/ jueves 26 de septiembre de 2019

Cumple 20 años la mayor tragedia de Celaya

El "Domingo Negro" sigue vigente en la memoria histórica de los habitantes de este municipio.

CELAYA, Gto.- (OEM-Informex).- Este 26 de septiembre se cumplen 20 años de aquella mañana del llamado “Domingo Negro”, cuando estallaron toneladas de pólvora y material pirotécnico en dos locales de la calle Antonio Plaza, que dejó 72 personas muertas y 350 heridas, produciéndose la peor catástrofe sufrida por Celaya en la época contemporánea.

En ese lapso, decenas de afectados, entre lesionados, viudas y huérfanos aún buscaron la justicia en contra de los responsables, pero sólo hubo una persona sancionada, la dueña de la Abarrotera Celaya: Angélica Vargas Bocanegra, quien fue condenada a 10 años y 4 meses de prisión, los cumplió en 2018 y quedó libre, no hubo reparación del daño a los afectados luego de agotarse las instancias legales, tanto en lo penal como en lo civil.



Como se recuerda, serían aproximadamente las 10:15 horas del domingo 26 de septiembre cuando una llamada alertó al entonces Cuerpo de Bomberos Voluntarios sobre un incendio en un negocio cercano a la esquina de las calles Antonio Plaza y Felipe Ángeles; frente a la Central Camionera, había una vitrina que exhibía fuegos artificiales y estalló (la primera explosión) al parecer por el efecto lupa que causó el sol de la mañana.

Acudió una unidad de ataque rápido y en pocos minutos arribaron paramédicos de Cruz Roja en una ambulancia, luego acudieron elementos de la Policía Preventiva y Tránsito para participar en las labores de ayuda, y con ellos decenas y cientos de curiosos.

Menos de media hora después, ignorantes de lo que había en el interior, los cuerpos de auxilio hacían su labor cuando vino la segunda explosión.

Un testigo la describió como el ruido de una puerta al cerrarse de golpe, demolió los locales en la esquina y los negocios que había frente a ellos, la onda expansiva lanzó esquirlas y escombro que mataron instantáneamente a 72 personas y lesionaron a otras 350, el humo negro que levantó se vio a kilómetros a la redonda.

Los automóviles estacionados en las calles mencionadas volaron o volcaron con la segunda explosión, incluida la unidad de acción rápida de Bomberos y una ambulancia de Cruz Roja. En el lugar murieron los socorristas Juan Rodríguez Corona, Cristina Camarena Laguna y Jesús Revilla Sánchez, así como el bombero Juan Manuel Segoviano, y Rafael Santoyo, de Rescate SOS, con ellos también falleció el fotógrafo Matías Niño y resultó lesionado el fotógrafo de El Sol del Bajío, Leonicio Lira, quien murió horas después.




La unidad de atención rápida de Bomberos quedó destrozada luego de la segunda explosión, murió Juan Manuel Segoviano./ Foto: El Sol Del Bajío


La onda lo lanzó varios metros

Raúl Domínguez Serret, artista plástico, en esa época tenía un negocio de cremería en Antonio Plaza, refiere que vio las maniobras y algo presintió, pero cuando trataba de retirarse sobrevino la explosión y la onda expansiva lo proyectó varios metros y fue a caer al interior de una sucursal bancaria que estaba frente a Felipe Ángeles.

Durante su rehabilitación hacía largas caminatas y comenzó a recoger tuercas, tornillos, y cuanta pieza metálica encontraba en la calle y así inició sus obras con estos materiales.

Aquel día fatal, acudieron cuerpos de auxilio de todos los rumbos del estado a atender a los lesionados, los primeros en llegar fueron los del SUMAA, de Apaseo El Alto, porque acababan de dejar un traslado, y los sanatorios particulares abrieron sus puertas para recibir a los más de 300 heridos.

Los 72 cuerpos de los fallecidos, muchos de ellos mutilados, fueron canalizados a un gimnasio en la Unidad Deportiva Miguel Alemán, habilitada como morgue. El entonces Obispo de la Diócesis de Celaya, ya fallecido, Humberto Velázquez Garay, comentó posteriormente que eran más de 100 cuerpos.

Los escombros fueron removidos en las siguientes semanas y en menos de un año se habían repuesto los locales comerciales, con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Económico Sustentable del Estado, como si nada hubiera pasado, la Abarrotera Celaya por años quedó como un terreno baldío, pero recientemente se habilitaron nuevos locales y en el lugar, año con año, familiares celebran una misa de aniversario, pero poco a poco esto ha ido decreciendo.

