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Mister Trump

  • CHARLAS

… con el aire que está soplando

Hoy voy a hablar de cosas feas, pero antes les daré un bocado dulce: me llamó Raúl Soto, integrante del coro que les platiqué se formó hace 39 años en nuestra Parroquia de Los Laureles, para decirme que de los 8 iniciadores aún 5 siguen en activo cantando cada 8 días en las misas dominicales: él y Yolanda Buenrostro, ahora esposos, Rosita Arana, Angélica García y Diego Cano. Eso es tener el corazón bien puesto…
Ahora paso a lo feo.  No hablaré de política, no me gusta ni la entiendo y aunque la entendiera ¡no me gusta! pero tengo que platicarles del porqué me tiemblan las piernas.
Una de mis hijas me dijo que para qué hablar de Trump, que mi palabra era una gota de agua en el mar. Le contesté: “ya sé que con mis decires puedo tocar la flauta o que no me hagan caso, como los burros de mi abuelita, pero no puedo quedarme callado si tengo el privilegio de poder hablar y si te pones a pensar, hija mía, el mar no es más que un montón muy grande de gotas de agua”.
¿La convencí? no lo sé, pero hablo como  un ciudadano más al que las rodillas le chocan como maracas, al que le apura su entorno y su familia, su patria y su familia, el futuro de su familia. Dirán que soy muy alarmista, pero no, no es eso, son mis recuerdos de cuando viví los efectos de la segunda guerra mundial con un Hitler que comenzó a ser héroe y acabó siendo villano. Trump me recuerda los desplantes de Hitler, pero Trump llegó sin haber sido héroe, llegó como villano, tal cual. Esto lo considero peor. Por eso me tiemblan las piernas.
Trump en sus primeros 25 días de gobierno, tiene dividido a su país, ha generado un odio racial a muerte, se ha convertido en un peligro mundial y ha echado bronca con 31 países del orbe, según la información.
Cuando escucho a Trump hablar de guerra como si fuera a comprar un barquillo, las piernas se me hacen de hilacho, recuerdo a Hitler a quien no le importó destruir ciudades, matar gente inocente, mujeres, niños, enfermos en hospitales, los mataba antes de nacer porque quería una raza pura, ejerció la eugenesia en toda su magnitud, quiso acabar con razas y dinastías sin importar el medio, buscaba el fin. Como Trump…
Dirás que soy muy alarmista pero ¿cómo no serlo cuando te enfrentas a un loco de poder y ¡con poder! y con un teléfono rojo en su mano?
Recién entrando a su cargo, el míster declaró que lo primero que iba a hacer era reforzar la guardia nacional para reforzar la seguridad de su pueblo. Al que se considera el ejército más fuerte del mundo… ¿reforzarlo? ¿a dónde va? ¡Cómo no va a haber tembladero de corvas!
Estados Unidos ha sido siempre un país en guerra… de guerra ajena porque las busca y las hace suyas con el pretexto de ayudar, pero su lucha ha sido siempre en terreno de otros países, nunca en el suyo y en tales alianzas, unos y otros van dejando desiertos y desolación a su paso. Ya le ofreció a Peña Nieto su ejército para acabar “de una buena vez por todas con los malos”. Es su modo, quiere pelear ¡pero en México!
¡Cómo no temblar ante un paranoico que se siente perseguido y es además poderoso! Al que no está de acuerdo con él, le habla de guerra y le recuerda el teléfono rojo del pentágono a su disposición,  palabra y acciones que se han convertido en su mayor amenaza
Hay que recordarle que guerras de aniquilación no han llegado a su país. Las guerras internas que ha padecido, que han sido varias, no cuentan, no son aniquiladoras, son pleitos entre hermanos por más devastadoras que sean, como nuestra gloriosa Revolución Mexicana. Esto al parecer le pasa de noche a míster Trump.
No es lo mismo declarar la guerra de país a país que declararla en alianza de otro. Trump habla de  declarar la guerra y piensa (¿) que va a ir a acabar con el territorio del otro, pero de acuerdo a  sus alardes no creo que conciba que el otro piense igual y que vendrá a Estados Unidos con la idea de hacerlo pedazos. Ese es el meollo de la tembladera.
De acuerdo a la experiencia, Trump ha de decir: “…mando a mi gente a morirse de bala en el extranjero y ataco con mis excelsas baterías de guerra hasta el exterminio.” Pero…
… por su insensibilidad se olvida del dolor de las familias huérfanas de padres y añorando a los hijos de quienes murieron en la segunda guerra mundial, en el Vietnam, en Filipinas, en Europa, vidas truncadas en la plenitud de su existencia. Tiene gente y eso basta, no le importan sus vidas, hay más… carne de cañón…
Mi hermano cuñado Billy fue enrolado en el ejército americano y lo mandaron a Filipinas. Recuerda con terror que él tiraba a todo lo que se movía, porque todo lo que movía era fuente de balazos en su contra, peleaba sin conocer al enemigo, matas o te matan, recuerda con tristeza los cadáveres de amigos y enemigos que se encontraba a su paso… esa es la guerra… ¿no es para ponerte a temblar?
Cuando los alemanes nos hundieron los 6 barcos petroleros en aguas del Golfo de México y nuestro país declaró la guerra a Alemania en honrosa respuesta, vi a mi padre, a mis tíos, a sus amigos,  marchar con un rifle al hombro como “segunda reserva” del ejército mexicano y a mis hermanos como conscriptos marchando igual como “primera reserva”.
Hice cola para comprar gasolina de por sí racionada, parché llantas que eran de hule sintético, vivimos una recesión que nos privó de muchas cosas… todo lo que se producía era primero para la lucha armada y después lo demás. ¡Y estábamos a miles de kilómetros del frente de batalla!   Ahora que es el vecino el que echa broncas… ¿qué va a pasar?
Estados Unidos desconoce lo que es invasión. Desde la “Guerra de 1821” como se le llama a esta lucha, no han tenido más invasiones que la de mi compadre Pancho Villa  a Columbus en marzo de 1916, hazaña que les motivó una corajina de aquellas que no se les olvida. ¡Y no llegaban ni a 600 los efectivos de Villa y le hicieron los mandados!
El ataque a Pearl Harbor y el ataque a las torres gemelas, no podemos considerarlo una invasión de territorio estadunidense, quedan simplemente como ataques y testimonio de que el país es vulnerable.
¿Te imaginas una real invasión para acabar con la base naval de San Diego en California o  con los pozos petroleros de Texas, por citar sólo dos “blancos” perfectos? ¿No pensará Trump que puede sufrir estos ataques? ¿Se olvida de Nueva York, Washington, San Francisco y miles de “blancos” estadounidenses que por más protegidos son vulnerables?
¿Y nosotros sus vecinos, con nuestra kilométrica frontera, la puerta abierta más grande para entrar a Estados Unidos?  P´os no nos queda más que temblar, aunque lo niegues…
Mi correo: abuelitocarlos@hotmail.com
Si Dios lo permite, nos encontraremos el próximo martes.