/ viernes 9 de junio de 2023

Everardo González llega al FIC Guadalajara con un documental sobre jóvenes sicarios

El realizador Everardo González compite en el FICG con la cinta Una jauría llamada Ernesto

GUADALAJARA. Para su nuevo documental, Everardo González trabajó muy de cerca con el crimen organizado de distintos estados de la República Mexicana. Aunque contaba con el permiso de las autoridades que controlan el bajo mundo para moverse libremente, el cineasta aseguró que, durante el rodaje de Una jauría llamada Ernesto vivió momentos de tensión provocados por distintos jóvenes.

“Estuve trabajando con gente que colaboraba para los Zetas en San Luis Potosí y Nuevo León y gente que trabaja para la Unión de Tepito, en Ciudad de México, pero pues no puedes mover un dedo sin la aprobación de los jefes, un proyecto así no se puede llevar a cabo sin la aprobación de ellos. México está tomado, México tiene una autoridad paralela, yo creo que una parte compleja, jodida, es entender que este país tiene un autoridad a la que realmente le tienes que pedir permiso”, afirmó González en entrevista con El Sol de México.

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Durante el rodaje, relató, “unos muchachos nos rodearon, los habían mandado para ver qué es lo que estábamos haciendo y la conversación terminó pidiéndome un taller de cine, porque querían contar su historia”.

En los últimos 15 años, más de 350 mil personas han sido asesinadas; 30 mil de los responsables de esos delitos eran menores de edad. Este tema es explorado en el filme del documentalista; la historia se centra en el viaje de exploración en chicos de entre 12 y 17 años, quienes han tenido su primer acercamiento con el sicariato.

Es un grupo de jóvenes que, colectivamente, son llamados “Ernesto” (tanto víctimas como sicarios) y en el que, en algún momento, tuvieron acceso a un arma y optaron por transitar el camino de la violencia, siendo las estructuras de defensa de distintos cárteles.

“La parte compleja de esos proyectos es cómo hacer que no gane tu opinión moral de las cosas, cómo contener eso que es inevitable para todos nosotros, que tenemos una opinión, o que se puede simplificar todo diciendo: ‘pobres chavos, o qué hijos de puta’. Yo siento que no son ni una ni otra, en mi opinión son víctimas de un sistema equivocado, pero creo que son verdugos una vez que jalan el gatillo.

Por supuesto tiene que haber consecuencias para quienes quitan la vida con alevosía, eso en la parte de justicia, pero lo complejo es qué hacemos con todo esto. Yo sí pienso que un error es que no vemos que los hijos de uno son los hijos de todos”, dijo.

La idea de realizar el proyecto surgió después de leer La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo. Su gran impacto fue ver la imagen de un niño de 12 años con un arma 9 milímetros; desde ese momento, González tuvo el impulso de retratar la violencia en manos de las nuevas generaciones.

“Hago un coro de voces de varias experiencias de sicarios que lo que me cuentan no es la parte híper sanguinaria o desalmada, sino traté de que las voces de los muchachos que hablaban conmigo venían de entornos complejos, como las situaciones dentro del mismo barrio donde se desarrollan o la necesidad de pertenencia. Un día les hacen cometer un acto de venganza, pero a diferencia de otros espacios, aquí las armas están en la esquina, es ahí el gran problema, una sociedad tan convulsa, tan necesitada de justicia, el día que tiene las armas estirando la mano, va a jalar el gatillo.

“Estos muchachos incluso lo dicen, ‘queriendo llegar a vengarme, había algo dentro de mí que pedía no encontrarlo porque sabía que eso iba a desatar algo peor’, así la espiral de violencia, uno jala el gatillo y luego viene la venganza del otro lado, así comienza las guerras de pandillas y luego escala a las guerras de cárteles, de grupos y países”, expresó.

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La investigación se prolongó durante cinco años, estuvo a cargo de Óscar Balderas, Daniela Rea y Everardo González. Sus tomas son sumamente cuidadas ya que se mantiene el anonimato de los protagonistas, así como de distintas situaciones que pudieran afectar la sensibilidad de los involucrados, y de los espectadores.

Respecto a la razón por la que ha podido tener estos acercamientos, que también documenta en su anterior película, La libertad de diablo, expresó: “No sé a qué se debe, lo que sí es que la gente tiene ganas de hablar y por supuesto que investigan quién eres y creo que el trabajo previo que he realizado también ayuda a que la gente sepa que no me voy a aprovechar, no voy a mover nada en lo que ellos no estén de acuerdo, eso es un pacto tácito en el documental, aquí es hasta donde el otro quiera”. La cinta se estrenará a finales de año a través de la plataforma ViX.



