/ jueves 1 de julio de 2021

[VIDEO] “Yuyo” quería ser barber profesional; fue asesinado en anexo de Arandas

Probó las drogas en la secundaria y por ello fue enviado a rehabilitación

IRAPUATO, Gto. (OEM-Informex). La última vez que Jesús, un joven de 16 años, estuvo bajo el influjo de las drogas, no podía ni pararse. Fue entonces cuando sus papás, desesperados por verlo así, le dijeron que lo anexarían; “Yuyo”, como lo conocían familiares y amigos, estuvo de acuerdo, pues incluso él entró por su propio pie al anexo “Buscando el camino a mi recuperación”, pues quería rehabilitarse para convertirse en barber profesional.


Los padres de Yuyo sólo piden que se haga justicia. | Foto: Marco Bedolla | El Sol de Irapuato



Mayra López, madre de “Yuyo”, relató que su hijo era una persona cariñosa y a la que todo mundo quería, todo mundo quería estar con él por lo alegre que solía ser.


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“Cuando me veía en la calle me decía de cariño 'Doña, aquí estoy, no se preocupe, váyase con cuidado' o 'Doña, venga, la quiero mucho' y me abrazaba. Era muy cariñoso”, cuenta entre lágrimas, pues se niega a hacerse a la idea que “Yuyo” ya no está más con ella.

Mayra contó que para una madre es muy doloroso ver la descomposición de un hijo a causa de las drogas. Rcordó que fue cuando entró a la secundaria cuando comenzó a probar la droga. Primero empezó con la marihuana, después siguió con el Cristal y la última vez que se drogó fue porque alguien le puso unas pastillas en la bebida que tomó, al grado que no podía estarse en pie.

A Mayra y a su esposo les habían contado de un anexo cercano a la colonia El Naranjal, de donde son originarios, pero un conocido les dijo que en ese les pegaban; en la desesperación por no volver a su hijo bajo el influjo de las drogas es que sin chistar lo llevaron al que conocían sólo de pasada de la comunidad de Arandas.




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“Yo me voy solo, no me jalen, yo me voy solo”, dijo “Yuyo” el día en que entró al anexo. Se quedó triste, llorando, pero sabía que era por su bien, recuerda su madre.

“Yuyo” estaba por salir. Estaba a poco más de 20 días de cumplir su tratamiento de cuatro meses dentro de ese lugar. Su madre contó que ya tenía planes para su vida: quería salir y estudiar para ser barber profesional y hacer cortes modernos, quería comprarse una patineta y seguir practicando, además de que quería continuar con las pláticas que daban en el anexo, pues quería ayudar a más jóvenes que como él cayeron en las drogas; sin embargo, todo quedó trunco.

El primero de julio de 2020, “Yuyo” era uno de los 27 hombres que fueron asesinados en el centro de rehabilitación “Buscando el camino a mi recuperación.


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Para Jesús, padre de “Yuyo”, el dolor aún no se va, sobre todo porque los presuntos asesinos no han sido sentenciados. Señaló que a parte del dolor de no tener a su hijo, se une la rabia porque las audiencias de sentencia se han ido aplazando una y otra vez, tanto que ya perdieron la esperanza de justicia.

Jesús es enfático: en su corazón no hay lugar aún para el perdón hacia esas personas, por eso cada vez que hay una audiencia y ésta es suspendida, la rabia le vuelve a invadir.

Sin embargo, espera que el tiempo le permita un día superar el dolor que aún siente; “la herida sigue abierta y creo que no va a cerrar pronto; creo que a lo mejor ni va a cerrar, pero lo único que queremos es que ya no duela tanto”, sentenció



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IRAPUATO, Gto. (OEM-Informex). La última vez que Jesús, un joven de 16 años, estuvo bajo el influjo de las drogas, no podía ni pararse. Fue entonces cuando sus papás, desesperados por verlo así, le dijeron que lo anexarían; “Yuyo”, como lo conocían familiares y amigos, estuvo de acuerdo, pues incluso él entró por su propio pie al anexo “Buscando el camino a mi recuperación”, pues quería rehabilitarse para convertirse en barber profesional.


Los padres de Yuyo sólo piden que se haga justicia. | Foto: Marco Bedolla | El Sol de Irapuato



Mayra López, madre de “Yuyo”, relató que su hijo era una persona cariñosa y a la que todo mundo quería, todo mundo quería estar con él por lo alegre que solía ser.


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“Cuando me veía en la calle me decía de cariño 'Doña, aquí estoy, no se preocupe, váyase con cuidado' o 'Doña, venga, la quiero mucho' y me abrazaba. Era muy cariñoso”, cuenta entre lágrimas, pues se niega a hacerse a la idea que “Yuyo” ya no está más con ella.

Mayra contó que para una madre es muy doloroso ver la descomposición de un hijo a causa de las drogas. Rcordó que fue cuando entró a la secundaria cuando comenzó a probar la droga. Primero empezó con la marihuana, después siguió con el Cristal y la última vez que se drogó fue porque alguien le puso unas pastillas en la bebida que tomó, al grado que no podía estarse en pie.

A Mayra y a su esposo les habían contado de un anexo cercano a la colonia El Naranjal, de donde son originarios, pero un conocido les dijo que en ese les pegaban; en la desesperación por no volver a su hijo bajo el influjo de las drogas es que sin chistar lo llevaron al que conocían sólo de pasada de la comunidad de Arandas.




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“Yo me voy solo, no me jalen, yo me voy solo”, dijo “Yuyo” el día en que entró al anexo. Se quedó triste, llorando, pero sabía que era por su bien, recuerda su madre.

“Yuyo” estaba por salir. Estaba a poco más de 20 días de cumplir su tratamiento de cuatro meses dentro de ese lugar. Su madre contó que ya tenía planes para su vida: quería salir y estudiar para ser barber profesional y hacer cortes modernos, quería comprarse una patineta y seguir practicando, además de que quería continuar con las pláticas que daban en el anexo, pues quería ayudar a más jóvenes que como él cayeron en las drogas; sin embargo, todo quedó trunco.

El primero de julio de 2020, “Yuyo” era uno de los 27 hombres que fueron asesinados en el centro de rehabilitación “Buscando el camino a mi recuperación.


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Para Jesús, padre de “Yuyo”, el dolor aún no se va, sobre todo porque los presuntos asesinos no han sido sentenciados. Señaló que a parte del dolor de no tener a su hijo, se une la rabia porque las audiencias de sentencia se han ido aplazando una y otra vez, tanto que ya perdieron la esperanza de justicia.

Jesús es enfático: en su corazón no hay lugar aún para el perdón hacia esas personas, por eso cada vez que hay una audiencia y ésta es suspendida, la rabia le vuelve a invadir.

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