dignos a los ministros, habrá que imaginarse lo que pensarán 50 millones de mexicanos con su salario mínimo

Son ellos: ministros, diputados, cenadores y secretarios de estado, quienes ya pusieron el grito en el cielo y comenzaron con la “Rebelión de los Tlatoanis”, argumentando que requieren esas cifras monetarias para no robar. ¿O sea que si un policía no gana esa cantidad puede ser exculpado por ser corrupto y estar en la nómina del crimen organizado? Y vaya que los policías si arriesgan su vida y la de su familia por detener delincuentes que luego la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejará libres por  “fallas en el proceso”, como fue el caso Florence Cassez, puesta en libertad luego de un amparo de la SCJN secundario a presiones del presidente Peña Nieto para complacer a Nicolas Sarkozy, a pesar de ser culpable.

Si eso es su imparcialidad, entonces, deben ganar menos que un agente ministerial que pone su integridad en riesgo en los tiroteos.

Cuando las oligarquías comienzan a rebelarse, siempre existe la amenaza latente de un golpe de estado, aún en contra de la avasalladora voluntad popular, por lo que se deben comenzar los cambios bajo un marco legal y sin hacer tanta alharaca de ellos.

Sospecho que ahora que también se quedarán sin seguro de gastos médicos mayores, los doctores y enfermeras del ISSSTE estarán esperando a todos los diputados, senadores y ministros para atenderlos con mucho gusto, y mejor de lo que los atienden sus edecanes quienes ganan el doble, sobre todo luego de los recortes de los que fueron objeto este sexenio, y de haberles privado en una jubilación digna cuando los pasaron al PENSIONISSSTE, al cual esperamos que ahora también los servidores públicos de la alta burocracia federal  comiencen a aportar para su retiro. La ventaja que tendrán mis colegas médicos a partir del 01 de diciembre, es que por lo menos estarán mejor equipados los nosocomios, para que puedan atender a sus distinguidos pacientes de la alta burocracia con el decoro y dignidad que se merecen, que no debe se ni menor ni superior al más humilde de los burócratas.