/ jueves 16 de mayo de 2024

¿Conoces la historia de San Isidro y la Hacienda de Veleros? Aquí te la contamos

La imagen de San Isidro Labrador tiene más de un siglo, y ha recorrido tres puntos de la ciudad

CELAYA, Gto.- La imagen de San Isidro Labrador tiene más de un siglo, y ha recorrido tres puntos de la ciudad. Inicialmente estuvo en su templo en donde ahora se encuentra la Nueva Catedral, pero al ser derrumbado, quedó por 20 años en una casa de la colonia San Antonio, y más tarde, cuando se le construyó su nuevo templo en la misma colonia, fue finalmente colocado el patrono de los campesinos, del buen temporal.

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Hace más de un siglo, había una hacienda llamada Veleros, y a su alrededor estaba el caserío de 400 hombres y mujeres dedicados a las tierras y también a la elaboración de velas para toda Celaya y la región, y ya para entonces estaba edificado el templo y contaba con la imagen de San Isidro Labrador, de casi un metro de altura.

Algunas familias que dependían de la hacienda, eran originarias de la comunidad de San Cayetano, y hace alrededor de 90 años, el gobierno invitó a los vecinos de dicha comunidad, así como de Tenería del Santuario, a poblar y hacer rendir aquellas tierras de lo que era el norte de Celaya, todo baldío.

Entonces, vecinos de San Cayetano, Los Mendoza, Tenería del Santuario y otras comunidades de la zona decidieron migrar con familias enteras, y se formó el Ejido Muñiz, segregación de San Cayetano, en lo que hoy es la colonia San Antonio, y fueron 25 ejidatarios los fundadores.

“Mis abuelos trabajaban en la Hacienda Veleros, pero la oportunidad, y porque ya eran muchos los que vivían en San Cayetano, decidieron formar parte del Ejido Muñiz, que tenía 52 hectáreas de parcelas y abarcaba Valle Hermoso y Lindavista, 25 campesinos, les tocaron dos hectáreas a cada uno; pero también, en la colonia El Paraíso eran al principio 104 hectáreas, pero ahora sólo tenemos 4 hectáreas, están allá, por Pelavacas, pero ya todo está todo fincado y ambos ejidos, Muñiz y El Paraíso, han ido desapareciendo por la mancha urbana”, contó Atanasio Reyes Jiménez, encargado de la fiesta del templo de San Isidro Labrador, de la colonia San Antonio.

La dueña de la Hacienda Veleros, era también propietaria de la imagen del patrono del buen temporal, y la mujer, que vivía en el centro de la ciudad de Celaya y de la que ahora sólo se recuerda que se llamaba Concepción, era monja y descendiente de la familia Chaurand, antes de partir de este mundo decidió regalar las tierras al Seminario.


Atanasio Reyes Jiménez, encargado de la fiesta del templo de San Isidro Labrador, de la colonia San Antonio, contó la historia de un ejido, que se convirtió en rancho y finalmente en colonia, y también habló de la imagen que tiene más de cien años. | Foto: Alfonso Berber / El Sol del Bajío



Hace más de 70 años, al quedar sin cabeza la hacienda, mucha gente destruyó el templo por la avaricia de encontrar monedas de oro que se creía estaban entre sus muros o bajo el templo, y hasta el campanario derrumbaron; algunos sí encontraron oro y se fueron a vivir al centro de la ciudad, otros dedicaron toda su vida a escarbar y demoler piedras, pero nunca encontraron ni una sola moneda de plata y menos de oro.

“Ya dejaron sola la hacienda, y la imagen de nuestro patrono no fue reclamada por nadie. Está sola en lo que queda del templo. No vaya a ser que algún malora haga de las suyas. Se los digo a ustedes que son muy devotos, por si quieren ir por ella”, le dijeron a don Bartolo Jiménez, hace 76 años, y ahí, en un cuartito de su casa la tuvo por 20 años, pero la gente no la olvidaba y a cada rato le iban a rezar”, comentó Anastasio Reyes, aclarando que don Bartolo era su abuelo, tan devoto como sus hijos y nietos.

“Cuando estuvo en el cuarto de mi abuelo, se le hacía su misa, se le llevaba flores, velas y veladoras, como cuando tenía su templo que fue derrumbado por la avaricia”, dijo Anastasio mientras se talló los ojos para quitarse un poco de tristeza de la cara.

La parcela en donde ahora está el nuevo templo, el dueño se fue al norte y no más la reclamó, así que se aprovechó se eligió un terreno de puros mezquites, se limpió y poco a poco los vecinos del ejido Muñiz fuimos levantando el templo, y para el 2025 se cumplen 50 años de tener la imagen en el templo, en donde año con año se le hacía sus fiestas con música y comida que duraban hasta tres o cuatro días.

“Este año bajó a un día, por la crisis, por las sequías, pero aún así la gente sigue cooperando para que se le haga su fiesta”, dijo don Anastasio, uno de los hombres que se ha dedicado a levantar el templo, a cuidarlo, a tenerlo limpio, a que no hagan falta sus velas, su luz, su gente devota.

Comentó que cuando andaban queriendo hacer el templo, en ese tiempo en que todavía se le llamaba el ranchito Muñiz, llegó uno de esos hombres que se apropian de las tierras sin tener papeles, así el pleito llegó a las palabras nada amables y se dijo: “No señor, aquí no va venir hacer lo que se le antoje, porque en este terreno vamos a levantar el templo a nuestro patrono del temporal. Y si no quiere venirnos ayudar, pues ya sabe por dónde está el camino de regreso”, y el hombre amansó su enojo, se retiró y ya no más se supo de él.

Cabe señalar que hace 30 años se regularizó el ejido Muñiz y desde entonces se convirtió en colonia San Antonio, y muchos de sus pobladores originales, que venían de San Cayetano, Los Mendoza y Tenería del Santuario, son de origen otomí.

