/ miércoles 26 de junio de 2024

Y tú, ¿Cuándo Naciste?

Yo, como muchos que actualmente peinamos canas, nacimos en los 40, 50, 60, crecimos en épocas donde las cartas y el teléfono eran el medio de comunicación para escuchar la voz del amado o la amada, las buenas y no tan buenas noticias familiares, nosotros, esquivamos la parálisis infantil, la varicela, la viruela - aunque aún hay quien carga la victoria en el rostro de haberla sobrevivido-, el asma y las bronquitis sin inhaladores modernos y con hierbas de la abuela, íbamos a la escuela a pie, de la mano de papá o mamá, los afortunados de mano de los abuelos, vivimos tomando “Squeeze” y algodones de azúcar como lujo semanal, nos deleitamos con los discos de vinilo y llegamos a usarlos como platillos voladores, vestíamos con monos vestidos y pantalones cortos fabricados en casa, cuya marca era mamá o la costurera amiga, crecimos sin carro o, tal vez, un carro por familia, íbamos al mercado con ojos atónitos de manos de mamá o la muchacha que era parte de la familia y nos angustiaba ver que vendían ratas de campo peladitas para la anemia y PAL hambre de muchos, acompañamos a hermanos con anemia o males mayores, al rastro a beber sangre de los toros o vacas que mataban por recomendaciones médicas para quitar la anemia con hierro fresquecito, salíamos en pandilla de muchos, 5, 6 y hasta trece, al cine, a misa y al futbol, entramos a la prepa pública de nuestra honrosa universidad en cada ciudad que habitamos, instituciones caracterizadas por las famosas novatadas a los hombres, a quienes se les paseaba por las calles de la ciudad en no aceptables condiciones y ninguno de los que la vivieron hasta donde tengo conocimiento, ha tenido problemas psicológicos ocasionados por ese tipo de bullying.

Conocimos el rock, el twist y los Beatles, nos casamos para descubrir la realidad del mundo, para algunos un maravilloso mundo, para otros una realidad desconocida que nos hizo madurar y aprender, tuvimos una televisión por familia y a veces por cuadra lo que permitía la convivencia de la cuadra en casa de alguien, andábamos en triciclos y bicicletas, hemos pasado por la computadora de tamaño macro a los celulares generación 15 y lo que venga, teníamos que investigar para conocer y para hacer nuestros documentos personales, escolares, laborales y aprendimos con el paso de los años que sólo hay que hablarle a Alexa, que no es la muchacha que traía el diccionario, sino la ilustre desconocida que te lleva a google o donde quieras para encontrar rápida respuesta a tus dudas. No sé si ese haya sido un mejor mundo o no, lo que sé es que fue más divertido y sociable, un mundo para convivir y no para ser sólo yo, un mundo para aprender el asombro de la tecnología y los cambios y no un mundo donde todo se nos da, un mundo que ha dado un giro de 360 grados y nos ha dejado anonadadas, lo que no quiere decir con baños de asiento, sino con baños de ducha fría de ver cómo la tecnología nos avasalló.

Somos una generación de cambio y aceptación, aunque como en todo arroz hay prietitos al cocerlo y hay quien repela por los cambios, somos la generación que ha vivido dos siglos diferentes por completo, con guerras y estabilidad aparente, hemos vivido ya, siete u ocho décadas, hemos vivido dos milenios totalmente diferentes, hemos vivido sin y con tecnología y pasamos por muchas cosas desde el teléfono casi prohibido en casa para usarlo hasta el celular que cargamos como apófisis de nuestro cuerpo, somos una generación de ¡ya he visto de todo! y sin embargo sabemos que aún nos falta tanto por ver, hemos vivido divorcios, separaciones, pérdidas y dolores, tantos como alegrías y éxitos propios y de nietos e hijos, hemos dejado de vivir y existir por dar paso a quienes amamos. Nosotros, a pesar de no caminar lento vivimos despacio, entregados a los demás, pensando en los demás contrastando con las generaciones actuales donde todo es velocidad, es impersonal, es tecnología, es desechable y reciclable, generación que tal vez con el paso de los años retome la familia, el valor del amor y se dé cuenta, como yo me he dado, que con el paso de los años nunca cambiaría la maravillosa vida vivida, mi familia, mis canas, las marcas de la risa y el llanto, mi cuerpo que ha disfrutado lo bueno y lo amargo, los amigos y seres queridos que ya partieron y los que están, el seguir bailando y agradeciendo cada día, los amores perdidos y los que puedan llegar, los pasos sobre la arena que como muchos recuerdos se borraron con el paso del agua tomada, mis recuerdos y también mis fallas de memoria, o si quiero ser elegante diré mi actual memoria selectiva, la reparación del corazón roto en más de una ocasión que al final ha bastado el tiempo, el agradecimiento y mi propio amor para que se reparara, el reconocer que la sabiduría verdadera se logra reconociendo mi propia ignorancia, el reconocer que crecí en sabiduría y aceptación el día que aprendí a reírme de mí misma, la libertad para decidir a quién le permito afectarme y a quién no, así que si tú ya aprendiste a evitar sentirte mal por lo que otros deciden sobre tí, bienvenido al club sin importar si eres un joven joven, un joven viejo o un viejo joven, escríbeme en angeldesofia@yahoo.com.mx Gracias.