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GUADALAJARA. Para su nuevo documental, Everardo González trabajó muy de cerca con el crimen organizado de distintos estados de la República Mexicana. Aunque contaba con el permiso de las autoridades que controlan el bajo mundo para moverse libremente, el cineasta aseguró que, durante el rodaje de Una jauría llamada Ernesto vivió momentos de tensión provocados por distintos jóvenes.

“Estuve trabajando con gente que colaboraba para los Zetas en San Luis Potosí y Nuevo León y gente que trabaja para la Unión de Tepito, en Ciudad de México, pero pues no puedes mover un dedo sin la aprobación de los jefes, un proyecto así no se puede llevar a cabo sin la aprobación de ellos. México está tomado, México tiene una autoridad paralela, yo creo que una parte compleja, jodida, es entender que este país tiene un autoridad a la que realmente le tienes que pedir permiso”, afirmó González en entrevista con El Sol de México.

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Durante el rodaje, relató, “unos muchachos nos rodearon, los habían mandado para ver qué es lo que estábamos haciendo y la conversación terminó pidiéndome un taller de cine, porque querían contar su historia”.

En los últimos 15 años, más de 350 mil personas han sido asesinadas; 30 mil de los responsables de esos delitos eran menores de edad. Este tema es explorado en el filme del documentalista; la historia se centra en el viaje de exploración en chicos de entre 12 y 17 años, quienes han tenido su primer acercamiento con el sicariato.

Es un grupo de jóvenes que, colectivamente, son llamados “Ernesto” (tanto víctimas como sicarios) y en el que, en algún momento, tuvieron acceso a un arma y optaron por transitar el camino de la violencia, siendo las estructuras de defensa de distintos cárteles.

“La parte compleja de esos proyectos es cómo hacer que no gane tu opinión moral de las cosas, cómo contener eso que es inevitable para todos nosotros, que tenemos una opinión, o que se puede simplificar todo diciendo: ‘pobres chavos, o qué hijos de puta’. Yo siento que no son ni una ni otra, en mi opinión son víctimas de un sistema equivocado, pero creo que son verdugos una vez que jalan el gatillo.

Por supuesto tiene que haber consecuencias para quienes quitan la vida con alevosía, eso en la parte de justicia, pero lo complejo es qué hacemos con todo esto. Yo sí pienso que un error es que no vemos que los hijos de uno son los hijos de todos”, dijo.

La idea de realizar el proyecto surgió después de leer La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo. Su gran impacto fue ver la imagen de un niño de 12 años con un arma 9 milímetros; desde ese momento, González tuvo el impulso de retratar la violencia en manos de las nuevas generaciones.

“Hago un coro de voces de varias experiencias de sicarios que lo que me cuentan no es la parte híper sanguinaria o desalmada, sino traté de que las voces de los muchachos que hablaban conmigo venían de entornos complejos, como las situaciones dentro del mismo barrio donde se desarrollan o la necesidad de pertenencia. Un día les hacen cometer un acto de venganza, pero a diferencia de otros espacios, aquí las armas están en la esquina, es ahí el gran problema, una sociedad tan convulsa, tan necesitada de justicia, el día que tiene las armas estirando la mano, va a jalar el gatillo.

“Estos muchachos incluso lo dicen, ‘queriendo llegar a vengarme, había algo dentro de mí que pedía no encontrarlo porque sabía que eso iba a desatar algo peor’, así la espiral de violencia, uno jala el gatillo y luego viene la venganza del otro lado, así comienza las guerras de pandillas y luego escala a las guerras de cárteles, de grupos y países”, expresó.

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La investigación se prolongó durante cinco años, estuvo a cargo de Óscar Balderas, Daniela Rea y Everardo González. Sus tomas son sumamente cuidadas ya que se mantiene el anonimato de los protagonistas, así como de distintas situaciones que pudieran afectar la sensibilidad de los involucrados, y de los espectadores.

Respecto a la razón por la que ha podido tener estos acercamientos, que también documenta en su anterior película, La libertad de diablo, expresó: “No sé a qué se debe, lo que sí es que la gente tiene ganas de hablar y por supuesto que investigan quién eres y creo que el trabajo previo que he realizado también ayuda a que la gente sepa que no me voy a aprovechar, no voy a mover nada en lo que ellos no estén de acuerdo, eso es un pacto tácito en el documental, aquí es hasta donde el otro quiera”. La cinta se estrenará a finales de año a través de la plataforma ViX.



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