/ martes 9 de enero de 2024

Prospectiva

Segundo Piso...

Solo faltan unos meses para que nos encontremos en la realidad de decidir si queremos seguir siendo un país de confrontación entre los ciudadanos, si queremos seguir siendo observadores del deterioro progresivo en el sistema de salud, de seguir observando cómo generaciones de niños y jóvenes mexicanos viven en el rezago educativo y están cada día más alejados de las posibilidades de ser incluidos en agendas del desarrollo, de seguir siendo observadores y partícipes del crecimiento de la economía informal, de la contracción del mercado laboral.

Estamos a pocos meses de instruirle a los aspirantes a las posiciones de gobierno como queremos que sea el futuro de nuestro país.

O nos manifestamos ahora de manera organizada o pasaremos viendo cómo se posicionan los mexicanos que siguen creyendo en ideologías que parecían superadas, que fueron parte del pensamiento populista de los años sesentas y setentas pero que parece que vuelven a ser el eje de las motivaciones ideológicas de los socios del actual gobierno.

El presidente parece estar pagando los acuerdos que hizo con la izquierda estacionada en esas décadas y que hoy se anima a “construir un segundo piso …” lo que cada quien quiera entender con este concepto, para continuar un sexenio más en los poderes de la nación.

A ese fenómeno que le llaman ufanamente cuarta transformación se le podría comparar con los tiempos del control político del viejo PRI, el de Díaz Ordaz, el de Luis Echeverría, el de José López Portillo, donde la simulación era la práctica común en la política mexicana y servía para mantener el control político de cuantos quisieran manifestar inconformidad con la corrupción e impunidad del gobierno en turno… exactamente igual que en el actual sexenio.

Hoy el gobierno ha regresado al cinismo en la administración de los bienes públicos, a la simulación en el manejo de los contratos para bienes y servicios, ha colocado a los leales al presidente, independientemente de su incompetencia y de su falta de probidad moral, es decir, con que le obedezcan al titular del poder ejecutivo ya están justificando que hayan obtenido el cargo que ostentan y entonces tenemos un gabinete del poder ejecutivo que asume sus incompetencias para obedecer a otro incompetente.

Durante el sexenio que más crímenes dolosos ha tenido en su historia, donde las bandas de delincuentes protegidos por el actual poder ejecutivo, han tomado posesión de la “seguridad” de los mexicanos y conviven con el personal uniformado que obedece órdenes de las fuerzas armadas, el sexenio del desmantelamiento del trabajo de ciencia y tecnología por la falta de recursos a los proyectos de investigación, el sexenio de la desconfiguración en las relaciones entre los poderes del estado mexicano.. quienes desean mantenerse en el poder, empezando por el actual presidente López, tiene una estrategia a la que llanamente le llaman: el segundo piso de la transformación.

A la izquierda mexicana, la que abrevó de sus vínculos con la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la del grupo de São Paulo y luego Puebla (son los mismos) les han encargado para seguir en la estrategia, que trabajen en la configuración de un “segundo piso” de la transformación, como si la planta baja estuviera muy resistente, poniendo un presidente que haga el trabajo de transición, otro sexenio y luego consolide con un tercer sexenio que gobierno el hijo del actual presidente…

La izquierda que siempre fue simpatizante de uso de armas y declaraciones de guerra, lucha de guerrillas, sabotaje, terrorismo, explosivos… hoy sigue teniendo esos afectos solo que ese tema lo tienen atendido asociando las estrategias de la transformación que les ocupa con la participación de los mexicanos uniformados, dependientes de la estructura de las fuerzas armadas y ocupando las posiciones estratégicas que les den confianza de que los ciudadanos estarán bajo control mientras ellos operan su plan del segundo piso.

Lo que está por venir es la hora de definiciones del rumbo político de nuestro país decidiendo entre una dictadura populista o un gobierno democrático: lo que representa la candidata Sheinbaum es la continuidad de un proceso de deterioro de la nación, continuar en el populismo, la corrupción y la impunidad, barnizada de discursos de izquierda y bajo la dirección de un autócrata que no ve mal los niveles de corrupción en el gobierno, de mentiras y deterioro de la nación.

Sigue siendo opción la participación ciudadana, la que recupere el sentido del mandato constitucional, con liderazgos que respeten el orden y la decisión de los ciudadanos en las urnas, la opción que representa la oportunidad de terminar con la corrupción en el gobierno y que desde el poder legislativo siente las bases de la recuperación de la educación, la salud, el bienestar de los mexicanos, las oportunidades de desarrollo y el crecimiento, especialmente el respeto a los derechos humanos desde la concepción.

Estos valores son posibles en un modelo democrático que no va a llegar solo, requiere del compromiso ciudadano de cada uno de nosotros, de la participación de cada mexicano en su municipio, en su estado y en el país.

Requiere de una agenda ciudadana, donde los partidos aliados entiendan que no está en juego sus intereses partidistas, sino la vida democrática del país.

Interésate por las propuestas de candidaturas democráticas en donde tú vives, si tú desinterés es mayor que las propuestas ciudadanas y piensas que ninguno llega a tus intereses y propósitos políticos por lo que prefieres hacer caso a tu indiferencia, a tu desinterés por los temas políticos de la nación, si lo que pensaste, una vez más es dejar de votar; estás haciendo lo necesario para posicionar la propuesta de una dictadura populista; cada voto que dejas de ejercer favorece a la opción de continuidad en la corrupción y la impunidad del actual gobierno.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

José Gerardo Mosqueda Martínez, Presidente del Instituto de Administración Pública de Guanajuato

gmg@gerardomosqueda.com.mx

Segundo Piso...

