/ domingo 24 de diciembre de 2023

No hay “Noche buena” para los migrantes, pero la esperanza nace en el estado 33

Mientras Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador hablaban por teléfono sobre los esfuerzos que se requieren de manera urgente para controlar los flujos migratorios que asfixian a la frontera entre Estados Unidos y México, en Texas, el gobernador Greg Abbott, promulgó una ley que, literalmente, criminaliza a los migrantes que entren de manera indocumentada a su territorio. En medio de este panorama de incertidumbre diplomática y de leyes hostiles, la esperanza surge en el “estado 33”, como lo llama la precandidata a la Presidencia de la República, Xóchitl Gálvez Ruiz.

La semana pasada, en la conmemoración del Día Internacional del Migrante, Xóchitl nos acompañó en la presentación del libro México: La gran nación transnacional, texto en el que se realiza un diagnóstico de la realidad actual de los mexicanos, más allá de las fronteras y por lo que, la misma Xóchitl, considera que México es un país de 170 millones de personas, divididos por un río. Hablamos de contrastes muy marcados en torno a la migración en plena “Noche buena”. No obstante, la esperanza sigue viva…

Somos un país que vive y sufre los efectos de la migración en todas sus vertientes y su impacto lo resentimos de manera positiva y negativa todos los días. Estamos en plenas fiestas de fin de año y, por un lado, vemos que las caravanas migrantes provenientes de Centro y Sudamérica son cada vez más frecuentes y numerosas, lo que genera una movilización, sobre todo de los gobiernos estatales, para brindar apoyo humanitario. (La Organización Internacional para las Migraciones informó que tan sólo en noviembre de este 2023 se incrementó 60% la migración irregular que atraviesa el territorio mexicano.) Por otro lado, la época decembrina es un poderoso imán para los migrantes mexicanos que retornan a sus comunidades de origen para pasar las fiestas de fin de año junto a sus seres queridos. (De acuerdo con el programa federal “Héroes Paisanos”, se estima que durante el operativo invierno 2023 estarán llegando cerca de un millón de connacionales, quienes reactivarán poderosamente la economía al impulsar el consumo local).

Ahora bien, en esta época no podemos dejar de lado el aspecto cultural. Como lo he comentado en varias ocasiones, los migrantes llevan consigo los usos y costumbres con los que fueron criados en su tierra. Estas tradiciones cobran mayor vitalidad precisamente en fin de año por la nostalgia con la que los migrantes viven su día a día en Los Ángeles, Chicago, Phoenix o en la ciudad en la que se encuentren ganándose la vida. Sólo basta darse una vuelta a las coloridas posadas que organizan los líderes migrantes con sus respectivos clubes, en las que no pueden faltar las piñatas, las tostadas de tinga, el ponche, los aguinaldos y los villancicos que todos cantan con singular alegría, como si estuvieran en Puebla, Chiapas o Guanajuato y no a miles de kilómetros de distancia. Es su esencia con la que disfrutan estas fiestas de fin de año y que les cobra factura, al no estar cerca de sus familias, a quienes dejaron para buscar mejores condiciones de vida.

Como podemos ver, las contradicciones en torno a la migración son muy marcadas en esta Navidad. Mientras Joe Biden y López Obrador apenas cruzaron saludos en una llamada telefónica para acordar medidas “cosméticas”, como las definieron los especialistas; por su parte, Greg Abbott alimenta el odio con una de las leyes antiinmigrantes más duras de la Unión Americana. La ley de Texas otorga a las autoridades locales el poder de arrestar y ordenar a los migrantes que abandonen Estados Unidos, lo que implica una criminalización que puede resultar en la separación de familias, discriminación y perfilamientos raciales. No obstante a este panorama tan incierto, Xóchitl Gálvez nos dice en su prólogo del libro México: La gran nación transnacional que “es hora de construir un proyecto basado en el amor, en el entendimiento y en el bien común”. Porque somos un país maravilloso en todos los sentidos y, más aún, somos una gran nación transnacional por nuestra gente. Lo importante es dar vuelta a la página de la triste historia que actualmente vivimos con nuestros migrantes en nuestro país y en Estados Unidos. Por eso, y como lo dice la misma Xóchitl, la esperanza también llegó al “estado 33 mexicano”.

Nuestros paisanos son, indudablemente, parte de la gran nación transnacional mexicana y levantan la mano para hacer que su sudor diario se traduzca en el cambio histórico que provocaremos en México a partir del próximo dos de junio del 2024. En la cena de Navidad, estoy seguro que miles de paisanos mexicanos se reunieron para brindar por un mejor futuro, en el que, si así lo deciden, con su voto lograrán que la esperanza los acompañe no sólo en “Noche buena”, sino en toda la vida.

Amigo migrante, recuerda que puedes registrarte para votar desde el extranjero en www.votoextranjero.mx.