Luego más de 60 lesionados, viudas y huérfanos, se integraron al Movimiento Ciudadano Celayense (MCC) para pedir ayuda y reclamar justicia, y durante algunos años lograron apoyo para atención médica, medicamentos y prótesis, no así las operaciones que aún requieren algunos.

El gobierno municipal les ha venido dando trato especial en el pago de servicio como el agua potable e Impuesto Predial. Su vocero y líder moral era el maestro Florencio López Ojeda, quien falleció el 4 de noviembre del 2017.

No hubo reparación del daño

Desde entonces se promovieron acciones para hacer justicia y castigar a los responsables, pero solo la propietaria de la Abarrotera Celaya, Angélica Vargas Bocanegra, cuyo esposo Ignacio Ojeda murió también, fue condenada a prisión y a pagar la reparación del daño.

El abogado del Movimiento Ciudadano Celayense Juan Martínez explicó que se había asignado a la SHCP hacer efectivo esto último pero nunca pudo hacerlo.

Luego, se promovió un juicio civil para la reparación del daño, pero como la persona no tenía propiedades a su nombre, tampoco se pudo lograr y con ello las instancias legales ya están agotadas, ya no hay nada que hacer.



Algunos de los deudos de los fallecidos recibieron indemnizaciones de hasta 40 mil pesos y los lesionados de 12 a 20 mil pesos, pero no hubo reparación del daño.

El abogado agregó que el fallecimiento del maestro Florencio López, quien era el “motor” del movimiento, hizo que la gente se desanimara y para este año inicialmente no había programado nada para el día 26 en la calle Antonio Plaza.

Pero finalmente algunos de los deudos resolvieron realizar a sus expensas una misa en la iglesia de la Resurrección y rezar un rosario en el sitio donde existió la Abarrotera Celaya, a las 10:00 horas, con las personas que acudan. Aún queda gente que requieren ayuda y operaciones actualmente.


Gobernador sobrevoló la zona

Ese día, Ramón Martín Huerta, entonces gobernador interino del Estado, había acudido a Apaseo El Alto como invitado del informe de gobierno del presidente municipal Joel Jiménez Sánchez. Allá le avisaron de lo ocurrido en Celaya.

Terminando su primer evento, iba a acudir al informe de Apaseo El Grande, pero canceló esa visita para venirse inmediatamente a supervisar los daños, a bordo de un helicóptero en el cual sobrevoló la zona de desastre. Después, bajó a tierra a recorrer la zona de desastre.


CELAYA, Gto.- (OEM-Informex).- Este 26 de septiembre se cumplen 20 años de aquella mañana del llamado “Domingo Negro”, cuando estallaron toneladas de pólvora y material pirotécnico en dos locales de la calle Antonio Plaza, que dejó 72 personas muertas y 350 heridas, produciéndose la peor catástrofe sufrida por Celaya en la época contemporánea.

En ese lapso, decenas de afectados, entre lesionados, viudas y huérfanos aún buscaron la justicia en contra de los responsables, pero sólo hubo una persona sancionada, la dueña de la Abarrotera Celaya: Angélica Vargas Bocanegra, quien fue condenada a 10 años y 4 meses de prisión, los cumplió en 2018 y quedó libre, no hubo reparación del daño a los afectados luego de agotarse las instancias legales, tanto en lo penal como en lo civil.



Como se recuerda, serían aproximadamente las 10:15 horas del domingo 26 de septiembre cuando una llamada alertó al entonces Cuerpo de Bomberos Voluntarios sobre un incendio en un negocio cercano a la esquina de las calles Antonio Plaza y Felipe Ángeles; frente a la Central Camionera, había una vitrina que exhibía fuegos artificiales y estalló (la primera explosión) al parecer por el efecto lupa que causó el sol de la mañana.

Acudió una unidad de ataque rápido y en pocos minutos arribaron paramédicos de Cruz Roja en una ambulancia, luego acudieron elementos de la Policía Preventiva y Tránsito para participar en las labores de ayuda, y con ellos decenas y cientos de curiosos.

Menos de media hora después, ignorantes de lo que había en el interior, los cuerpos de auxilio hacían su labor cuando vino la segunda explosión.

Un testigo la describió como el ruido de una puerta al cerrarse de golpe, demolió los locales en la esquina y los negocios que había frente a ellos, la onda expansiva lanzó esquirlas y escombro que mataron instantáneamente a 72 personas y lesionaron a otras 350, el humo negro que levantó se vio a kilómetros a la redonda.

