/ lunes 19 de agosto de 2019

Hace 46 años Celaya sufrió la peor inundación de su historia 

Circunstancias climáticas no previstas y  manejo político, causaron la contingencia

CELAYA, Gto. (OEM-Informex).- A fines de julio e inicios del mes de agosto de 1973, en el Valle de Celaya la vida seguía normal, había llovido regularmente y los antecedentes de sequía en años anteriores y el bombardeo aéreo de nubes con yoduro de plata para forzar la lluvia, lo que se daba desde fines de los años 60, seguían presente en la memoria de los celayenses.

Nadie previó un fenómeno que pocas veces se ha dado en la cuenca alta del Río Laja, entre los municipios de Jesús María, Jalisco, y San Felipe, Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende, Guanajuato.

Llovió 19 días seguidos y los 251 millones de metros cúbicos de capacidad que entonces tenía la presa Ignacio Allende comenzaron a cubrirse rápidamente al converger al vaso el caudal de los arroyos y el mismo Río Laja.




Las señales de alarma fueron minimizadas por causas políticas, el titular de la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) en Guanajuato, un delegado de apellido Herrera, en épocas que no existía Protección Civil ni normas tan precisas como las actuales para prevenir emergencias, posiblemente temió las consecuencias políticas que podría tener el comenzar a desfogar la presa y con ello provocar las protestas de los usuarios de las tierras de cultivo irrigables aguas abajo (lo que finalmente ocurrió décadas después) y mantuvo cerrado el embalse hasta el último momento.

No fue sino hasta el día 17 que se abrieron las compuertas de la presa ante el riesgo de un colapso (nada que ver con los desfogues controlados actuales) y el viejo y azolvado cauce del Río Laja, que rara vez soporta más de 400 metros cúbicos por segundo, se desbordó en varios puntos y afectó inicialmente comunidades y cabecera municipal del municipio de Comonfort y siguió su camino hasta inundar Celaya.

Para la tarde del día 17, las colonias Las Insurgentes y la Obrera, así como parte de la colonia Alameda y el Barrio de El Zapote, ya estaban inundadas, sólo las vías del ferrocarril de la ruta México-Laredo y la carretera Panamericana, que comenzaba en lo que es hoy 2 de Abril y Boulevard, reforzados con costalera, hacían dique, para que la inundación de la ciudad no continuará.



Las autoridades municipales y estatales resolvieron romper la carretera en un punto donde hoy existe una agencia de autos paralela a la vía del ferrocarril, junto a Jardines de Celaya, con la esperanza de que ese cauce sacara el agua de la inundación y todo terminara.


Al final, el efecto fue todo lo contrario, el cauce no fue suficiente y acabó de inundar la zona urbana por su parte sur, en el Barrio de La Resurrección el agua ingresó por la madrugada del sábado 18 de agosto por la empedrada calle Doctor Hernández Álvarez (hoy Felipe Ángeles) e inundó este barrio, el de San Juan y la colonia Emeteria Valencia.

En la mañana, la calle Ignacio Allende era un río desde el "crucero de la muerte" (ahora Constituyentes y Lázaro Cárdenas) hasta poco antes de la calle Pípila, en zona centro.

Por la calle de Morelos, el agua llegaba hasta el mercado del mismo nombre y por Madero hasta el Convento de San Francisco.

La zona más profunda del nivel del agua registrada fue de 1.60 metros en la calle de Río Bravo, en el barrio de El Zapote, poco antes del punto conocido como El Chubasco.

En la calle de Tampico también del barrio de El Zapote, se desplomaron varias viviendas que eran de adobe, al reblandecerse, al igual que un muro perimetral del mismo material en un fraccionamiento privado ubicado en la esquina de las calles de Acapulco y 16 de Septiembre.

La recién estrenada Central de Autobuses Tresguerras quedó sumergida en un metro de agua al igual que el fraccionamiento El Vergel.

La única víctima mortal de la inundación fue una persona que se electrocutó al pisar cables de alta tensión que estaban debajo del agua, en la zona del Barrio de El Zapote.


El Ejército Mexicano llegó oportunamente para auxiliar a la población civil y se concentró en las instalaciones de la escuela Tresguerras, pero algunos testigos de la época afirman que como llegó se retiró rápidamente, para atender la emergencia en la ciudad de Irapuato, donde colapsó una presa aguas arriba y arrasó el centro de la ciudad, causando numerosas muertes.

Al final, los celayenses fueron auxiliados por los clubes de servicio, como Club de Leones y Club Rotario, además de gente altruista y el municipio, con sus exiguos recursos de entonces, como en anteriores ocasiones, el Ex-convento de San Francisco se convirtió en refugio de cientos de damnificados, al igual que algunas escuelas.

Debido a que las redes de agua potable estaban contaminadas a los celayenses se les recomendó hervir el agua con cal (sabía peor que el cloro) antes de beberla y así evitar epidemias.

Muchos propietarios de negocios de abarrotes hicieron su agosto literalmente encareciendo los víveres, y otros tuvieron graves pérdidas como El Faro, cuyas bodegas estaban en la calle Morelos; de las decenas de toneladas de sal y azúcar almacenadas, sólo quedaron los sacos de yute y manta, vacíos.

En medio de tanta desgracia, adolescentes y niños estaban felices en esos días chapoteando en las calles inundadas con el agua turbia, donde nadaban culebras y sapos de todas dimensiones, escombros y basura, situación que se prolongó por tres días, hasta que disminuyó el nivel del agua y la vida volvió a la normalidad.

