/ martes 18 de junio de 2024

Cinecrítica: Joicka

Amables cinéfilas-os: estamos entrando al período vacacional en algunos niveles educativos por lo que los jóvenes ya tendrán más tiempo para el mejor de los entretenimientos, que los acerque al arte y les permita conocer historias fascinantes o acercarse a vidas ejemplares, contrastar esas vivencias y aprender de ellas, pues, aunque sea de la ficción. la identificación que puede producirse puede ser muy valiosa.

Esto sucede cuando presenciamos la historia escrita y dirigida por el neozelandés James Napier Robertson, basada en la vida de la prima ballerina Joy Womack (Talia Ryder) de origen estadounidense, que logró ser la primera mujer de nacionalidad extranjera que llegara al famoso Ballet Bolshoi, compañía que exige a sus integrantes la más férrea disciplina y virtuosismo, aunado a la restricción de la nacionalidad, quien es guiada por su mentora, Tatiyana Volkova (Diane Kruger) en el mundo del ballet clásico que tiene también su lado oscuro.

Primeramente, hay que resaltar que las escenas de baile fueron perfectamente coreografiadas y con la asesoría de la propia Womack, para lograr una maravillosa sincronía que no demerite el esfuerzo de los intérpretes, que de por sí tenían una vara muy alta, luego de una película tan aclamada como El cisne negro (2011), que falla precisamente en un efecto especial, al mostrar un accidente de los que sufren las bailarinas, por lo que ahora tenemos un trabajo muy cuidado en ese sentido, además de la atención al arte de la danza clásica con el buen trabajo de dobles y bailarinas que apoyasen el trabajo de la protagonista, quien asimismo trabajó con la artista representada para lograr el mayor realismo y virtuosismo posibles. Asimismo, Diane Kruger casi irreconocible, da muestra de cómo ponerse en el personaje y eclipsarse.

El director muestra un gran oficio porque el cuidado de los detalles está muy presente y el resultado se nota en la pantalla, además de que las emociones se ponen a flor de piel cual si se tratara de traspasar la ficción.

La fotografía pasa por contrastes diversos apuntalando la narración, pero el vestuario, maquillaje y peinados no tienen desperdicio, se agradece el equilibrio que se logra en las escenas cumbre, donde podemos gozar de la elegancia, la belleza y la gran destreza, aunadas a la interpretación de la protagonista.

El trabajo de montaje maneja con agilidad el devenir de los acontecimientos, de modo que se va en un abrir y cerrar de ojos.

Los productores dejan constancia del arte que evoca la plasticidad del cuerpo humano que es forjado en el trabajo duro y disciplinado para elevarse sobre lo ordinario.

Comentario final: muy lograda.

Amables cinéfilas-os: estamos entrando al período vacacional en algunos niveles educativos por lo que los jóvenes ya tendrán más tiempo para el mejor de los entretenimientos, que los acerque al arte y les permita conocer historias fascinantes o acercarse a vidas ejemplares, contrastar esas vivencias y aprender de ellas, pues, aunque sea de la ficción. la identificación que puede producirse puede ser muy valiosa.

Esto sucede cuando presenciamos la historia escrita y dirigida por el neozelandés James Napier Robertson, basada en la vida de la prima ballerina Joy Womack (Talia Ryder) de origen estadounidense, que logró ser la primera mujer de nacionalidad extranjera que llegara al famoso Ballet Bolshoi, compañía que exige a sus integrantes la más férrea disciplina y virtuosismo, aunado a la restricción de la nacionalidad, quien es guiada por su mentora, Tatiyana Volkova (Diane Kruger) en el mundo del ballet clásico que tiene también su lado oscuro.

Primeramente, hay que resaltar que las escenas de baile fueron perfectamente coreografiadas y con la asesoría de la propia Womack, para lograr una maravillosa sincronía que no demerite el esfuerzo de los intérpretes, que de por sí tenían una vara muy alta, luego de una película tan aclamada como El cisne negro (2011), que falla precisamente en un efecto especial, al mostrar un accidente de los que sufren las bailarinas, por lo que ahora tenemos un trabajo muy cuidado en ese sentido, además de la atención al arte de la danza clásica con el buen trabajo de dobles y bailarinas que apoyasen el trabajo de la protagonista, quien asimismo trabajó con la artista representada para lograr el mayor realismo y virtuosismo posibles. Asimismo, Diane Kruger casi irreconocible, da muestra de cómo ponerse en el personaje y eclipsarse.

El director muestra un gran oficio porque el cuidado de los detalles está muy presente y el resultado se nota en la pantalla, además de que las emociones se ponen a flor de piel cual si se tratara de traspasar la ficción.

La fotografía pasa por contrastes diversos apuntalando la narración, pero el vestuario, maquillaje y peinados no tienen desperdicio, se agradece el equilibrio que se logra en las escenas cumbre, donde podemos gozar de la elegancia, la belleza y la gran destreza, aunadas a la interpretación de la protagonista.

El trabajo de montaje maneja con agilidad el devenir de los acontecimientos, de modo que se va en un abrir y cerrar de ojos.

Los productores dejan constancia del arte que evoca la plasticidad del cuerpo humano que es forjado en el trabajo duro y disciplinado para elevarse sobre lo ordinario.

Comentario final: muy lograda.

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