Los automóviles estacionados en las calles mencionadas volaron o volcaron con la segunda explosión, incluida la unidad de acción rápida de Bomberos y una ambulancia de Cruz Roja. En el lugar murieron los socorristas Juan Rodríguez Corona, Cristina Camarena Laguna y Jesús Revilla Sánchez, así como el bombero Juan Manuel Segoviano, y Rafael Santoyo, de Rescate SOS, con ellos también falleció el fotógrafo Matías Niño y resultó lesionado el fotógrafo de El Sol del Bajío, Leonicio Lira, quien murió horas después.




La unidad de atención rápida de Bomberos quedó destrozada luego de la segunda explosión, murió Juan Manuel Segoviano./ Foto: El Sol Del Bajío


La onda lo lanzó varios metros

Raúl Domínguez Serret, artista plástico, en esa época tenía un negocio de cremería en Antonio Plaza, refiere que vio las maniobras y algo presintió, pero cuando trataba de retirarse sobrevino la explosión y la onda expansiva lo proyectó varios metros y fue a caer al interior de una sucursal bancaria que estaba frente a Felipe Ángeles.

Durante su rehabilitación hacía largas caminatas y comenzó a recoger tuercas, tornillos, y cuanta pieza metálica encontraba en la calle y así inició sus obras con estos materiales.

Aquel día fatal, acudieron cuerpos de auxilio de todos los rumbos del estado a atender a los lesionados, los primeros en llegar fueron los del SUMAA, de Apaseo El Alto, porque acababan de dejar un traslado, y los sanatorios particulares abrieron sus puertas para recibir a los más de 300 heridos.

Los 72 cuerpos de los fallecidos, muchos de ellos mutilados, fueron canalizados a un gimnasio en la Unidad Deportiva Miguel Alemán, habilitada como morgue. El entonces Obispo de la Diócesis de Celaya, ya fallecido, Humberto Velázquez Garay, comentó posteriormente que eran más de 100 cuerpos.

Los escombros fueron removidos en las siguientes semanas y en menos de un año se habían repuesto los locales comerciales, con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Económico Sustentable del Estado, como si nada hubiera pasado, la Abarrotera Celaya por años quedó como un terreno baldío, pero recientemente se habilitaron nuevos locales y en el lugar, año con año, familiares celebran una misa de aniversario, pero poco a poco esto ha ido decreciendo.

Luego más de 60 lesionados, viudas y huérfanos, se integraron al Movimiento Ciudadano Celayense (MCC) para pedir ayuda y reclamar justicia, y durante algunos años lograron apoyo para atención médica, medicamentos y prótesis, no así las operaciones que aún requieren algunos.

El gobierno municipal les ha venido dando trato especial en el pago de servicio como el agua potable e Impuesto Predial. Su vocero y líder moral era el maestro Florencio López Ojeda, quien falleció el 4 de noviembre del 2017.

No hubo reparación del daño

Desde entonces se promovieron acciones para hacer justicia y castigar a los responsables, pero solo la propietaria de la Abarrotera Celaya, Angélica Vargas Bocanegra, cuyo esposo Ignacio Ojeda murió también, fue condenada a prisión y a pagar la reparación del daño.

El abogado del Movimiento Ciudadano Celayense Juan Martínez explicó que se había asignado a la SHCP hacer efectivo esto último pero nunca pudo hacerlo.

Luego, se promovió un juicio civil para la reparación del daño, pero como la persona no tenía propiedades a su nombre, tampoco se pudo lograr y con ello las instancias legales ya están agotadas, ya no hay nada que hacer.



Algunos de los deudos de los fallecidos recibieron indemnizaciones de hasta 40 mil pesos y los lesionados de 12 a 20 mil pesos, pero no hubo reparación del daño.

El abogado agregó que el fallecimiento del maestro Florencio López, quien era el “motor” del movimiento, hizo que la gente se desanimara y para este año inicialmente no había programado nada para el día 26 en la calle Antonio Plaza.

Pero finalmente algunos de los deudos resolvieron realizar a sus expensas una misa en la iglesia de la Resurrección y rezar un rosario en el sitio donde existió la Abarrotera Celaya, a las 10:00 horas, con las personas que acudan. Aún queda gente que requieren ayuda y operaciones actualmente.


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Terminando su primer evento, iba a acudir al informe de Apaseo El Grande, pero canceló esa visita para venirse inmediatamente a supervisar los daños, a bordo de un helicóptero en el cual sobrevoló la zona de desastre. Después, bajó a tierra a recorrer la zona de desastre.


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