CELAYA, Gto. (OEM-Informex).- A fines de julio e inicios del mes de agosto de 1973, en el Valle de Celaya la vida seguía normal, había llovido regularmente y los antecedentes de sequía en años anteriores y el bombardeo aéreo de nubes con yoduro de plata para forzar la lluvia, lo que se daba desde fines de los años 60, seguían presente en la memoria de los celayenses.

Nadie previó un fenómeno que pocas veces se ha dado en la cuenca alta del Río Laja, entre los municipios de Jesús María, Jalisco, y San Felipe, Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende, Guanajuato.

Llovió 19 días seguidos y los 251 millones de metros cúbicos de capacidad que entonces tenía la presa Ignacio Allende comenzaron a cubrirse rápidamente al converger al vaso el caudal de los arroyos y el mismo Río Laja.




Las señales de alarma fueron minimizadas por causas políticas, el titular de la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) en Guanajuato, un delegado de apellido Herrera, en épocas que no existía Protección Civil ni normas tan precisas como las actuales para prevenir emergencias, posiblemente temió las consecuencias políticas que podría tener el comenzar a desfogar la presa y con ello provocar las protestas de los usuarios de las tierras de cultivo irrigables aguas abajo (lo que finalmente ocurrió décadas después) y mantuvo cerrado el embalse hasta el último momento.

No fue sino hasta el día 17 que se abrieron las compuertas de la presa ante el riesgo de un colapso (nada que ver con los desfogues controlados actuales) y el viejo y azolvado cauce del Río Laja, que rara vez soporta más de 400 metros cúbicos por segundo, se desbordó en varios puntos y afectó inicialmente comunidades y cabecera municipal del municipio de Comonfort y siguió su camino hasta inundar Celaya.

Para la tarde del día 17, las colonias Las Insurgentes y la Obrera, así como parte de la colonia Alameda y el Barrio de El Zapote, ya estaban inundadas, sólo las vías del ferrocarril de la ruta México-Laredo y la carretera Panamericana, que comenzaba en lo que es hoy 2 de Abril y Boulevard, reforzados con costalera, hacían dique, para que la inundación de la ciudad no continuará.



Las autoridades municipales y estatales resolvieron romper la carretera en un punto donde hoy existe una agencia de autos paralela a la vía del ferrocarril, junto a Jardines de Celaya, con la esperanza de que ese cauce sacara el agua de la inundación y todo terminara.


Al final, el efecto fue todo lo contrario, el cauce no fue suficiente y acabó de inundar la zona urbana por su parte sur, en el Barrio de La Resurrección el agua ingresó por la madrugada del sábado 18 de agosto por la empedrada calle Doctor Hernández Álvarez (hoy Felipe Ángeles) e inundó este barrio, el de San Juan y la colonia Emeteria Valencia.

En la mañana, la calle Ignacio Allende era un río desde el "crucero de la muerte" (ahora Constituyentes y Lázaro Cárdenas) hasta poco antes de la calle Pípila, en zona centro.

Por la calle de Morelos, el agua llegaba hasta el mercado del mismo nombre y por Madero hasta el Convento de San Francisco.

La zona más profunda del nivel del agua registrada fue de 1.60 metros en la calle de Río Bravo, en el barrio de El Zapote, poco antes del punto conocido como El Chubasco.

En la calle de Tampico también del barrio de El Zapote, se desplomaron varias viviendas que eran de adobe, al reblandecerse, al igual que un muro perimetral del mismo material en un fraccionamiento privado ubicado en la esquina de las calles de Acapulco y 16 de Septiembre.

La recién estrenada Central de Autobuses Tresguerras quedó sumergida en un metro de agua al igual que el fraccionamiento El Vergel.

La única víctima mortal de la inundación fue una persona que se electrocutó al pisar cables de alta tensión que estaban debajo del agua, en la zona del Barrio de El Zapote.


El Ejército Mexicano llegó oportunamente para auxiliar a la población civil y se concentró en las instalaciones de la escuela Tresguerras, pero algunos testigos de la época afirman que como llegó se retiró rápidamente, para atender la emergencia en la ciudad de Irapuato, donde colapsó una presa aguas arriba y arrasó el centro de la ciudad, causando numerosas muertes.

Al final, los celayenses fueron auxiliados por los clubes de servicio, como Club de Leones y Club Rotario, además de gente altruista y el municipio, con sus exiguos recursos de entonces, como en anteriores ocasiones, el Ex-convento de San Francisco se convirtió en refugio de cientos de damnificados, al igual que algunas escuelas.

Debido a que las redes de agua potable estaban contaminadas a los celayenses se les recomendó hervir el agua con cal (sabía peor que el cloro) antes de beberla y así evitar epidemias.

Muchos propietarios de negocios de abarrotes hicieron su agosto literalmente encareciendo los víveres, y otros tuvieron graves pérdidas como El Faro, cuyas bodegas estaban en la calle Morelos; de las decenas de toneladas de sal y azúcar almacenadas, sólo quedaron los sacos de yute y manta, vacíos.

En medio de tanta desgracia, adolescentes y niños estaban felices en esos días chapoteando en las calles inundadas con el agua turbia, donde nadaban culebras y sapos de todas dimensiones, escombros y basura, situación que se prolongó por tres días, hasta que disminuyó el nivel del agua y la vida volvió a la normalidad.

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