CELAYA, Gto.- La imagen de San Isidro Labrador tiene más de un siglo, y ha recorrido tres puntos de la ciudad. Inicialmente estuvo en su templo en donde ahora se encuentra la Nueva Catedral, pero al ser derrumbado, quedó por 20 años en una casa de la colonia San Antonio, y más tarde, cuando se le construyó su nuevo templo en la misma colonia, fue finalmente colocado el patrono de los campesinos, del buen temporal.

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Hace más de un siglo, había una hacienda llamada Veleros, y a su alrededor estaba el caserío de 400 hombres y mujeres dedicados a las tierras y también a la elaboración de velas para toda Celaya y la región, y ya para entonces estaba edificado el templo y contaba con la imagen de San Isidro Labrador, de casi un metro de altura.

Algunas familias que dependían de la hacienda, eran originarias de la comunidad de San Cayetano, y hace alrededor de 90 años, el gobierno invitó a los vecinos de dicha comunidad, así como de Tenería del Santuario, a poblar y hacer rendir aquellas tierras de lo que era el norte de Celaya, todo baldío.

Entonces, vecinos de San Cayetano, Los Mendoza, Tenería del Santuario y otras comunidades de la zona decidieron migrar con familias enteras, y se formó el Ejido Muñiz, segregación de San Cayetano, en lo que hoy es la colonia San Antonio, y fueron 25 ejidatarios los fundadores.

“Mis abuelos trabajaban en la Hacienda Veleros, pero la oportunidad, y porque ya eran muchos los que vivían en San Cayetano, decidieron formar parte del Ejido Muñiz, que tenía 52 hectáreas de parcelas y abarcaba Valle Hermoso y Lindavista, 25 campesinos, les tocaron dos hectáreas a cada uno; pero también, en la colonia El Paraíso eran al principio 104 hectáreas, pero ahora sólo tenemos 4 hectáreas, están allá, por Pelavacas, pero ya todo está todo fincado y ambos ejidos, Muñiz y El Paraíso, han ido desapareciendo por la mancha urbana”, contó Atanasio Reyes Jiménez, encargado de la fiesta del templo de San Isidro Labrador, de la colonia San Antonio.

La dueña de la Hacienda Veleros, era también propietaria de la imagen del patrono del buen temporal, y la mujer, que vivía en el centro de la ciudad de Celaya y de la que ahora sólo se recuerda que se llamaba Concepción, era monja y descendiente de la familia Chaurand, antes de partir de este mundo decidió regalar las tierras al Seminario.


Atanasio Reyes Jiménez, encargado de la fiesta del templo de San Isidro Labrador, de la colonia San Antonio, contó la historia de un ejido, que se convirtió en rancho y finalmente en colonia, y también habló de la imagen que tiene más de cien años. | Foto: Alfonso Berber / El Sol del Bajío



Hace más de 70 años, al quedar sin cabeza la hacienda, mucha gente destruyó el templo por la avaricia de encontrar monedas de oro que se creía estaban entre sus muros o bajo el templo, y hasta el campanario derrumbaron; algunos sí encontraron oro y se fueron a vivir al centro de la ciudad, otros dedicaron toda su vida a escarbar y demoler piedras, pero nunca encontraron ni una sola moneda de plata y menos de oro.

“Ya dejaron sola la hacienda, y la imagen de nuestro patrono no fue reclamada por nadie. Está sola en lo que queda del templo. No vaya a ser que algún malora haga de las suyas. Se los digo a ustedes que son muy devotos, por si quieren ir por ella”, le dijeron a don Bartolo Jiménez, hace 76 años, y ahí, en un cuartito de su casa la tuvo por 20 años, pero la gente no la olvidaba y a cada rato le iban a rezar”, comentó Anastasio Reyes, aclarando que don Bartolo era su abuelo, tan devoto como sus hijos y nietos.

“Cuando estuvo en el cuarto de mi abuelo, se le hacía su misa, se le llevaba flores, velas y veladoras, como cuando tenía su templo que fue derrumbado por la avaricia”, dijo Anastasio mientras se talló los ojos para quitarse un poco de tristeza de la cara.

La parcela en donde ahora está el nuevo templo, el dueño se fue al norte y no más la reclamó, así que se aprovechó se eligió un terreno de puros mezquites, se limpió y poco a poco los vecinos del ejido Muñiz fuimos levantando el templo, y para el 2025 se cumplen 50 años de tener la imagen en el templo, en donde año con año se le hacía sus fiestas con música y comida que duraban hasta tres o cuatro días.

“Este año bajó a un día, por la crisis, por las sequías, pero aún así la gente sigue cooperando para que se le haga su fiesta”, dijo don Anastasio, uno de los hombres que se ha dedicado a levantar el templo, a cuidarlo, a tenerlo limpio, a que no hagan falta sus velas, su luz, su gente devota.

Comentó que cuando andaban queriendo hacer el templo, en ese tiempo en que todavía se le llamaba el ranchito Muñiz, llegó uno de esos hombres que se apropian de las tierras sin tener papeles, así el pleito llegó a las palabras nada amables y se dijo: “No señor, aquí no va venir hacer lo que se le antoje, porque en este terreno vamos a levantar el templo a nuestro patrono del temporal. Y si no quiere venirnos ayudar, pues ya sabe por dónde está el camino de regreso”, y el hombre amansó su enojo, se retiró y ya no más se supo de él.

Cabe señalar que hace 30 años se regularizó el ejido Muñiz y desde entonces se convirtió en colonia San Antonio, y muchos de sus pobladores originales, que venían de San Cayetano, Los Mendoza y Tenería del Santuario, son de origen otomí.

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