/ miércoles 15 de mayo de 2024

El Calor

“Cuando hace demasiado calor, se quejan, demasiado frío, se quejan, y cuando está bien, están viendo televisión”. Rita Rudner.

Los rayos del sol caen perpendiculares sobre las tierras del Bajío mexicano. Calor y radiación solar urente, abrazador. Rayos del astro rey que hieren a la sedienta tierra teñida de ocre mientras el viento le arrebata partículas produciendo polvareda. Tierra agrícola, hoy fructífera que, si no se toman medidas, con los años ensanchará los páramos que un tiempo fueron tierra fértil. El impávido azul que la atmósfera le da a la bóveda terrestre invernal y de la ardiente primavera de estas latitudes, parece que, desde lo alto, el éter inmóvil contempla las franjas de cristales de hielo que estructuran los cirros, nubes finas en forma de delgadas bandas muy por arriba de las formaciones caprichosas de celajes, nublados de poca altitud, cúmulos de vapor de agua de caprichosas formas que asemejan bolas ascendentes de algodón que se niegan a soltar el líquido vital que calma la sed de la tierra y vegetales de esta región abajeña.

Las primeras ideas sobre el calor se remontan al siglo V antes de Cristo partiendo del principio que nada existiría si no fuera por la energía del sol. Fue Heráclito, quien primero sostuvo que el fuego era el origen de la materia. Idea coincidente con el génesis que fue lo inicial que Yahveh creó. “…y dijo Dios: sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche” textos análogos con la ciencia, sin sol no es concebible la vida. Rastreando los orígenes del concepto, los primeros homínidos seguramente especularon sobre el fuego, su constitución y significado. No satisfechos los investigadores, siguen empeñados en ampliar el conocimiento de su naturaleza, lo que hace subrayar este hecho y el invento de la primitiva e indispensable máquina, la rueda que mueve al mundo. Gestas e instrumento que dieron arranque al progreso vigente hasta nuestros días y que será ad infinitum.

Si el calor, el aire y el agua son los pilares en que se sostiene la vida del planeta, el desequilibrio entre esos elementos es la piedra en el zapato de ambientalistas y los amantes de la ciencia. Como en cualquier alteración de la salud, de las finanzas, de las conductas, de una máquina o mecanismo, etc. el proceso ideal para corregirlo se inicia en indagar el origen de la avería o alteración, para, de ser posible, revertirlo a su forma y función original. Empero, hay situaciones que hacen imposible restaurar o reponer lo dañado o perdido, sirva mencionar especies extinguidas de animales. En lo referente al cambio climático, entre otras cosas causado por la explosión demográfica (paternidad irresponsable) y por la necesidad insana de destruir para vivir, la destrucción de pastos, malezas y árboles para sustituirlo por ladrillos y cemento son el reto de revertir la amenaza de hoy y del futuro inminente.

Problema de calor y sequía por falta de lluvia en buena parte de nuestro agobiado país de bosques destruidos sin un programa congruente de reposición escalonada de las especies arbóreas taladas. Incendios, que, si bien siempre los ha habido, la mayoría de los de ahora han sido provocados voluntaria o involuntariamente por la insensatez humana.

Para terminar. Una plegaria anónima de los gorditos. “Dios permita que este calor derrita la grasa que hay en mi cuerpo”.

flokay33@gmail.com

“Cuando hace demasiado calor, se quejan, demasiado frío, se quejan, y cuando está bien, están viendo televisión”. Rita Rudner.

Los rayos del sol caen perpendiculares sobre las tierras del Bajío mexicano. Calor y radiación solar urente, abrazador. Rayos del astro rey que hieren a la sedienta tierra teñida de ocre mientras el viento le arrebata partículas produciendo polvareda. Tierra agrícola, hoy fructífera que, si no se toman medidas, con los años ensanchará los páramos que un tiempo fueron tierra fértil. El impávido azul que la atmósfera le da a la bóveda terrestre invernal y de la ardiente primavera de estas latitudes, parece que, desde lo alto, el éter inmóvil contempla las franjas de cristales de hielo que estructuran los cirros, nubes finas en forma de delgadas bandas muy por arriba de las formaciones caprichosas de celajes, nublados de poca altitud, cúmulos de vapor de agua de caprichosas formas que asemejan bolas ascendentes de algodón que se niegan a soltar el líquido vital que calma la sed de la tierra y vegetales de esta región abajeña.

Las primeras ideas sobre el calor se remontan al siglo V antes de Cristo partiendo del principio que nada existiría si no fuera por la energía del sol. Fue Heráclito, quien primero sostuvo que el fuego era el origen de la materia. Idea coincidente con el génesis que fue lo inicial que Yahveh creó. “…y dijo Dios: sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche” textos análogos con la ciencia, sin sol no es concebible la vida. Rastreando los orígenes del concepto, los primeros homínidos seguramente especularon sobre el fuego, su constitución y significado. No satisfechos los investigadores, siguen empeñados en ampliar el conocimiento de su naturaleza, lo que hace subrayar este hecho y el invento de la primitiva e indispensable máquina, la rueda que mueve al mundo. Gestas e instrumento que dieron arranque al progreso vigente hasta nuestros días y que será ad infinitum.

Si el calor, el aire y el agua son los pilares en que se sostiene la vida del planeta, el desequilibrio entre esos elementos es la piedra en el zapato de ambientalistas y los amantes de la ciencia. Como en cualquier alteración de la salud, de las finanzas, de las conductas, de una máquina o mecanismo, etc. el proceso ideal para corregirlo se inicia en indagar el origen de la avería o alteración, para, de ser posible, revertirlo a su forma y función original. Empero, hay situaciones que hacen imposible restaurar o reponer lo dañado o perdido, sirva mencionar especies extinguidas de animales. En lo referente al cambio climático, entre otras cosas causado por la explosión demográfica (paternidad irresponsable) y por la necesidad insana de destruir para vivir, la destrucción de pastos, malezas y árboles para sustituirlo por ladrillos y cemento son el reto de revertir la amenaza de hoy y del futuro inminente.

Problema de calor y sequía por falta de lluvia en buena parte de nuestro agobiado país de bosques destruidos sin un programa congruente de reposición escalonada de las especies arbóreas taladas. Incendios, que, si bien siempre los ha habido, la mayoría de los de ahora han sido provocados voluntaria o involuntariamente por la insensatez humana.

Para terminar. Una plegaria anónima de los gorditos. “Dios permita que este calor derrita la grasa que hay en mi cuerpo”.

flokay33@gmail.com