Coordinador Nacional de Acción Migrante del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional

Facebook @juanhernandez.org

Twitter @JuanHernadezS



Mientras Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador hablaban por teléfono sobre los esfuerzos que se requieren de manera urgente para controlar los flujos migratorios que asfixian a la frontera entre Estados Unidos y México, en Texas, el gobernador Greg Abbott, promulgó una ley que, literalmente, criminaliza a los migrantes que entren de manera indocumentada a su territorio. En medio de este panorama de incertidumbre diplomática y de leyes hostiles, la esperanza surge en el “estado 33”, como lo llama la precandidata a la Presidencia de la República, Xóchitl Gálvez Ruiz.

La semana pasada, en la conmemoración del Día Internacional del Migrante, Xóchitl nos acompañó en la presentación del libro México: La gran nación transnacional, texto en el que se realiza un diagnóstico de la realidad actual de los mexicanos, más allá de las fronteras y por lo que, la misma Xóchitl, considera que México es un país de 170 millones de personas, divididos por un río. Hablamos de contrastes muy marcados en torno a la migración en plena “Noche buena”. No obstante, la esperanza sigue viva…

Somos un país que vive y sufre los efectos de la migración en todas sus vertientes y su impacto lo resentimos de manera positiva y negativa todos los días. Estamos en plenas fiestas de fin de año y, por un lado, vemos que las caravanas migrantes provenientes de Centro y Sudamérica son cada vez más frecuentes y numerosas, lo que genera una movilización, sobre todo de los gobiernos estatales, para brindar apoyo humanitario. (La Organización Internacional para las Migraciones informó que tan sólo en noviembre de este 2023 se incrementó 60% la migración irregular que atraviesa el territorio mexicano.) Por otro lado, la época decembrina es un poderoso imán para los migrantes mexicanos que retornan a sus comunidades de origen para pasar las fiestas de fin de año junto a sus seres queridos. (De acuerdo con el programa federal “Héroes Paisanos”, se estima que durante el operativo invierno 2023 estarán llegando cerca de un millón de connacionales, quienes reactivarán poderosamente la economía al impulsar el consumo local).

Ahora bien, en esta época no podemos dejar de lado el aspecto cultural. Como lo he comentado en varias ocasiones, los migrantes llevan consigo los usos y costumbres con los que fueron criados en su tierra. Estas tradiciones cobran mayor vitalidad precisamente en fin de año por la nostalgia con la que los migrantes viven su día a día en Los Ángeles, Chicago, Phoenix o en la ciudad en la que se encuentren ganándose la vida. Sólo basta darse una vuelta a las coloridas posadas que organizan los líderes migrantes con sus respectivos clubes, en las que no pueden faltar las piñatas, las tostadas de tinga, el ponche, los aguinaldos y los villancicos que todos cantan con singular alegría, como si estuvieran en Puebla, Chiapas o Guanajuato y no a miles de kilómetros de distancia. Es su esencia con la que disfrutan estas fiestas de fin de año y que les cobra factura, al no estar cerca de sus familias, a quienes dejaron para buscar mejores condiciones de vida.

Como podemos ver, las contradicciones en torno a la migración son muy marcadas en esta Navidad. Mientras Joe Biden y López Obrador apenas cruzaron saludos en una llamada telefónica para acordar medidas “cosméticas”, como las definieron los especialistas; por su parte, Greg Abbott alimenta el odio con una de las leyes antiinmigrantes más duras de la Unión Americana. La ley de Texas otorga a las autoridades locales el poder de arrestar y ordenar a los migrantes que abandonen Estados Unidos, lo que implica una criminalización que puede resultar en la separación de familias, discriminación y perfilamientos raciales. No obstante a este panorama tan incierto, Xóchitl Gálvez nos dice en su prólogo del libro México: La gran nación transnacional que “es hora de construir un proyecto basado en el amor, en el entendimiento y en el bien común”. Porque somos un país maravilloso en todos los sentidos y, más aún, somos una gran nación transnacional por nuestra gente. Lo importante es dar vuelta a la página de la triste historia que actualmente vivimos con nuestros migrantes en nuestro país y en Estados Unidos. Por eso, y como lo dice la misma Xóchitl, la esperanza también llegó al “estado 33 mexicano”.

Nuestros paisanos son, indudablemente, parte de la gran nación transnacional mexicana y levantan la mano para hacer que su sudor diario se traduzca en el cambio histórico que provocaremos en México a partir del próximo dos de junio del 2024. En la cena de Navidad, estoy seguro que miles de paisanos mexicanos se reunieron para brindar por un mejor futuro, en el que, si así lo deciden, con su voto lograrán que la esperanza los acompañe no sólo en “Noche buena”, sino en toda la vida.

Amigo migrante, recuerda que puedes registrarte para votar desde el extranjero en www.votoextranjero.mx.


Coordinador Nacional de Acción Migrante del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional

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