Yo, como muchos que actualmente peinamos canas, nacimos en los 40, 50, 60, crecimos en épocas donde las cartas y el teléfono eran el medio de comunicación para escuchar la voz del amado o la amada, las buenas y no tan buenas noticias familiares, nosotros, esquivamos la parálisis infantil, la varicela, la viruela - aunque aún hay quien carga la victoria en el rostro de haberla sobrevivido-, el asma y las bronquitis sin inhaladores modernos y con hierbas de la abuela, íbamos a la escuela a pie, de la mano de papá o mamá, los afortunados de mano de los abuelos, vivimos tomando “Squeeze” y algodones de azúcar como lujo semanal, nos deleitamos con los discos de vinilo y llegamos a usarlos como platillos voladores, vestíamos con monos vestidos y pantalones cortos fabricados en casa, cuya marca era mamá o la costurera amiga, crecimos sin carro o, tal vez, un carro por familia, íbamos al mercado con ojos atónitos de manos de mamá o la muchacha que era parte de la familia y nos angustiaba ver que vendían ratas de campo peladitas para la anemia y PAL hambre de muchos, acompañamos a hermanos con anemia o males mayores, al rastro a beber sangre de los toros o vacas que mataban por recomendaciones médicas para quitar la anemia con hierro fresquecito, salíamos en pandilla de muchos, 5, 6 y hasta trece, al cine, a misa y al futbol, entramos a la prepa pública de nuestra honrosa universidad en cada ciudad que habitamos, instituciones caracterizadas por las famosas novatadas a los hombres, a quienes se les paseaba por las calles de la ciudad en no aceptables condiciones y ninguno de los que la vivieron hasta donde tengo conocimiento, ha tenido problemas psicológicos ocasionados por ese tipo de bullying.

Conocimos el rock, el twist y los Beatles, nos casamos para descubrir la realidad del mundo, para algunos un maravilloso mundo, para otros una realidad desconocida que nos hizo madurar y aprender, tuvimos una televisión por familia y a veces por cuadra lo que permitía la convivencia de la cuadra en casa de alguien, andábamos en triciclos y bicicletas, hemos pasado por la computadora de tamaño macro a los celulares generación 15 y lo que venga, teníamos que investigar para conocer y para hacer nuestros documentos personales, escolares, laborales y aprendimos con el paso de los años que sólo hay que hablarle a Alexa, que no es la muchacha que traía el diccionario, sino la ilustre desconocida que te lleva a google o donde quieras para encontrar rápida respuesta a tus dudas. No sé si ese haya sido un mejor mundo o no, lo que sé es que fue más divertido y sociable, un mundo para convivir y no para ser sólo yo, un mundo para aprender el asombro de la tecnología y los cambios y no un mundo donde todo se nos da, un mundo que ha dado un giro de 360 grados y nos ha dejado anonadadas, lo que no quiere decir con baños de asiento, sino con baños de ducha fría de ver cómo la tecnología nos avasalló.

Somos una generación de cambio y aceptación, aunque como en todo arroz hay prietitos al cocerlo y hay quien repela por los cambios, somos la generación que ha vivido dos siglos diferentes por completo, con guerras y estabilidad aparente, hemos vivido ya, siete u ocho décadas, hemos vivido dos milenios totalmente diferentes, hemos vivido sin y con tecnología y pasamos por muchas cosas desde el teléfono casi prohibido en casa para usarlo hasta el celular que cargamos como apófisis de nuestro cuerpo, somos una generación de ¡ya he visto de todo! y sin embargo sabemos que aún nos falta tanto por ver, hemos vivido divorcios, separaciones, pérdidas y dolores, tantos como alegrías y éxitos propios y de nietos e hijos, hemos dejado de vivir y existir por dar paso a quienes amamos. Nosotros, a pesar de no caminar lento vivimos despacio, entregados a los demás, pensando en los demás contrastando con las generaciones actuales donde todo es velocidad, es impersonal, es tecnología, es desechable y reciclable, generación que tal vez con el paso de los años retome la familia, el valor del amor y se dé cuenta, como yo me he dado, que con el paso de los años nunca cambiaría la maravillosa vida vivida, mi familia, mis canas, las marcas de la risa y el llanto, mi cuerpo que ha disfrutado lo bueno y lo amargo, los amigos y seres queridos que ya partieron y los que están, el seguir bailando y agradeciendo cada día, los amores perdidos y los que puedan llegar, los pasos sobre la arena que como muchos recuerdos se borraron con el paso del agua tomada, mis recuerdos y también mis fallas de memoria, o si quiero ser elegante diré mi actual memoria selectiva, la reparación del corazón roto en más de una ocasión que al final ha bastado el tiempo, el agradecimiento y mi propio amor para que se reparara, el reconocer que la sabiduría verdadera se logra reconociendo mi propia ignorancia, el reconocer que crecí en sabiduría y aceptación el día que aprendí a reírme de mí misma, la libertad para decidir a quién le permito afectarme y a quién no, así que si tú ya aprendiste a evitar sentirte mal por lo que otros deciden sobre tí, bienvenido al club sin importar si eres un joven joven, un joven viejo o un viejo joven, escríbeme en angeldesofia@yahoo.com.mx Gracias.

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