Solo faltan unos meses para que nos encontremos en la realidad de decidir si queremos seguir siendo un país de confrontación entre los ciudadanos, si queremos seguir siendo observadores del deterioro progresivo en el sistema de salud, de seguir observando cómo generaciones de niños y jóvenes mexicanos viven en el rezago educativo y están cada día más alejados de las posibilidades de ser incluidos en agendas del desarrollo, de seguir siendo observadores y partícipes del crecimiento de la economía informal, de la contracción del mercado laboral.

Estamos a pocos meses de instruirle a los aspirantes a las posiciones de gobierno como queremos que sea el futuro de nuestro país.

O nos manifestamos ahora de manera organizada o pasaremos viendo cómo se posicionan los mexicanos que siguen creyendo en ideologías que parecían superadas, que fueron parte del pensamiento populista de los años sesentas y setentas pero que parece que vuelven a ser el eje de las motivaciones ideológicas de los socios del actual gobierno.

El presidente parece estar pagando los acuerdos que hizo con la izquierda estacionada en esas décadas y que hoy se anima a “construir un segundo piso …” lo que cada quien quiera entender con este concepto, para continuar un sexenio más en los poderes de la nación.

A ese fenómeno que le llaman ufanamente cuarta transformación se le podría comparar con los tiempos del control político del viejo PRI, el de Díaz Ordaz, el de Luis Echeverría, el de José López Portillo, donde la simulación era la práctica común en la política mexicana y servía para mantener el control político de cuantos quisieran manifestar inconformidad con la corrupción e impunidad del gobierno en turno… exactamente igual que en el actual sexenio.

Hoy el gobierno ha regresado al cinismo en la administración de los bienes públicos, a la simulación en el manejo de los contratos para bienes y servicios, ha colocado a los leales al presidente, independientemente de su incompetencia y de su falta de probidad moral, es decir, con que le obedezcan al titular del poder ejecutivo ya están justificando que hayan obtenido el cargo que ostentan y entonces tenemos un gabinete del poder ejecutivo que asume sus incompetencias para obedecer a otro incompetente.

Durante el sexenio que más crímenes dolosos ha tenido en su historia, donde las bandas de delincuentes protegidos por el actual poder ejecutivo, han tomado posesión de la “seguridad” de los mexicanos y conviven con el personal uniformado que obedece órdenes de las fuerzas armadas, el sexenio del desmantelamiento del trabajo de ciencia y tecnología por la falta de recursos a los proyectos de investigación, el sexenio de la desconfiguración en las relaciones entre los poderes del estado mexicano.. quienes desean mantenerse en el poder, empezando por el actual presidente López, tiene una estrategia a la que llanamente le llaman: el segundo piso de la transformación.

A la izquierda mexicana, la que abrevó de sus vínculos con la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la del grupo de São Paulo y luego Puebla (son los mismos) les han encargado para seguir en la estrategia, que trabajen en la configuración de un “segundo piso” de la transformación, como si la planta baja estuviera muy resistente, poniendo un presidente que haga el trabajo de transición, otro sexenio y luego consolide con un tercer sexenio que gobierno el hijo del actual presidente…

La izquierda que siempre fue simpatizante de uso de armas y declaraciones de guerra, lucha de guerrillas, sabotaje, terrorismo, explosivos… hoy sigue teniendo esos afectos solo que ese tema lo tienen atendido asociando las estrategias de la transformación que les ocupa con la participación de los mexicanos uniformados, dependientes de la estructura de las fuerzas armadas y ocupando las posiciones estratégicas que les den confianza de que los ciudadanos estarán bajo control mientras ellos operan su plan del segundo piso.

Lo que está por venir es la hora de definiciones del rumbo político de nuestro país decidiendo entre una dictadura populista o un gobierno democrático: lo que representa la candidata Sheinbaum es la continuidad de un proceso de deterioro de la nación, continuar en el populismo, la corrupción y la impunidad, barnizada de discursos de izquierda y bajo la dirección de un autócrata que no ve mal los niveles de corrupción en el gobierno, de mentiras y deterioro de la nación.

Sigue siendo opción la participación ciudadana, la que recupere el sentido del mandato constitucional, con liderazgos que respeten el orden y la decisión de los ciudadanos en las urnas, la opción que representa la oportunidad de terminar con la corrupción en el gobierno y que desde el poder legislativo siente las bases de la recuperación de la educación, la salud, el bienestar de los mexicanos, las oportunidades de desarrollo y el crecimiento, especialmente el respeto a los derechos humanos desde la concepción.

Estos valores son posibles en un modelo democrático que no va a llegar solo, requiere del compromiso ciudadano de cada uno de nosotros, de la participación de cada mexicano en su municipio, en su estado y en el país.

Requiere de una agenda ciudadana, donde los partidos aliados entiendan que no está en juego sus intereses partidistas, sino la vida democrática del país.

Interésate por las propuestas de candidaturas democráticas en donde tú vives, si tú desinterés es mayor que las propuestas ciudadanas y piensas que ninguno llega a tus intereses y propósitos políticos por lo que prefieres hacer caso a tu indiferencia, a tu desinterés por los temas políticos de la nación, si lo que pensaste, una vez más es dejar de votar; estás haciendo lo necesario para posicionar la propuesta de una dictadura populista; cada voto que dejas de ejercer favorece a la opción de continuidad en la corrupción y la impunidad del actual gobierno.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

José Gerardo Mosqueda Martínez, Presidente del Instituto de Administración Pública de Guanajuato

gmg@gerardomosqueda.com.mx

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